Flor Sakeo: Sonando Fuerte y Claro

Hace tiempo que Flor Sakeo viene dejando huella en el panorama nacional. Con su voz, sus canciones y su presencia, está llevando adelante una propuesta muy interesante. Acompañada por su banda, recientemente ha trascendido los escenarios under para pasar a tocar para miles de personas, sin abandonar los circuitos que suele recorrer. Actualmente se encuentra grabando su nuevo trabajo discográfico, y Sólo Rock entendió que era un buen momento para charlar con ella. La conversación obviamente pasó por el rock, pero también por una variedad de temas más que interesantes.

SR: Contame cómo llegás al rock.

Flor: De alguna manera, creo que el rock siempre estuvo en la vuelta en mi casa, en mi vida. Siempre fue un sonido y una forma de hacer cosas que me llamó la atención. Tengo recuerdos de escuchar a Los Beatles, por ejemplo, cuando era chica. Me llegó profundamente Santana, Rata Blanca, como que había pila de cosas roqueras en mi vida. Mi primo, que es batero, tenía una banda que se llamaba Sismo cuando yo era chica. Él fue quien también me acercó a la música y a cosas. En mi casa, con los años, encontré casetes que mi vieja grababa de la radio. Cosas de Joan Jett, y yo decía: “¿Cómo no me acordaba de esto?”. Eso siempre estuvo en la vuelta. Lo que pasa es que van pasando los años y te van llegando músicas y cosas nuevas, y vos lo vas seleccionando, de alguna manera. Cuando volvés atrás y te encontrás con estas cosas, la nostalgia, a veces, te dispara hacia lugares. A mí me llevó a reconectar con Joan Jett, por ejemplo, o los Ramones, cuando apareció mi primo a mis 11 años y me dijo: “Esto te va a gustar”. Yo llegué a mi casa, puse a los Ramones, el Anthology, y quemé los parlantes de mi radio (risas). Mi padre me quería matar. Obvio, después también Red Hot Chili Peppers, Green Day me encantaba, Avril me gustaba, pero había algo que no me terminaba de cerrar, era como que no la entendía. Pero me re copaba que fuera una piba, que tocara y cantara. Con los años fui refugiándome, de alguna manera, en ese sonido, y fue en gran parte algo que me ayudó a creer y crecer, también. Creer en una fuerza más allá, llamémosle, que era la música, como esa cosa de tipo “ah, el rock”. Era como una especie de estrella o guía, algo así. Pero no porque sí, simplemente, sino por lo que a mí me hacía sentir, que era una sensación de que todo iba a estar bien y que era un buen lugar para estar. Era como súper seguro. Me acuerdo una vez que una maestra de sexto de escuela, Verónica, una gran maestra, puso -no me acuerdo si fue una canción de Ataque 77 o Trotsky- y fue tipo “yo tengo que hacer esto”. Y yo tenía, no sé, 10 años. Tengo un recuerdo lindo y me emociono: me tiré para atrás en la silla y escuché esa cosa de la bata al palo, la distorsión, y fue como “pah, tengo que hacer esto, tengo que llegar a poder hacer este ruido, a transmitir a la gente esto mismo”. Ahí creo que me bajó la data total como descubrimiento propio de lo que simboliza la música y lo que genera, también. Y el rock, porque fue eso lo que a mí me movió esa fibra. Igual, fibras me han movido otros artistas. Zitarrosa, por ejemplo. Te juro que cada vez que pienso en eso, no puedo llegar a poner en palabras lo que me genera emocionalmente Zitarrosa, porque seguramente me lleva a lugares de mi infancia, con mi familia, a lugares de mi inconsciente y de mi creatividad, también, de mis primeros recuerdos haciéndome pelis escuchando música.

SR: Zitarrosa es rock.

Flor: ¡Es rock! Es la cosa más roquera que hay. El tipo se tuvo que ir del país porque era tan rock y decía tanto las cosas, que se tuvo que ir a la mierda porque lo bajaban. Ah, por favor, ¡qué hombre! Con respeto, ¡qué hombre, dios mío!

