21 de abril de 1988

Cuatro al hilo y sin stress…

Uno generalmente trata de actuar en la vida según su raciocinio, las reglas de la razón y en base a hechos de la realidad y elementos fácticos comprobables. Pero siempre nos anda ando vueltas la cabeza la frase acerca de que “La vida tiene dos destinos y uno sólo depende de ti…” ¿Entonces? ¿Quién demonios anda rondando por ahí queriendo regir nuestros destinos? ¿Será Luis, Azucena, ese cirujano con tic nervioso o aquel urólogo de dedos prominentes?

Sea quien sea el que anda por ahí guiando a estos impávidos y distraídos transeúntes, queremos agradecerle, dado que dos por tres algunas buenas gestiones se manda. Y es sobre una de esas “gestiones” del más allá con la cual marcaron los destinos de algunos cientos de miles de rockeros de este planeta al lograr cuajar que el 21 de abril de 1998 fuese una jornada especial.

Aquel 21 de abril de 1998 por el cual hoy conmemoramos 22 años, está marcado principalmente por el lanzamiento de una serie de discos que, convengamos, no son un mojón en la historia del rock o el metal, pero sí calaron hondo en el espíritu de muchos. Y ya con eso se ha hecho la buena acción del día.

En primer lugar, y no por ello marco una preferencia, mencionaré a la banda recientemente formada por aquellos años llamada Soulfly. Es una banda estadounidense de groove metal originaria de Phoenix, Arizona creada por Max Cavalera en el año 1997 después de que abandonase su banda de origen, Sepultura, por diferencias personales y musicales. El grupo sigue en pie aunque Max es el único miembro estable de la banda, la cual tuvo muchos integrantes dentro de los cuales se pueden mencionar al guitarrista Logan Mader, ex Machine Head, y a David Ellefson bajista de Megadeth.

Luego de tener que abandonar Sepultura, Max Cavalera, quien como músico veía en esta faceta artística su salida o escape a los problemas derivados de una infancia difícil, más la salida tortuosa de Sepultura donde se mezclaban problemas derivados de la música pero también personales, ya que muchos de ellos involucraban a su hermano Iggor, a su mujer y manager de la banda Gloria y a su colega guitarrista del grupo, Andreas Kisser, se encaminó en generar algún nuevo proyecto.

Y tanta energía le puso en crear otros proyectos que no sólo luego de su salida de lo que fue su proyecto original brasileño logró hacerlo, sino que también y durante lo que fueron sus últimos años en Sepultura, Max ya veía bastante tirante la situación y por ejemplo en el año 1994 formó junto con su hermano Iggor la banda Nailbomb. Esta empresa, conformada también por Dino Cazares (guitarrista de Fear Factory) duró tan solo un año, en el cual además grabaron su único disco de estudio, denominado Point Blank, el cual nos mostraba un estilo thrash e industrial metal.

Tuvo un poco de mejor suerte con su otro proyecto denominado Cavalera Conspiracy, grupo que conformó luego de la reconciliación con su hermano Iggor tras 10 años de separación de Sepultura y sin hablarse con su familiar. Esta banda nació en el año 2007 en los Estados Unidos y tiene un estilo groove metal, aún sigue vigente y rondando por este mundo.

Pero volviendo a la banda de esta ocasión, Soulfly, y con apenas un año de formada, editan su primer LP homónimo el día 21/04/98. El disco es una clara recopilación de lo que por aquellos años Max deseaba tocar, lo que se resumía en una mezcla de sus orígenes latinos con las vibraciones de origen anglosajón que había estado escuchando y practicando por esos años que se mudó a EEUU. Entraban en la categoría de nu metal, un estilo renovador dentro del metal de aquella complicada década de los ’90 debido a la irrupción, a comienzos de la misma, de ese mediocre estilo musical, si así se lo puede denominar, como fue el grunge. Fue entonces que bandas como Korn, Deftones, Slipknot, Pantera, Limp Bizkit, RATM, Helmet, Machine Head, entre otras, tuvieron que luchar contra viento, marea, radios que sólo pasaban grunge, productores y sellos discográficos “embelesados” al mejor estilo espectador en desfile de Miss Reef con esos impúberes de remeras rasgadas haciendo música, para mantener viva la llama del metal y no dejarse menospreciar por unos zanguangos onanistas.

