Black Smoke en la Sala Zitarrosa

El viernes 13 de julio, la banda Black Smoke presentó en sociedad su segundo disco. Y lo hizo de la mejor manera, en varios sentidos. Porque fue respaldado por una muy buena campaña de difusión del evento, porque la sala elegida fue una pegada, porque la gente acompañó, y porque el concierto estuvo muy bueno.

Puntualmente, a poco de las 20 horas, abre el concierto la banda Bestia Zen. Con una presentación al nivel de lo que iba a ser la noche, se los vio seguros sobre el escenario, con soltura. La garra en la voz de Nacho Delgado se hizo sentir, siendo punta de lanza de una propuesta clara y concisa. Instrumentación y ejecución acorde a lo buscado, trasmitiendo directamente a los presentes el producto de Bestia Zen. Cumplieron a la perfección su rol de teloneros, dando paso a Black Smoke.

Muy poco después hace entrada el cuarteto convocante de la noche. Desde el inicio se pone de manifiesto lo sólido y enérgico de la propuesta. Un despliegue escénico en continuo movimiento que no permitía que el público se distrajera ni un instante. Voz, guitarra, bajo y batería al servicio del hard rock clásico, ofreciendo todo lo que había que escuchar. Si bien la premisa del espectáculo era la presentación del disco, la actuación sirvió para bastante más que eso. No sólo porque hubo otras conciones que sirvieron de condimento, sino porque la banda se gozó todo con el toque. Y la gente también: hubo una interacción empapada continuamente por muy buena música. No sólo está genial ver gente joven haciendo hard rock, sino que mejor aún es comprobar lo bien que lo hacen.

Gonzalo Núñez interpreta a la perfección lo clásico del género, y le mete una energía a todo, que desborda el escenario. Canta, va, viene, canta, se dobla, canta. Recorre cada centímetro del piso, y siempre está, aún cuando no es el momento de cantar. Y, debo decirlo aunque poco tenga que ver, su pelo acompaña.

La guitarra de Andrés Nion nos pasea por la distorsión y la fuerza que el género que interpretan necesita. Única guitarra y por lo tanto responsable del sonido que las seis cuerdas aportan para que esto sea impecable. Sin desbordes innecesarios, aporta el vigor vital.

El bajo, en manos de Rodrigo Turell, además de ser el pulso y corazón de la banda, es un aporte constante de energía y recursos que no sólo acompañan sino que suman al todo, multiplicando la efectividad, siendo también clave para el sonido de la banda.

Los tambores, azotados por los brazos de Santiago Soberal, deben haber quedado exhaustos. Preciso, con la potencia y con intervenciones justas, hace que los demás compañeros se puedan parar seguros en lo que hacen. Interpreta a la perfección lo que tiene que hacer, y lo más importante, lo ejecuta.

No faltó un set acústico para dar lugar a las baladas. Para darle un marco diferente, se sumaron dos coristas ataviadas apropiadamente para la ocasión. Por supuesto que le dieron “ese toque” que complementó bien el efecto que seguramente se quiso lograr. Las chicas volvieron sobre el final del show para aportar también en los últimos temas.

Agreguemos además, un muy buen sonido, fuerte pero no aturdidor, que permitió que se escuchara todo. Las luces acompañaron todo el show marcando una presencia que también hizo la diferencia, con constantes variantes, dándole aún más vida a la presentación. En fin, todo tan redondo como Black Smoke se lo merecía.

Ariel Scarpa