SR: ¿En qué momento te descubrís como cantante?

Flor: Cantante, desde siempre. A mí la música me lleva mucho a esa cosa de niña, como que me hace jugar y no perder eso de lo lúdico. De chica yo era muy inquieta, y tengo un recuerdo de estar patinando en un pasillo de lado a lado, y estaba mi abuela Nenucha, por parte de padre. Me acerqué patinando, toda ansiosa, y le dije: “Abuela, abuela, preguntame qué quiero ser de grande”. “Vos podés ser lo que quieras, Florencia”, me dijo. Todo el mundo me decía lo mismo, y era tipo, “Que alguien me pregunte, por favor” (risas). “Preguntame, abuela”, le dije. “¿Qué querés ser?”, me preguntó. “Quiero ser cantante”… y  me fui patinando y no le dije más nada. Ahí yo tendría seis años, capaz. Estaba en primero, segundo de escuela, y ya me ponía frente a los parlantes, toda enfocada en la radio de mi casa, sentada en la cocina mirando los parlantes y cantando los discos de 100 Años De Cine editados por El País. Había mucha música en mi casa. Ser cantante siempre estuvo ahí, siempre lo hice. Era lo que me hacía bien, cantar. Sentarme frente a un parlante era lo que más me gustaba, y ahora lo sigo haciendo: pongo música y canto.

SR: Pero hay un momento en que juntás todo, ¿no?, tus ganas de hacer rock y de cantar con el hecho de componer.

Flor: Y la rebeldía también de los 15 años.

SR: ¿Es por esa época que juntás todo?

Flor: Sí, más o menos. Después, con el tiempo, como que lo paré, pero estuve unos años investigando. Con 15 años iba a tocar a cualquier tugurio en Montevideo, con una guitarra al hombro caminando sola a las 3 de la mañana, sin conciencia. Estaba totalmente entregada a eso y al pedo cósmico. Pero eso también me llevó a que hoy en día me cuide de otra manera, porque las cosas que me pasaron en esa época me llevaron a tener más experiencia. Con los años, una aprende a los golpes, también. Pero fue a los 15 años que agarré la guitarra que me habían regalado, junté todas mis cositas y salí. Me hice una banda, empecé a decir que tocaba, aunque era una piedra. Siempre con la enseñanza de los Ramones, eso de que cualquiera puede tocar. Eso era lo que yo quería, y es el mensaje que quiero mantener: cualquiera puede tocar, cualquiera puede hacer música. Todos hacemos música.

SR: Es la esencia del espíritu punk.

Flor: Totalmente. Y un poco hippie, también, porque yo soy de las creyentes de que cuando golpeo algo, estoy haciendo música; cuando lo repito, hago un ritmo. Hippie no es la palabra, pero no es solamente como esa cosa de espíritu punk.

SR: En esa época que comentás que empezás con todas estas experiencias tuyas, era como una disidencia, también, porque el rock ya no era el rey. Sin embargo, igual optaste por ese camino.

Flor: Sí, porque en realidad, lo único que quería era tocar la guitarra y cantar.

SR: Y distorsión.

Flor: Distorsión, siempre. Igual como que tengo una relación medio de idas y vueltas con la distor. Ahora después del disco que grabamos, te juro que no voy a tocar nunca más un pedal (risas). Estoy grabando cosas nuevas, maquetando cosas nuevas, investigando otro tipo de sonidos. Como ya planeando el tercer disco y empezando a coquetear con nuevos sonidos, y si bien hay distorsión, quiero decir sí, el rock, pero lo mismo que te pasa con Zitarrosa: esto es rock y no está sonando una sola guitarra eléctrica. Quiero que ese espíritu se mantenga, pero coquetear con un montón de otras cosas. La vida es muy corta para casarse de esa manera con algo. Quiero que sea una total expresión de lo que me está pasando ahora.