Por suerte para el metal, el Sr. Max Cavalera estaba con todas sus luces al máximo y así pudo concentrase en su nuevo proyecto y para la edición de su primer LP. Soulfly arremetió con todo su estado de ánimo, bronca y amplitud mental y musical para fusionar ambas culturas y resumirlo en quince tracks de poco más de una hora de música.

Las bases rítmicas y percusión tomaron un papel preponderante, pero sin lugar a dudas el sello distintivo de Max son los fuertes riffs y guitarras distorsionadas para logar un efecto potente, sumado obviamente a su estilo particular e inconfundible de cantar, todo lo cual mantenía intacto. Así entonces, para comenzar con el incipiente estilo nu de aquellos años, Max contó con colaboradores de primer nivel como fueron Chino Moreno (Deftones), Burton C Bell y Dino Cazares (Fear Factory) y Fred Durst (Limp Bizkit), todo lo cual allanó el camino para que el recorrido que comenzaba a transitarse no fuese tan sinuoso.

El disco arranca con la potencia necesaria como para depilarte cualquier vello corporal que esté cerca de tus oídos… Ya desde el segundo 0:12 de la canción que abre el disco, “Eye for an eye”, Max y sus socios dejan en claro cuál será el hilo conductor de la placa: la fortaleza. En primer lugar, el grupo ya está sentando las bases de las palcas que vendrían en años posteriores, dejando en claro por dónde irán estos muchachos.

Al igual de lo que sucede con este primer track, la segunda canción “No hope = No fear” ofrece un muy rítmico, básico y pegadizo riff donde Max nos muestra que su obra anterior (Roots, con Sepultura) fue tan solo el comienzo de todo de lo que tenía para ofrecernos. Esta última afirmación puede ser temeraria para muchos fanáticos y ultras de Sepultura, quienes en principio no le perdonan no sólo el abandonar el grupo, sino y como más grave, el hecho que justamente eligiese el camino del nu o el groove metal para sus posteriores placas, cuando muchos anquilosados en los finales de la década de los ’80 esperaban que Sepultura, o en su defecto Max, volviese a las sendas del Arise, pero no que se continuase con el Roots… Y bue… la vida es un conjunto de decisiones y siempre alguien es el encargado de tomarlas.

Otra bonita canción es “First Commandment”, donde se conjugan en muy buena forma la actuación del Chino con la de Max, dado que ambos tienen la misma cantidad de tiempo para brillar en esta pista, obteniéndose un tema redondito.

Bleed, para mi modesto gusto y entendimiento, es un clarísimo resumen de que es lo que puede obtenerse con este mejunje de músicos. Un estrepitoso bajo acompasa a la batería en un ritmo que te invita a saltar de tu cómodo chaise longue, cancelar tu estúpida cuenta de Netflix y ponerte a peludear hasta que el mareo te haga dudar de tu sexualidad (yo generalmente paro antes… por mi salud física, digo). Es un tema que obviamente le iba a dar una central participación a Fred Durst, dado que encaja enterito en el estilo de su banda de origen, los Limp Bizkit.

Asimismo, como existen en el disco temas puramente de metal, también entra a participar mucha de la influencia de la cultura brasileña, con toques de funk y hasta de bossa nova. Las canciones con sonidos tribales, experimentales y de fuerte influencia brasileña o hasta africana, son muy jugosas y variadas en este disco. Por ejemplo, “Tribe” y “Quilombo” son canciones que refieren al líder brasileño Zumbi, quien fue un líder guerrero de los esclavos negros del nordeste de Brasil, famoso por haber sido el último de los líderes del Quilombo dos Palmares. Justamente el otro tema hace referencia a esta zona del Brasil, por entonces interior de Bahía, lo que describe aquella comunidad autosustentable formada por esclavos negros que habían escapado de las fazendas brasileñas.

También el tema “Umbabarauma” es una canción de Jorge Ben Jor de su álbum de 1976, África-Brasil, y trata sobre un delantero de soccer africano, la “Punta de Lanza Africana (Umbabarauma)” siendo descrita como una de las mejores canciones sobre deportes jamás escrita.

