En 1969 en el marco del histórico -y hasta ese momento sin precedentes- festival de Woodstock en Bethel, Estado de Nueva York, se presenta un artista latino de origen mexicano llamado Carlos Santana junto a su banda reconocida popularmente como Santana a secas. La presentación es poderosa, ambiciosa, irradia luz e interpela los sentidos de los Cerca de 400 mil seres humanos que estaban allí presentes. La performance de Santana con su canción “Soul sacrifice” no sólo fue un momento icónico del evento en cuestión, fue un hito para un género aún inexistente sin vías de proyección en el universo musical, adquiriendo una visibilidad a partir de una legitimación de la fusión.

En 1986, mientras el rock uruguayo vivía una explosión creativa en plena salida de la dictadura, Los Estómagos editaban su segundo álbum: La Ley Es Otra. Cuatro décadas después, el disco sigue siendo una obra fundamental para entender el sonido, la actitud y la identidad del rock nacional de los años ’80.

El ska es uno de los géneros musicales más influyentes desde su surgimiento en los barrios de Kingston (Jamaica) a finales de los años ’50. El país estaba en plena transición política hacia la independencia del Reino Unido en 1962, y la música reflejaba el optimismo y los desafíos de esta nueva era. Los músicos jamaicanos comenzaron a mezclar el jazz, el r&b y el mento, un estilo folclórico local, para crear un sonido único que sería conocido como ska.

Sábado de noche en Santa Lucía. Un viejo galpón de AFE, un escenario armado sobre el suelo, tres músicos y un público atravesado por una mezcla de expectativa y alegría contenida. No hay presentación formal ni frases de ocasión. Apenas alguna arenga perdida entre la gente. Tres golpes de palillo anuncian el comienzo y el pasado vuelve a encenderse, eléctrico, aquí y ahora. Pero no se trata de nostalgia. Lo que ocurre ahí es otra cosa. Es presente.

Éramos demonios sin alas, ángeles con cuernos rotos
venas llenas de fuego
y corazones ardiendo en Napalm
Éramos profetas del asfalto y la luna nuestra catedral
Nos sentábamos en mesas puestas de veneno y copas llenas de vino bendito
que regaba las gargantas
y atraía el mal