SR: El rock no siempre tiene que estar asociado ni a una canción que tenga contenido político o social, ni a la distorsión, ni a una canción rápida. Hay pila de artistas, como Bob Dylan, que tienen mucho rock por la propuesta que tienen. ¿Cómo definirías tu propuesta? ¿Por qué caminos vas?

Flor: Es una gran pregunta, porque ni yo sé, en realidad. Y es un poco la gracia también no saber por qué caminos voy. No es ceguera pues yo veo y siento cosas, y es una expresión de todo lo que me rodea, me forma y es como el vínculo que tengo con el exterior también, cómo lo transformo y lo vuelco en música. Oscila en un montón de emociones. Creo que lo que intento hacer es súper humano y es bastante transparente. No tengo una máscara, estoy muy en bolas (risas). Básicamente, estoy muy en tripas.

SR: Y visceral.

Flor: Totalmente visceral. Es el único momento en el cual puedo agarrar y gritar y decir con exactitud, aunque no sea tan exacto, porque mis letras si bien son directas, no son tan directas, son medio vuelteras. Me gusta buscarle un poco el sentido, pero no sé si es poético. No tengo idea de poesía; sí leo, pero no es que tenga idea de qué estoy haciendo (risas). Es algo visceral y mutante, que no tiene una forma sola.

SR: Por lo tanto, obviamente depende de los estados por los que estés pasando en el momento de crear, pero también en el momento de interpretar.

Flor: Cuando interpreto, es un viaje. Obviamente me pasan millones de cosas, como a todos. Y a veces me da miedo el traspasar esa línea de expresión y decir “yo estoy muy mal, me está pasando esto en particular, y exploté porque no lo pude decodificar de otra manera”. Hice demasiado personal lo que tiene que ser algo personal, pero hay como un límite para mí que es algo más íntimo mío. Pero a veces sale de otras formas también. Trato de tener cuidado no para que no me vean así, no me importa que me vean así, sino para que el otro no se termine contaminando de alguna manera con eso. Para no hacer tanto suyo algo que es mío. Sabiendo eso, creo que los artistas somos muy responsables del mensaje que queremos dar. Y si el mensaje que tengo el día que estoy requemada es dar vuelta un auto y salir a pegar tiros al aire, no puedo hacer eso, tengo que cuidarlo. Es una responsabilidad ser artista, estoy diciendo algo y es algo que me re importa. Igual el público que nos sigue, que nos va a ver, sabe de dónde viene. Saben que no hay algo más de lo que están viendo, que soy una persona que me pasan cosas y que las emociones son las que nos linkean.

SR: Actualmente en cuanto a las letras, ¿seguís en la línea que venías o también estás mirando hacia otro lugar?