En definitiva, el disco es una gran obra de nu metal muy original para los escuchas de aquellos momentos tan particulares de la historia, y luego de haber pasado unos largos 22 años de andar husmeando por los recónditos recovecos del metal, algunos ya hemos podido escuchar bastante más de este estilo y también de estos músicos.

Cannibal Corpse es una banda estadounidense de death metal formada en Búfalo, Nueva York, en 1988 por el vocalista Chris Barnes, el bajista Alex Webster, los guitarristas Jack Owen y Bob Rusay y el baterista Paul Mazurkiewicz. La banda es considerada como una de las más populares y de mayor trayectoria en su estilo, continuando por estos años en plena vigencia girando por todo el mundo.

En 1994, Chris Barnes es despedido del grupo por diferencias musicales, la banda ya no estaba satisfecha por su rendimiento vocal, entre otros problemas creativos (actualmente es el cantante de Six Feet Under) siendo reemplazado por George Fisher quien era vocalista de Monstrosity. El de la reseña de hoy no es el primer disco con Fischer, sino que su debut fue con el álbum “Vile” del año 1996, un disco de once canciones y unos pocos 37 minutos de duración pero que hicieron que la banda lograse por primera vez figurar en las listas Billboard. Ya con Fischer al frente la banda comienzan a transitar un estilo más brutal death o grindcore si se quiere, abandonando el death clásico de sus primeras épocas.

El disco Gallery of Suicide fue editado con la nueva conformación de Cannibal el día 21/4/98, y es un avance en el estilo musical que la banda comenzaba por aquellos días a pregonar. Es un ejemplo de música brutal en sus sonidos así como en la vociferación que nos ofrece Fischer. Se logró un sonido brutal y estruendoso, con una actividad del dúo de guitarras cargada de distorsión y afinadas en SI bemol, logrando así un sonido pesado.

Para esta placa la banda avanza más hacia ese sonido tan anhelado de brutalidad adhiriéndole una serie de innovaciones y técnicas musicales, sobre todo en las guitarras, como ser el uso del vibrato, golpeteo en el diapasón y riffs silenciados en la palma con trémolo, entre otras, todo lo cual les permitió alcanzar ese sonido más engrosado y denso. Que quede claro que no sólo es un avance en la técnica musical, lo cual ya de por sí es bastante comparándola con otras bandas; lo que sucedió con este disco para Cannibal es que fue el primer mojón hacia un trabajo más entrando en el estilo brutal death o grindcore.

La placa nos ofrece un sonido grueso y pesado para la mayoría de las canciones, pero no te descuides ni te confíes, ya que hay varios cortes e interpretaciones que bajan el tempo musical que te dejan atónito. Es una mezcla de intensidad, nítidos riffs, voces agresivas que arrojan letras violentas y duras, con un agregado de la batería endemoniada que encaja justo en la idea del disco. Tiene, en resumen, una muy buena producción, ya que puedes aquí escuchar todo lo que Cannibal tiene para ofrecerte, no sólo la brutalidad de la voz de Fischer, sino que puedes diferenciar la guitarra líder de la rítmica, así como seguir la base del bajo con su distorsión al mango.

Con la producción en esta oportunidad de Jim Morris, Cannibal Corpse obtiene un sonido bastante bueno, aunque no pueda notarse una gran diferencia con su antecesor productor, Scott Burns. Pero lo que sí logró es que el álbum fuese enteramente escuchable de punta a punta y no tuviese uno o dos temas que resalten dentro de una ensalada de canciones. Son 14 canciones bien definidas, innovando en una enteramente instrumental. La lírica de la banda continúa por el mismo sendero ya definido al tratar temas como la violencia, la muerte, la brutalidad, los asesinatos, el desmembramiento de cuerpos, etc. Nada que no veamos en los noticieros de televisión en horario central.

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El disco comienza con “I will kill you” poniendo los puntos sobre las íes, sin vueltas, sin “haches” para decir hello!!! Una entrada demoledora, dura y directa ya desde los primeros segundos del track, con una base rítmica que te arroya como papel sanitario luego de su uso. “Disposal of the body” es una canción hiper veloz, con un riff descomunal que desde su comienzo no deja de martillar tu cabeza hasta casi los dos minutos de duración del tema.

