
En mi etapa escolar, ir al Zoológico era, año tras año, un paseo habitual, pero entrar al Planetario tenía algo diferente, especial. Sentarse allí, levantar la mirada y descubrir planetas, estrellas, constelaciones, un universo que parecía inabarcable.
Pasaron muchos años desde aquellas visitas… muchísimos. Quién me iba a decir que, algunas décadas después (no importa cuántas, je je), volvería a sentarme en ese mismo lugar para descubrir otro universo; esta vez, de la mano de una banda de rock.
Buitres eligió el Planetario de Montevideo para presentar Nido De Espinas de una forma bastante particular: una serie de escuchas inmersivas en las que música e imágenes envuelven al espectador y lo “obligan” a detenerse durante un rato y simplemente prestar atención… y disfrutar.
No voy a contar lo que sucede ahí adentro. Ya lo dije después de vivirlo: no sería justo. Cada uno debe entrar y encontrarse con sus propias sensaciones. Pero detrás de esa experiencia hay una idea. Y quizás sea allí donde Nido De Espinas empiece a mostrar que su propuesta va bastante más allá de una presentación diferente para un disco nuevo (y excelente, por cierto).
En tiempos en los que buena parte de la música parece concebida para estar disponible inmediatamente, saltar de canción en canción y competir permanentemente por nuestra atención, Buitres decidió recorrer otro camino.
Nido De Espinas apareció en vinilo, CD y casete. No fue subido a las plataformas digitales tradicionales y la banda decidió acompañar su llegada con una experiencia que propone algo que alguna vez fue absolutamente cotidiano: sentarse a escuchar un disco de principio a fin.