Flor: Lo de las letras es re loco, porque es lo que siempre me detuvo al momento de componer y decir “quiero hacer mi música”. Mi miedo siempre fueron las letras, más que la música en sí. Creo que vengo por el mismo lado, porque tengo ese viaje mío que es interior y hacia fuera. ¿Viste que ahora hay todo un mensaje de mierda, que es tipo “cuidate, skincare, tenés que meditar ocho veces en el día y agarrar un rosario y rezar de rodillas por las dudas? ¿Para qué? ¿Para ser un ser humano espectacular?, ¿para ponerte en qué lugar? Yo sí creo en que el ser humano tiene que trabajar en sí mismo, pero no para lamerse solo eternamente, sino para generar un cambio en tu entorno, para tener una convivencia amena, entender qué le pasa al otro, para tener empatía y generar un mundo nuevo. Básicamente es eso. Mis letras intentan muchísimo eso, aunque no lo logre, porque a veces siento que no lo logro. A veces digo: “¿Qué estoy diciendo acá?”. Y nada, son experiencias propias, generalmente. A veces las cambio un poco como para que tengan un poco más de sentido, pero los disparadores siempre van a ser cosas que yo veo y siento que me pasan o le pasan a alguien más, y eso, de alguna forma, se va a seguir repitiendo porque soy yo el receptor de todas esas cosas y lo voy a decodificar como me sale, que es tipo “te voy a contar una historia”. Las letras siguen siendo bastante para dentro. El disco nuevo, por ejemplo, está mucho más enojado, está muy enojado. El primero está enojado, pero es más ameno, es más tipo “permiso, me pasa esto”. El nuevo es tipo “voy a cagar arriba de tu mesa y no me importa que me digas que no; lo voy a hacer” (risas). En este disco me permito sentir otro tipo de emociones. Viste que las mujeres, en general, tenemos que estar como muy prolijas, bárbaras, sensibles, criadas, born and raised para maternar personas… Una persona que me está haciendo mierda la vida, ¿la voy a maternar, le voy a dar toda mi energía? ¿Soy una linda mariposa y voy tirando con mi varita mágica para todos lados?… tipo, ¡no! Esa energía es tuya, reina. Cuidémonos muchísimo. El mundo es, fue y será una porquería, ya lo sé, sí, obvio. Bueno, ¿qué podemos hacer? ¿Con quiénes nos podemos juntar? ¿Qué podemos hacer para generar un cambio? Todos los días veo noticias de que se va el mundo a la mierda, de que a las vivas las siguen matando, las desaparecen. O sea, siempre hay alguien que cree que tiene el poder de decisión de si esa vida tiene que seguir o no. Me parece un horror. Obvio que estoy enojada cada vez que veo que hay un genocidio y no pasa nada, o cada vez que prendo la radio y escucho una noticia de que cualquiera puede venir a comprar un pedacito de tierra y no pasa nada. Tengo mucha bronca dentro. El mundo es un es un viaje, está muy zarpado.

SR: Eso es una de las cosas que, precisamente, quizás más se le achacan al rock últimamente, que no dice las cosas que en otros tiempos estaría diciendo.

Flor: Entiendo eso, pero hay rock que muestra cosas. Yo estoy demostrando que estoy enojada. Hay otros colegas que capaz que lo dicen de otra manera, más directamente, pero creo que todos estamos atravesados por esa rabia. Tenés que conocerte a vos mismo, laburar en vos mismo, pero para eso no tenés que cagarte en el resto. ¿Qué te mueve? Es re importante eso, porque eso es lo que hace que el mundo esté dividido perfectamente y armado para que unos pocos que se lo repartan. Eso también hace perder esperanza. Es jodido.

SR: ¿Cuáles son tus puntos fuertes como artista?

Flor: Qué buena pregunta, porque la verdad que no tengo idea. Capaz que puedo decir que un punto fuerte es que esto lo disfruto, porque hay gente que lo padece.

SR: El medio siempre es muy duro y cruel.

Flor: Más si estás revolviendo las entrañas para tratar de llegar a algo. El camino del artista es, a veces, un poco complejo, pero más si lo linkeás con todo esto que venimos hablando antes. Pero creo que ese es un punto fuerte, mi forma de ver las cosas positivas. Aunque te estoy diciendo todo esto de que no hay futuro, pero sí hay futuro. Sí, hay, y hay millones de maneras, y creo que la comunidad puede llegar a hacer algún tipo de cambio.

SR: También hay que luchar contra ese mensaje que se transmite continuamente, de que está todo mal y no tiene arreglo.

Flor: Claro, eso es de la Alemania nazi, tipo divide y vencerás. Crean un enemigo público para ponerlos en contra, y listo, ya está. Vos podés hacer cualquier cagada mientras la gente se pelea. En fin, el caso es que ella está enojada (risas) y hay que aprovechar eso. El enojo puede ser un buen puntapié, y sé transformar mi enojo o dolor como para encauzarlo para algo lindo, aunque me cuesta a veces. ¿Y qué es algo lindo? Hacer música, y no solamente por hacer música, sino también por compartirlo con el grupo humano con el que lo comparto, o el querer hacer un disco, todavía. El poder mantener ese espíritu y esa conexión con crear, para mí es un buen punto fuerte.