“Sentence to burn” ya es un tema que baja las revoluciones, pero no decae en su ambientación gore de trasfondo. Uno de los pocos singles del disco que promocionaron con un video clip oficial. “Blood drenched execution” retoma la hiper velocidad de las guitarras y de la batería, y es donde podemos escuchar todo el bagaje vocal de Fisher poniendo en práctica sus más variadas voces guturales; además de otro de los puntos extraños de esta placa, como es una parte donde ,y aunque usted no lo crea, aparece un piano sonando desafinado y fuera de tono, que por unos instantes acompaña a las guitarras, lo cual le da ese “touch” de originalidad para el álbum.

El quinto tema es el que da nombre al disco, y comienza con tempo lento en general, aunque con el paso de los segundos levanta en velocidad y termina siendo muy rápido. Posee en un comienzo una ambientación sórdida para, en forma clara, poder describir la grotesca ilustración que sirve de portada del LP y donde pueden verse unas personas que están adentrándose en lo que será su ruta hacia el suicidio dentro de una lúgubre galería dedicada a tal fin.

Continúa el disco con “Dismembered and molested”, la cual destruye la sensibilidad del oyente con su despiadada y exacerbada misoginia, mientras que en el siguiente tema nos encontramos ante un instrumental, “From skin to liquid”, lo cual es novedoso en la banda siendo un tema que nos ofrece una atmósfera oscura derivada directamente de unas guitarras en perfecta armonía o conjunción con excelente ejecución. Es un oasis de oscuridad y ambiente lúgubre dentro del resto de las canciones, que son pura batalla campal por el desmembramiento más atroz de la carne y piel humana al enfrentarse a un suicidio.

Retoma el disco su cauce natural con “Unite the dead”, donde la banda retoma uno de sus temas preferidos para escribir canciones, que es acerca de esa cuasi especie humana mitad con vida y mitad muertos que deambulan por las calles de la ciudad en la noche en la búsqueda de seres pensantes. Me estoy refiriendo a los “zombies”, siendo una devoción que demuestra el amor que Alex Webster y compañía tienen por los clásicos del cine de horror, y sobre todo los de clase B.

“Stabbed in the throat” es una de las primeras composiciones del nuevo integrante de la banda, Pat O’Brien, quien vino a sustituir al guitarrista Rob Barrett, quien decidió abandonar la banda debido a diferencias sobre la dirección que estaba el grupo liderado por Alex Webster y Paul Mazurkiewicz. “Chambers of blood” continúa por la senda de la carnicería pura, la cual no se detiene con el siguiente tema que es “Headless”, el que es todo un decálogo para la buena ejecución de una decapitación marcada por un dueto de guitarras de Owen y O’Brien, los cuales introducen sobre el final del tema un riff magistral.

En “Every bone broken” resaltan las manos de O’Brien, quien ejecuta uno de los mejores solos de guitarra de toda la placa, para continuar con “Centuries of tormen”, la cual nos ofrece unos cambios de ritmo atroces y espeluznantes, para que finalmente el disco se cierre con la estrepitosa melodía de “Crushing the despised”, la cual a su vez cuenta con uno de los breves e inconfundibles solos de bajo de Alex Webster como protagonista.

En conclusión, no será éste el disco por el cual te desvelarás una noche desesperado por escucharlo así como saltas del catre en búsqueda de un antiácido luego de devorarte una media res asada. Pero no por ello la placa se merece el peor de los ostracismos, por lo que mi moraleja es: “ni pelado ni con dos pelucas”. No sé si se entendió el mensaje, pero lo que sí te digo, es que lo escuches.

“Donde comen dos comen tres”, dicen. Así entonces hay lugar en esta jornada que estamos rememorando del 21 de abril de 1998 para la edición de otro disco que marcaría un pasito más en el avance de su carrera para la banda dueña de la obra.

Obituary es una banda de death metal fundada por los hermanos John y Donald Tardy en 1984 bajo el nombre Executioner, en Tampa, Florida, USA. Al parecer existía en la ciudad de Boston un grupo con este mismo nombre, por lo cual decidieron cambiarlo por “Xecutioner”. Así entonces el grupo sacó su primer demo, gracias al cual firmaron contrato con el sello discográfico Roadrunner Records. Sería luego en 1988 que definitivamente cambiarían su nombre por Obituary.