Gonzalo: Esta experiencia “obliga” a escuchar y mirar prácticamente sin distracciones, y lo relaciono con la decisión de editar Nido De Espinas en formato físico y no subirlo a las plataformas… ¿Puede haber una intención de recuperar la vieja costumbre de sentarse a escuchar un disco, de prestarle atención a la música?
Gabriel Peluffo: Los tiempos que vivimos no son amables con prestar atención a un disco nuevo, escucharlo entero y darle un espacio aceptable de posibilidades para que te seduzca. Optar por el formato físico (y la plataforma para bajar el disco entero pago en calidad master) ralentiza la secuencia cotidiana. A través de las escuchas, nos juntamos, compartimos una experiencia con amigos desconocidos en torno a la banda que te gusta. Retoma el ritual tradicional de la edición de formatos físicos.
Curiosa paradoja: para recuperar una manera casi antigua de relacionarnos con la música, Buitres recurrió a una tecnología absolutamente contemporánea. Sonido, imágenes y el propio espacio del Planetario terminan formando parte de una misma obra. Y para entender cómo nació la idea, inevitablemente había que preguntárselo a quien estuvo detrás de ella.
Gonzalo: ¿Cómo surge la idea de esta propuesta?
Gabriel Peluffo: Consideramos las escuchas inmersivas como vehículo para focalizar la salida del disco. Componer, hacer obra, es esencial en la vida de la banda. Consideramos inevitable tomar el control del proceso de dar a conocer la obra y no someterse a la deriva de los tiempos que corren.
https://youtube.com/shorts/OMbwijmPOWs
Pero imaginar una experiencia es solamente el comienzo. Después hay que construirla. ¿Cómo se transforma un disco en imágenes? ¿Cómo se trabaja con un espacio como el Planetario? ¿Cómo se decide hacia dónde dirigir la atención cuando el espectador tiene estímulos visuales y sonoros prácticamente a su alrededor?
Para hacerlo, Buitres contó con el trabajo de la productora Enano Maldito.
Gonzalo: ¿Cómo fue el desafío de transformar una idea musical en una experiencia donde sonido e imagen debían funcionar como una sola cosa?
Pablo Marcovecchio: Hacer videoclips, lo visual sobre la obra musical, es algo que nos gusta mucho hacer en Enano Maldito. Crear sobre los ocho temas de Nido De Espinas fue un hermoso desafío. Desde la primera reunión con la banda, con Gabriel, nos alineamos en crear algo más que visuales simplemente; queríamos crear videos / animaciones que acompañaran cada tema sin competir y exagerar en lo visual. Con el equipo escuchamos cada tema y lo bajamos a breves historias o emociones que nos surgían. Fue así que creamos en lo narrativo breves storytellings a nivel visual y técnico para acompañar cada tema. Creemos que logramos algo que acompaña lo musical y ensancha su sentir audiovisual.
Gonzalo: ¿El lugar condicionó el proyecto o, por el contrario, terminó convirtiéndose en una herramienta creativa más?
Pablo Marcovecchio: Ya veníamos trabajando en experiencias inmersivas fulldome, 360 o VR. Recientemente habíamos estrenado una experiencia inmersiva fulldome sobre la obra de Eduardo Darnauchans (Darnauchans Bajo La Noche) y con ese contenido aprendimos y vimos el potencial que da lo inmersivo-visual. El Planetario te envuelve a nivel visual y sonoro; tenerlo como soporte o herramienta narrativa expande las posibilidades del propio contenido, de cómo contar las historias.
Gonzalo: ¿Cómo se decide hacia dónde dirigir la atención del espectador cuando tiene imagen y sonido rodeándolo prácticamente por completo?
Pablo Marcovecchio: Estas salas actuales tienen cierta frontalidad, las butacas están alineadas hacia un punto principal de atención, pero no nos cerramos sólo a ese punto. El sonido 5.1 y el resto de la bóveda son también un área a usar, expandir y mostrar. El contenido lo pensamos para el Planetario de Montevideo, pero también teniendo en cuenta otros soportes con lentes VR, o plataformas que permiten incrustar videos 360 como YouTube / Vimeo. La experiencia tiene que sentirse envolvente en todos los aspectos.
Gonzalo: ¿Hubo alguna idea que en la mente parecía funcionar y que, al probarla dentro del Planetario, tuvieron que cambiar completamente?
Pablo Marcovecchio: En este caso de Nido De Espinas ya corríamos con la ventaja de haber experimentado en Darnauchans Bajo La Noche. Aprendimos mucho de tamaños, efectos, animaciones y recursos que rinden más o menos o impactan más o menos. También todo lo que vamos a ver y probar en el Planetario previamente lo chequeamos con el equipo en lentes VR, que nos ayudan mucho a avanzar para luego verificar o probar en el Planetario. No descartamos ninguna idea; justamente para éste sumamos otras técnicas que no habíamos probado anteriormente, como filmar con un drone.

Pero la experiencia tampoco será la misma para todos. Algunos llegamos al Planetario sin haber escuchado previamente el disco; otros entrarán con Nido De Espinas ya incorporado.
Gonzalo: ¿Qué sensaciones te quedaron después de haberlo vivido y ver las reacciones de la gente? ¿Colmó tus expectativas?
Gabriel Peluffo: Es dinámico, las primeras tandas van a pasar sin escuchar nada previamente (salen un poco shockeados, como tratando de bajar a tierra la experiencia). Van a escuchar el disco y las imágenes serán evocaciones vagas. Los siguientes vendrán con el disco masticado, las imágenes entrarán en conflicto con sus propias evocaciones, pero al no estar disponibles permanentemente, también se irán diluyendo rápidamente. No tengo claro si tengo expectativas que vayan más allá de ver qué le pasa a la gente con el disco.
Habrán pasado varias décadas, habrá cambiado el motivo de la visita y hasta habrá cambiado quien ocupaba aquella butaca, pero el Planetario siguió haciendo lo mismo: mostrarme un universo que todavía no conocía. Esta vez, llamado Nido De Espinas.
Fines de semana de agosto y setiembre, ya con localidades agotadas, para vivir una experiencia diferente junto a Buitres… mientras tanto, “el cielo puede esperar”.
Gonzalo Pedraja

Fotos Leo Barizzoni (@leobarizzoni)
Foto “Planetario antiguo”: archivo de internet