SR: Te hice pensar un poco.

Flor: Me gusta, porque no es algo que piense mucho. Estoy bastante automatizada, como yendo. No es una automatización que me anule emocionalmente, sino que es tipo que estoy yendo en este canal y están pasando pila de cosas re lindas y eso me hace feliz.

SR: Hace unos minutos mencionaste dentro de una frase el hecho de llegar a algo. Flor Sakeo está llegando a un montón de cosas, ¿no? Estás pisando los grandes escenarios. ¿Cómo te ves ahí?

Flor: Y la verdad que fue un todo un reto de sonar fuerte, que es lo que más me gusta. Un escenario grande en el que puedo correr, pero tampoco me da el tiempo, porque como tengo que cantar y tocar la viola, no puedo hacer tanta cosa. Es algo que me alegra mucho, salado. Y no es algo que haya buscado, entonces lo abrazo, porque las cosas inesperadas muchas veces traen otro tipo de alegrías.

SR: Y es un reconocimiento, también.

Flor: Totalmente. Un reconocimiento a todo el laburo. Es como un reconocimiento más dentro de las 1.000 formas de tener un reconocimiento. Primero está el de mis allegados, el de la gente que quiero, que amo y constituye mi vida cercana. Eso tiene sentido, porque son las primeras personas a las que les muestro las cosas en las que ando. Después de eso, el reconocimiento propio, que es muy difícil… no sentirme una impostora. Voy y vengo en esa, constantemente. El público forma parte también, pero no sé si va tanto como de ese reconocimiento. Yo lo siento más como una compartida. A mí me flashea todavía que la gente quiera compartir eso con conmigo y que yo todavía tenga energía para compartir con las personas eso que sale de un granito. Como un gato que va y tira un florero de la mesa. Esas son mis canciones, yo lo siento de esa manera, es un gato que va, tira y te mira como diciéndote: “Mirá lo que hice” (risas), pero en modo chiste, pues también yo me tomo las cosas como que al final nada tiene sentido. Es re loco eso, como que el humano le busca el sentido a la vida de una manera muy personal, y cada uno tiene un sentido diferente en su vida. Yo no puedo creer estarle dedicando la cantidad de tiempo que le estoy dedicando a hacer lo que me gusta. Es un privilegio enorme. Es hermoso y no lo cambio por nada del mundo. Te juro que cualquier cosa que explote al lado mío, yo sé que me doy media vuelta o me giro unos grados para un costado, y voy a poder agarrar y hacer una canción, y eso me hace feliz.

SR: Y teniendo éxito como estás teniendo.

Flor: Tengo éxito en el momento en que me puedo levantar. El levantarme y no estar muerta, sentirme viva, poder comer, poder estar un rato con mi gato y mi perra, o poder tatuar, también, porque hago otras cosas. No me quiero aferrar a esa idea de éxito porque estoy tocando en festivales, porque hoy o mañana no te llaman más y no dejás de ser exitoso. Sos la persona más exitosa porque estás siendo fiel a tus ideales, a tu forma de hacer las cosas, estás siendo fiel a ser humano.

SR: Yo me refería a eso, precisamente. Lo de los grandes festivales está muy bueno porque estás llegando a gente que de otra forma capaz que no estarías llegando y también es un reconocimiento a vos como artista, pero no es lo más importante.

Flor: También, sí. A mí me hace tanto ruido eso.

SR: Es un reconocimiento por parte de quién organiza y de las bandas con las cuales compartís escenario. Es como lo de los Graffitis, también. Está muy bueno, pero lo que más pesa, lo que importa, es lo otro. Contame un poco más del nuevo disco que aún estás grabando.