Algo extraño sucedió con esta banda. Surgió en pleno auge del estilo death, en el país y más específicamente en una región de los Estados Unidos, como es el Estado de La Florida, donde proliferaron cientos de bandas del mismo tenor (Death, Deicide, Cannibal Corpse, Morbid Angel, Monstrosity, Nocturnus, Brutality, etc., etc.). Pero Obituary, creo que si no es la única, es una de las pocas, pero realmente de las pocas que tiene un estilo característico, particular y que la identifica de las demás. ¿Cuál es su sello distintivo? Descúbrelo por ti mismo… ¿Sos analfabeto? ¿Qué te pensás, que la vida te va a dar todo servido en bandeja? Pensándolo bien, te doy un par de datos.

A pesar que muchas veces las canciones de la banda tienen la velocidad comparable con el estilo del thrash, Obituary nos ofrece también muchos pasajes lentos a un nivel tal que pareciese que el grupo más que del estilo death, fuese exponente del dark o del doom metal. Pero además de este hecho innegable, el sello más característico de Obituary es la forma de cantar de John Tardy, la cual una vez fue descripta en forma magistral: “como si un cuchillo se le hubiera clavado en el estómago”. ¡¡Ciertamente muy ilustrativo!!

Así fue que en ese monumental día del 21 de abril de 1998 el ex sello discográfico de Obituary, Roadrunner Records, decidió lanzar al mercado el primer disco en vivo, o en directo de la banda. Irónicamente le pusieron Dead, lo que demuestra el particular instante de lucidez de su responsable, digna de un gremialista innovando en cómo hacer el acto del 1° de mayo en el medio de una pandemia asesina por Covid19.

El disco remite a un concierto grabado el día 10 de setiembre de 1997 en la ciudad de Boston, y es el último reflejo con Allen West como integrante de la banda, previo a su partida hacia Six Feet Under para unirse a Chris Barnes (ex Cannibal Corpse). Es un buen registro que suena en general bien, aunque tiene algún que otro defecto. Por ejemplo, hay oportunidades en que el público se pierde, en ciertos momentos claves no está la gente gritando, mientras que la banda suena muy parejita toda, demasiado toqueteo y arreglos en estudio en post producción. Tanto es así que, por ejemplo, es difícil descifrar cuándo suena el bajo. Arreglaron tanto que silenciaron el bajo…

“Download”, “Chopped in half” y “Turned inside out”, son las tres primeras canciones del show en presentarse, lo que deja en claro que la banda decide presentarse y poner ya de una toda la energía desde el principio. Las guitarras suenan muy sólidas y claras, mientras que la batería es un constante traqueteo con doble bombo que te deja atónito. Creo que este sonido logrado de emparejamiento de todo a un mismo nivel, el que sale ganado es John, dado que su vociferación se puede disfrutar como uno se merece, ya que se escucha en forma clara y nítida.

Lo que se comentó de ese arreglo de sonido para equilibrar todo, hizo que, por ejemplo, golpes directos a la sien como son los temas “Threatening skies” y “By the light”, quedaron con un sonido atenuado y hasta aguado, si se quiere.

Esa entrañable canción de enorme introducción instrumental como es “Dying”, una bomba que da más de tres minutos para peludear y desnucarte, para lograrlo en esta oportunidad tenés que estar recién levantado, bien descansado, bañadito y sin ningún “mañanero” desorbitante que te quite una pizca de energía, para ver si te pinta rockear… Suena el tema, pero no como para tirarte desde el mirador del Palacio Municipal.

En “Cause of death”, por ejemplo, no se destaca ni deslumbra el rasqueteo de cuerdas el cual casi pierde todo su brillo, siendo una injusticia con este clásico de la banda de la mejor época de los muchachos.

Continuamos con “I’m in pain”, “Rewind”, “‘Til death” y “Kill for me”, que son disfrutables ya de por sí, pero como dije, hacer que un disco en vivo no tenga ruidos extraños, acoples, pifiadas de guitarra y sí tenga un volumen al mismo nivel y queriendo destacar únicamente las cuerdas de la banda, no creo que esto surta efecto para dar una grandilocuencia del álbum.

