Digamos que en los días de Crossroads, hubo un momento en el que todo funcionaba como si se tratara de un plan preconcebido y que la «empresa» había adquirido un grado de madurez comercial que se notaba hacia afuera por la variedad de recursos y curros para conseguir discos que provenían de lugares que no podés imaginarte. Pero esta historia no es acerca de «piques», «contactos» y trapisondas varias. Es acerca de LA PASIÓN. Esa cosa que se siente cuando te cae la ficha de que «tenés que conseguir» ese disco. O la poco estudiada patología del comprador serial (de vinilos, cds o lo que sea).