Flor: Trae algún otro sonido. Es bastante similar a Alba, aunque siento que es como un acercamiento a otra cosa nueva, también, como cada vez que hacés algo. Es una experiencia nueva, porque nunca había grabado con una banda en vivo y esto es un disco en vivo, si bien va a tener otras grabaciones aparte porque también quiero agregar otros sonidos, quiero invitar personas a que intervengan dentro de las canciones. Me encantaría poder sacarlo este año, que vengo diciendo eso hace un montón de tiempo, pero como ahora ya está grabado y totalmente materializado, la veo como mucho más cercana la probabilidad de que salga antes de fin de año. Creo que es un disco mucho más visceral que el primero. Se asemeja bastante al vivo de cuando nos van a ver, pero no termina de ser lo mismo, obviamente, porque faltan otros estímulos y otras cosas. Intento plasmar y dejar lo más posible las semejanzas y abrir otras puertas de sonidos, otras emociones. Yo escucho y digo: “Bueno, esto es una historia”. Son 10 temas, que eso para mí es un montón; el disco primero fue de seis canciones. Para mí eso es una gran diferencia y es una locura, o sea, verme componiendo y haciendo 10 canciones y laburándolas también con la banda, que al principio yo no estaba con la banda, estaba sola. Después de que laburamos con ellos, me quedé trabajando las canciones e invité a una productora de Argentina para que me ayudara a laburar un poquito. Venía y me decía: “¿Y si acá hacés esto?”. Y yo con la cabeza explotada sin entender porqué no lo había visto antes. Así como todo el resto de la banda también, ha sido ese tipo de incentivo. Fue como “vamos a prender fuego esto”. Y también fueron años bastante intensos, porque pasé de ser una ardillita toda vergonzosa a que me chupa un huevo lo que me digan. Me importa otra cosa. Las cosas que me aquejan al momento de hacer un disco, ya son otras. Antes me daba vergüenza mostrar una canción. Ahora me da un poco de vergüenza, claramente, porque sigo siendo yo, pero a la vez siento un poquitito más de que creo -mínimamente- un poco más en mi criterio, en mi forma de ver las cosas, en lo que tengo para decir. Me siento un poco más tranquila al momento de decir: “Che, me pasó esto”. Me acuerdo muy claro el momento en que me corrí de ese lugar de andar pidiendo perdón más que permiso. No era tipo pedir perdón porque hice cagadas. No, pedía perdón porque sí. Por existir. Esa era yo con una autoestima súper baja que me llevó a guardarme todo lo que sentía, lo que me pasaba y lo que quería componer. Ahora me quiero reír de todo eso, pero no tipo burlarme de mi yo del pasado, sino como que al final todo esto es una pérdida de tiempo. Es insano, te hace envejecer pero no de una buena manera. Yo quiero ser una señora canosa de 80 años sentada en un banco de una plaza dándole de comer a palomas y riéndome. Yo me quiero reír. Y no porque sea un bufón que se ríe de todo, o esté corriendo en círculos como loca (risas). No, es porque me quiero divertir. Me costaba mucho pedir ayuda, y creo que este disco es un gran reflejo también de eso, de cómo aprendí a pedir mucha ayuda. Estoy más enfocada en hacer música. Es un disco que es tipo “bueno, ¿qué me pasa?”. Más visceral, todavía. Está enojado, enojado. Igual tiene su lado más tipo “¡Eh!, está todo bien, pero al final nada tiene sentido”.

SR: ¿Sos rockera, blusera, punky…?

Flor: Siempre me pasó lo mismo, desde que soy muy chica coqueteé con muchos lugares y escenas, y no es que me sienta más ni menos, simplemente me sentía sin saber si era lo que me definía. No quiero definirme, siempre me pasó lo mismo. No sé… rockera soy porque qué te voy a decir que no, vivo jodiendo con los pedales, pero a la vez no soy rockera. Creo que soy una persona que es muy sensible, y fin. Creo que eso es lo que me termina haciendo tener empatía y escuchar cada una de esas cosas que escucho y tomar un poco. Como decir: “Del hardcore, ¿qué me gusta?, del blues, ¿qué me gusta?». Simplemente lo voy integrando, de cierta forma. Hay cierta cosa medio desgarradora en lo que hago, pero también es esperanzadora. En Alba yo estaba tirada en el piso pidiéndole por favor a los planetas que alguien me tirara una soga. Ahora ya estoy parada y diciendo: “Che, esto ya lo quiero. Mirá que ya pedí a los planetas, me escucharon, me palmearon el hombro y fue tipo “seguí, dale, no te quedes. Hace la tuya y cuídate””. Eso es siempre.

