Strigoi – Viscera (2022)

Uno piensa que lo peor ya pasó, pero como muchas veces pasa, esta vida jodida aún nos tiene más sorpresas. China con rebrote de covid, la viruela del mono, el desempeño de la selección uruguaya de fútbol en Qatar, Bud Bunny elegido el mejor compositor latino, etc, etc. Por suerte siempre existen sujetos que ante tanta adversidad se ponen la guitarra al hombro, la bata o la jirafa para cantar y dan pelea ante tanta mala onda.

El caso de hoy es el de uno de esos sujetos que siempre está dando batalla ante cualquier vicisitud a la que se enfrenta, dado que no le le alcanzan las horas del día para inventar algún proyecto rockero nuevo. El susodicho muchacho es un tal Greg Mackintosh, fundador en aquel año 1988 de la icónica banda inglesa Paradise Lost, la cual marcó un hito en el dark/doom/gothic metal. Como parece que era poco el trabajo con este grupo, a partir del año 2010 formó Vallenfyre, en donde dejaría la guitarra y pasaría a encargarse de la voz, con la cual optó por incursionar en un nuevo estilo musical que aún no había probado, el death.

Por su parte, para setiembre de 2018 el inquieto de Greg cerró este proyecto para embarcarse en la odisea de la que hoy venimos a detallar. En ese momento se puso manos a la obra y se dedicó de lleno a su nuevo proyecto: Strigoi. Este nombre refiere en términos de la mitología rumana, a las almas de los muertos que salen de sus tumbas durante las noches.

Declara Mackintosh: “Me aburro fácilmente. Tengo un lapso de atención muy corto. Me encanta el doom metal, me encanta el funeral doom, el crust punk, el grindcore… todas estas cosas. Pero por lo general, después de dos canciones de cada uno, pienso: Bien, ¿y ahora qué sigue? Y ese es mi problema. Me recuerda a un amigo que siempre aconseja que “cada tres años hay que cambiar o de auto o de mujer”. Y en estos últimos tiempos ya lo he visto con tres autos distintos y un sin fin de damas… Ufff, qué felicidad”.

Pero volviendo a temas musicales, digamos que Greg, para la conformación de esta nueva banda, reclutó a Chris Caset para el bajo (ex-Vallenfyre, Extreme Noise Terror, Sanctorum), Guido Zima en la batería (ex-Paradise Lost, Implore) y Ben Ash en la otra guitarra (ex-Satyricon, Carcass, Desolation).

Para esta reseña venimos a presentar el segundo álbum de esta banda que salió hace unas semass y se llama Viscera. Nos cuenta Mackintosh sobre este disco: “El primer álbum (Abandon All Failth, de 2019) fue con el que le dimos una propia identidad a la banda, separada de Vallenfyre, aunque es una especie de continuación obvia, en cierto modo, y también de Paradise Lost. Pero con Viscera, es una combinación de ir un poco más allá, haciéndolo un poco menos crudo. Porque lo habíamos hecho en la enésima potencia con Vallenfyre. También diría que hay un poco más de diseño en el sonido allí para hacerlo muy espeluznante e inquietante”.

La banda incursiona en estilos death/doom/grind conformando un combo de una música pesada, densa, oscura en el sentido de melancólica. No es un hueso fácil de roer, es más bien una musicalización para etapas difíciles de la vida de uno y una banda sonora muy ajustada al estado putrefacto en el que se encuentra nuestro mundo en la actualidad. El disco contiene 10 canciones en unos 47 minutos en total, donde se nos ofrece una música lenta y odiosa que no deja espacio a la luz, a la esperanza ni a las emociones positivas.

El arranque del disco con “United in viscera” es un pantallazo de lo que vendrá. Un ritmo en medios tiempos, sofocante y desesperado, sumado a la letra del tema que ofrece intenciones puramente oscuras. Para el segundo tema “King of all Terror”, ya de arranque tenemos una sugestiva voz que te dice «suicide, suicide», y luego un grito aterrador que te introduce al tema donde en principio suena a un death clásico, rápido y violento, por más que sea por unos instantes nada más, dado que al poco tiempo el tema se hunde en un profundo y oscuro pozo de lamentos.

Convengamos que Mackintosh no es ningún tonto y obviamente no haría un disco como para que te tientes en probar qué se siente una soga al cuello atada desde una lámpara en el techo de tu hogar; claro que no, precisa vender discos y entonces, al no existir aún un método de financiación de compra de discos por parte de cadáveres (ya que por lo pronto sería muy difícil intentar que vuelvan al carril de la formalidad de pagos, dado principalmente por el hecho de su más absoluta falta de voluntad por realizar cualquier tarea) la generalidad del disco es la oscuridad pero sólo como reflejo de lo que sufrimos a diario en este putrefacto mundo.

El disco ofrece también algunas canciones con elementos crust y en temas como el ya mencionado “King of all terror”, más también en “Napalm frost” o “Redeemer”, por ejemplo, la banda suma pistas con pinceladas de death metal de velocidad muy rápida al principio y de corta duración, aunque tan solo sea para despistar, ya que la generalidad son las melodías lentas y cortantes. El resto de los temas son de duración media y alguno un poco más extenso, con ritmos lentos, lúgubres y sombríos como en “United in viscera”, “An ocean of blood”, “Bathed in a black sun” y “Byzantine tragedy”.

Sobre el estilo de las canciones, Mackintosh declaró que: “La última canción del álbum, “Iron lung”, por ejemplo, era una idea que tenía para una canción en la que debías sentir como que no puedes respirar, que sintieras como si tuvieras un peso encima enorme. Y el resultado es probablemente la canción más difícil de superar del disco. Porque creo que transmite eso”.

En resumen, es un álbum de brutales guitarras con melodías aserradoras, una percusión titánica de despiadadas y tronadores tambores, más un bajo preciso y afilado que conforman el muro de sonido impenetrable, el cual, sumado al dolor de garganta enfermizo y gorgoteante de la voz de Mackintosh y sus gritos guturales de ultratumba, conforman un disco de atmósfera incómoda y morbosa que te sacará de tu zona de confort y te dará un placer únicamente comparable a la tortilla sin sal de acelga y brócoli que tu pareja alguna vez te haya ofrecido.

¡¡¡¡¡¡A disfrutar!!!!!!

Tomás Cámara