Algo de piel de gallina se consigue con “Don´t care” cuando el show parece querer entregarte mas energía, dado que se involucra en mayor medida al público. Luego vendrían “Platonic disease”, “Back from the dead” y “Final thoughts”, las que de por sí son muy difíciles de arruinar dado el tenor de clásicos que son y la estrepitosa furia que tienen cada una de ellas, pero aun así no te confíes, siempre hay un manco con guates de box manejando las perillas del ecualizador.

Ya pare el cierre del toque tenemos a “Slowly we rot”, la cual brinda el cierre perfecto por tal calidad de tema. Ees un manotón de ahogado para salvar la pisada y así dejarte con gustito a más y querer repetir los tracks, no sé si todos de punta a punta sin cortes ni quebradas, pero tal vez algún “clasiquito” quieras volver a escuchar.

¿Qué podemos concluir acerca de este álbum Dead?. Un disco hecho con pocas ganas, hasta tal vez con mala intención, recordemos que fue la despedida del grupo del sello Roadrunner Records, y parece que de esta forma los despiden. Creo que al álbum le sobran minutos, arreglos y para peor le faltan temas. No más, sino cambiar alguno, porque no se entiende por ejemplo que “The end complete” no esté. ¿A quién se le ocurrió que el sencillo promocional con video clip oficial del disco más vendido de Obituary en toda su carrera no esté en versión en vivo? Hay dos posibilidades. La primera de ellas, que el disco lo haya diagramado Gerardo Nieto con asesoramiento del “Fata” Delgado el Zurdo Bessio y “Pinocho” Sosa; o bien, que por los hechos acontecidos en el año anterior a la salida de este disco (1997), precisamente por la edición del disco titulado “Back from the dead”, el cual no cosechó el éxito comercial de sus dos antecesores, algo que los miembros del grupo le atribuyeron a la escasa promoción realizada por Roadrunner Records, dejó tirante la relación entre el grupo y su sello e hizo que todo derivase en la salida de la banda de John Tardy, tras lo cual se confirmó la posterior separación de todos. Y ahora entonces, ya en el año 1998, el sello inventa este álbum, en medio de la crisis y con la banda separada. Inaudito. Y esto fue de tal magnitud que la reunión y vuelta de la banda no se dio sino hasta el 2007, cuando reaparecieron con nuevo álbum.

Finalmente y como broche de oro, tenemos el otro lanzamiento discográfico de ese ya casi mítico día 21 de abril de 1998, siendo en esta oportunidad el segundo trabajo de la banda Arch Enemy, el denominado Stigmata.

A los efectos introductorios, Arch Enemy es una banda de origen sueca, surgida en el año 1995 en la ciudad de Halmstad y fundada por el guitarrista Michael Amott, quien reclutó a su hermano Christopher también como guitarrista, a Johan Liiva para cantar y en el bajo y finalmente a Daniel Erlandsson para la batería. Inicialmente la banda tenía un estilo death clásico, pero con el paso del tiempo, los discos y el cambio de integrantes, a partir del nuevo siglo y con la increíble incorporación de Ángela Gossow, se convirtieron en una de las bandas de death melódico con una dama al frente.

Particularmente para el año 1998 se une un nuevo bajista, Martin Bengtsson, por lo que Liiva pasó a desempeñarse únicamente como vocalista. También se sumó un nuevo batero, Peter Wildoer. Musicalmente este segundo disco fue el comienzo del cambio, que como vimos se inició con los integrantes y las funciones de la banda, pero así también dieron un volantazo al estilo musical dirigiéndose hacia donde más cómodos se sienten, que es en el camino de lo melódico.

Stigmata es el segundo LP de Arch Enemy, y aunque no es el mejor que la banda haya editado, es claramente con su antecesor una muestra del death más crudo y puro que puede encontrarse dentro del estilo melódico, al ser un disco con varios detalles de tecnicismo y virtuosismo por parte de sus músicos. Es un disco de 9 tracks en su edición europea, pero como la banda ya había comenzado a tener repercusión por Europa, el sello discográfico decidió sacar una edición especial con tres temas extras para Japón, y a su vez en su versión europea también fue el primer disco editado en los EEUU, lo que significó la catapulta hacia el éxito.