SR: ¿Cuál es la próxima etapa de Flor, entonces? Estaba en el piso, se paró, está haciendo la suya…

Flor: Se cayó de nuevo, igual. Está cayendo y levantándose. El disco es eso mismo, es la vida misma. Es el acto simbólico de congelar algo en mi vida para seguir y volver a caerme y volver a levantarme, porque así funciona. Hay varias canciones del disco nuevo que se linkean con algunas del disco primero. Por ejemplo, “Sangrando” es “me rompieron el corazón, no sé qué hacer, mi pareja es un inhábil emocionalmente, estoy sola acá, es un limbo todo, no entiendo nada”. Y me voy con mi tristeza a otro lado. Me alejo. Y ahora tengo una nueva, que es “Lento”, que es similar, pero va más que nada con “el mundo es muy hostil; entiendo lo que te pasa, flaco, a mí me pasa algo muy similar, la gente me mira con cara rota, la gente me habla y siento su dolor». Entiendo que el mundo es un lugar súper hostil, por eso necesito ir tranquila, respirar y encontrarme dentro de la tranquilidad. Habla de un paso lento ante una vorágine que la rodea. Es similar a “Sangrando”, pero es “Lento”. Es otra cosa como un poco más globalizada. No es tipo “soy un individuo en el medio de la nada, soy un grano de arena en una playa gigante”. Es como que estoy compuesta por todo esto otro que me rodea, también, y estoy triste por todo esto que pasa. No es tipo “ay, me rompieron el corazón”. No, es tipo “che, esto está re jodido”. Hay varias canciones que pueden llegar a tirar sus hilos entre sí, como “Canción para los planetas” con una nueva que se llama “Ya te digo, bizcochito”. Después hay otra que se llama “No hay un mensaje”, y al final no hay mensaje (risas). Es como reírme, también, de mi propio romanticismo, porque soy re tipo “ay, sí, todo me duele y todo me alegra, y todas las emociones me atraviesan”. El disco está fuerte, está partidero, directo al pecho y sin vueltas. Simplemente por querer hacerlo, porque sino una siempre se tiene que andar justificando por todo.

SR: ¿Tenés alguna expectativa respecto a tu carrera para los próximos tiempos?

Flor: Expectativas, no. O sea, quiero hacer cosas por manija, por probar. Vengo diciendo hace pila que quiero ver qué onda mi futuro haciendo discos. Me da mucha intriga. Más que expectativa es una intriga. Así como salió este disco, ¿qué onda el próximo?, porque ya tengo canciones para un tercer disco, pero las estoy trabajando de a poquito. Me intriga mucho qué proceso haré si me proyecto a cinco años, ponele.

SR: Son como puertas a abrir, si se quiere.

Flor: Claro. ¿Qué puertas serán y cuál elegiré? Más allá de las que estén, ¿cuál será la que yo sienta que debo abrir? Porque yo soy muy de eso, huelo mucho, y le doy mucha bola al instinto, o llamémosle corazonada. Me guío muchísimo por eso, para hacer canciones, para todo, para muchas cosas. Eso también: ¿Podré seguir oliendo cosas a futuro o me quedaré sin olfato? Y si puedo a futuro hacer otros discos, me haría feliz. Y hacer discos para otras personas. Eso me gustaría. Producir me encantaría, me divierte mucho, pero tengo mucha vergüenza todavía.

Ariel Scarpa

 

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