Leo Peirano, de Catalina Records, comparte sus múltiples experiencias en materia de rock. Un aporte con historia.
Los Invasores celebraron 40 años de su nacimiento en un hermoso espacio como lo es La Casa de Máximo: amplio, con varios ambientes integrados y una excelente sala de recitales. Un gran marco de público -mezcla de viejos y nuevos fans, jóvenes y adultos- se reunió para disfrutar de ambas bandas en una noche cargada de música, reencuentros y amistad.
Antes de que existiera Spotify, los CDs o incluso los vinilos como los conocemos, la música se vendía en discos de 78 rpm. Venían en fundas de cartón sin ninguna gracia: marrones, grises, con tipografías aburridas y sin imágenes. Nada que llamara la atención. Eso fue así… hasta que llegó Alex Steinweiss.
¿Pueden un encuentro y un gesto aparentemente pequeño, tener un impacto cultural y a la vez duradero? Así es, y lo protagonizaron John Lennon y Juan Carrión, un profesor español de inglés.
Hoy es una práctica habitual y es parte del folclore en las tribunas del futbol, encontrar banderas de todo tipo en las hinchadas de los equipos de cualquier divisional en todo el mundo. Banderas que remiten a ciudades, barrios y a agrupaciones, banderas que referencian a tal o cual ídolo del club, banderas políticas y así también, banderas que referencian a bandas de rock.
Hoy quiero hacerles partícipes involuntarios, como lo fui yo también, de una historia de amor trunca (o eso creo): la historia de Ruben y su interés romántico, a quien llamaremos la Señorita X. Todo comenzó sin saberlo, una noche cualquiera en casa, meses atrás. Quizás fue un sábado, aunque no puedo precisarlo con certeza. Tras la cena con mi esposa, no sé a santo de qué, comenzamos a hablar sobre viejas canciones de nuestra adolescencia y a buscar en YouTube sus videos correspondientes. Fueron pasando temas y más temas, mientras íbamos activando nuestros recuerdos y comentando sobre cada uno de ellos. Y así llegamos a Bravo…
Never Mind The Bollocks, a la postre el álbum debut y despedida de los Sex Pistols, es un punto de inflexión único, no sólo a nivel musical sino también a nivel sociocultural. El punk como fenómeno tuvo a la banda de Rotten y Cia. como una de sus caras más polémicas y visibles. El paso de los años no han disminuido el interés sobre su obra a través de múltiples reediciones de todo su material disponible y en algunos casos, con discos falsos atribuidos a la banda. Tiempo atrás escribí sobre uno de esos casos, en este articulo, que les recomiendo leer si aún no lo hicieron.
La música neomelódica, heredera de la canción tradicional napolitana, es hoy también el relato sonoro de la marginalidad y el crimen organizado como lo fueron los narco corrridos o el ‘gangsta rap’.
La suerte puede ser algo y es algo embromado. De la misma manera en que puede hacerte arañar el cielo, puede también hacerte abrazar el suelo. Y a veces ambas cosas en poco tiempo. El rock tiene muchísimas historias, pocas como la de Badfinger y su buena/mala suerte…
A finales de los setenta y primeros ochenta, algunos punks mantuvieron contacto con grupos clandestinos, organizaciones armadas y comunas de fugitivos. Se había creado un ecosistema de ayuda, una solidaridad y apoyo mutuos en toda Europa, que funcionaba con naturalidad. Era relativamente sencillo. Se compartía un ideal, pero también una forma de vida. No se podía imaginar vivir de otra manera, al menos para aquella facción de entre los punks, airados y anárquicos, que pasaron de la retórica de las letras a la «Propaganda por el hecho».