El disco comienza con la bestial ”Beast of man”, siendo una canción de puro death metal con su cuota melódica, por cuanto hacen un impasse en el ritmo desenfrenado, acotada a su mínima expresión como para no olvidarnos de la potencia original.

Luego viene el tema que le da nombre al disco, siendo el primero de los dos temas instrumentales de la placa, donde se resalta la melodía y un increíble solo de guitarra al mejor estilo clásico.

“Sinister Mephisto” vuelve a ofrecernos la brutalidad de death por la cual estaban enamorados en aquellas primeras épocas, al igual que “Let the killing begin”, o la menos veloz pero igual de estremecedora “Dark of the sun”, las cuales en su conjunto forman una tríada maravillosa, plagada de riffs, majestuosa la distorsión y un impresionante uso del vibrato que parece quebrarse, y solos con unos punteos que parece que los dedos se les van a escapar de las manos. Todo con el agregado de la vociferación agresiva de Liiva y una batería con doble bombo que parece que estalla.

Por su parte creo que la canción que sigue, “’Black Earth”, intenta transmitir más energía que el tema anterior, pero se inmiscuye en una serie de cambios de ritmo y cortes que hacen que el tema sea un sube y baja. Te tiene allá arriba y de un golpe te baja a tierra. Constantemente la atmósfera creada por las guitarras está siendo modificada por estos cambios en el tempo de la canción.

Le sigue “Tears of the dead”, que resulta en una canción entre bonita y divertida dirigida a peludear y con tanto ritmo que parece que se sale de los cánones del death clásico, más parece una canción hardcore o rapmetal, y tanto es así que influye en como Liiva hace su trabajo, más que cantar tiene que recitar sus letras.

“Vox stellarum” recupera la cuota más melódica y técnica del grupo con este breve y melancólico tema instrumental, donde desde su comienzo un triste piano ejecuta la melodía hasta la mitad del tema, donde entra el resto de los músicos en su plenitud por tan solo unos segundos, para finalmente concluir con el mismo piano.

El cierre del disco es con “Bridge of destiny”, un tema redondito donde el riff inicial te invita a saltar y peludear, hasta que sobre los últimos dos minutos el ritmo desciende como en todos los temas que antecedieron y concluye en un ritmo apacible pero tristón. Es un cierre perfecto para el álbum, porque resume todo en los siete minutos que dura el tema; tiene rapidez, guitarras con riff marcados, unos solos espeluznantes y un cierre melódico y melancólico.

Se cae en una injusticia considerar esta etapa de Arch Enemy como un puro death melódico, dado principalmente como se mencionó que fue su auge en ese estilo el que disfrutaron, y pueden seguir haciéndolo, desde el principal cambio que tuvo la banda al inicio de este siglo, que fue despedir a Liiva y darle entrada a la cónyuge soñada por todos, a esa Pro Mujer como es Ángela Gossow. Por lo tanto, compararlos con bandas como In Flames, Dark Tranquility, Children of Bodom, At The Gates, Soilwork, etc., etc. es apresurado, aun a esta altura de la carrera incipiente de Arch Enemy. Es sólo cuestión de tiempo y algunos cambios esenciales para que todo pueda superarse.

¿Se podrá afirmar que Stigmata es una obra magistral de Arch Enemy? Sin dudas que no, pero esto no significa que no sea sí una base o un pequeño paso en el tortuoso camino para encontrar, en este caso, el destino de la banda. Como dijimos al principio de esta nota, uno de los caminos está marcado por sus propias decisiones y errores, los cuales marcan mojones en el camino hacia ese destino tan anhelado. Si ese destino es alcanzado o no, ya no depende de nosotros los escuchas y ni siquiera de ellos como músicos solamente, porque como planteamos la duda al comienzo de esta líneas, también está ese camino hacia el destino pincelado por fuerzas del más allá que aún no conocemos o que capaz, estando entre nosotros, no podemos descubrirlos. Por las dudas, cuando salgas solo por las noches no hables con extraños.

Tomás Cámara