Un viernes como tantos otros, me encontraba escuchando Meridiano Juvenil, por CX 26 SODRE. Hacía menos de dos años que había descubierto por accidente (estaba en cama con gripe), este programa que pasaba esta música tan diferente que había dado un sentido a mi vida. No dejaba de ser una invitación a la soledad, pues ninguno de mis compañeros de Liceo (35 varones y 4 mujeres) tenían ni la más mínima idea acerca de esta música. Ellos sabían de Bee Gees y Saturday Night Fever.

Llueve,
vomita, escupe el cielo indómito
su furia en forma de agua.
Llueve.
Y patinan sobre el tejado, en carrera mortal,
gotas, precipitándose hacia el pavimento.
Majestuosas, gordas, suicidas.
Revientan, se transforman en flores por un segundo.

En los últimos días, a cuarenta años de la “no edición” del simple perdido de Los Estómagos, ha circulado información falsa sobre el mismo, que incluso hizo dudar a los mismísimos autores de la obra. Con este artículo pretendo, humildemente, despejar las interrogantes planteadas al respecto.

Gracias a la invitación que hace el Colectivo La Cuna, heredero de aquel colectivo Extremo, soy invitado a participar del Pando Patrimonio Rock en calidad de jurado, junto a Mónica Navarro (ex cantante de La Tabaré) y Marcelo Lasso, ex baterista de Estómagos y Buitres.