Deicide – Deicide (1990)

A 30 años de un debut magistral

Comenzaba aquel invierno de 1990, el número 12 en mi vida, y transcurría sin grandes sobresaltos. La pubertad, las hormonas, el desarrollo del vello púbico, el cambio para el liceo, entre otras tantas que rondaban mi vida haciéndome sentir cada vez más pusilánime.

Mi tiempo lo invertía en escaparle a los deportes para evitar la prematura muerte y pasar tiempo con mi selecto grupo de amigos, con los cuales compartía muchas cosas en común, pero con ninguno la totalidad de bandas musicales que escuchaba. Mis cuatro fantásticos (Ac/Dc Metallica, Kiss y Ozzy) venían o bien de algún disco pobre y no muy exitoso como el Hot In The Shade de Kiss de 1989, Ozzy con un disco recopilatorio y otro en vivo pero sin material nuevo, mientras que Ac/Dc y Metallica ya tenían discos editados años atrás y estaban con materiales en las gateras para prontamente publicarse.

Todo estaba dado para que varias puertas hacia distintos caminos se comenzaran a abrir y así explorar nuevos horizontes musicales. Tuve la suerte de no caer en la “pasta base” del grunge el cual arreciaba por aquel comienzo de década. Y así fue que aquel invierno de 1990 conocí a otro de mis grandes amores. Y fue amor a primera oída.

A los efectos informativos, Deicide (en español significa “el que da muerte a Dios”) es una banda formada en Tampa Bay, Florida, EEUU en 1989, por el vocalista y bajista Glen Benton, los hermanos y guitarristas Eric y Brian Hoffman, y el baterista Steve Asheim. En verdad los músicos sin Benton ya estaban juntos formando la banda Carnage desde 1987. La historia luego continua con que Benton publica un aviso para formar una banda y Eric Hoffman respondió al mismo para unirse, en un principio bajo el nombre de Amon y editar su primer EP en 1987, denominado Feasing the Beast. Unos años después, en 1989, editaron su segundo EP, Sacrificial. Luego, por consejo del sello Roadrunner, decidieron cambiar el nombre de la banda por Deicide.

Para comienzos de 1990 la banda ya estaba conformada y estaba grabando su primer disco. El 25 de Junio de 1990, hace exactamente 30 años, el disco estaba pronto y salió a las calles. El disco es en realidad la conjunción de aquellos dos EP de las bandas antecesoras a Deicide, más la agregación del tema que da nombre al disco y homónimo a la banda, más el tema Mephistopheles.

El disco abre con el tema “Lunatic of God’s Creation”, siendo que lo primero que se escucha es el ruido de la apertura de las puertas de infierno, para luego comenzar con los riffs de guitarra de los hermanos Hoffman que entran en acción y la batería de Steve Asheim a todo trapo y doble bombo. La letra de esta canción es un relato directo sobre ese “lunático creación de Dios”, como es el inefable de Charles Manson. Lo que más sorprende de la banda es la forma de cantar del otro lunático como es Benton, el cual pega unos alaridos desgarradores y gritos guturales con doble entonación, tanto graves así como unos chillidos agudos demoníacos que parecen unos gritos de ultratumba. Mucho se ha discutido acerca de la forma de cantar y si las distintas voces que logra es con la utilización de efectos o por los filtros de un vocoder, pero luego de años de controversia yo tomo por buenas las propias declaraciones de Benton en cuanto dijo hace unos años que no utiliza ningún efecto para hacer sus voces, sino que tan solo disfruta de su maligno don, una prodigiosa técnica para expeler los gruñidos más espeluznantes que jamás alguien haya escuchado alguna vez.

Continua la placa con la canción “Sacrificial suicide”, la cual comienza con un fade in del riff de la guitarra principal para enseguida entrar la batería con su doble bombo a toda velocidad. Arranca Benton con su prédica hasta cierto momento en el que la canción hace un parate para entrar de nuevo en ritmo, y ahí Benton comienza un recitado gutural a hiper velocidad grabado con su doble entonación, también desquiciada y diabólica, para en el final cerrar gritando “¡¡Tómame!!”. De esta canción surge la controversia acerca de que Benton habría afirmado con esta lírica que deseaba suicidarse a los 33 años, misma edad en la que murió Jesús. Como es sabido a esta altura de la historia, ese hecho no aconteció y BENTON sigue girando vivito y coleando. Por supuesto que hubo unos cuantos que no le perdonan a Benton que no haya cumplido con su dictamen satánico, pero sucede que es Satanista, pero no boludo.

Luego “Oblivious to evil” comienza lenta con un ritmo de introducción en conjunto de la batería y las guitarras, para dar paso a un grito de Benton pidiendo “Únetenos”. Es toda una demencial bomba atómica llena de ritmo que invita a peludear a lo loco, con un frenesí descollante hasta sentir que la nuca se destraba y estás a punto de perder la cabeza.

Ya en el cuarto track nos encontramos con lo que a la postre será todo un clásico para la banda, un himno también para el estilo death que por esos años estaba a flor de pie. “Dead by dawn” presenta riffs descendentes, percusivos, de medio alcance, silenciados con la palma de la mano basados ​​en tercios menores siendo descollante y descomunal en su fiero ritmo ya desde su comienzo, con un magistral Steve Asheim a la batería el cual demuestra el peso y talento que posee. No se queda atrás la familia Hoffman, quienes parecen sacarle brillo a las cuerdas de sus guitarras de tanto rasgarlas, sin desmerecer la labor de Benton, quien en esta oportunidad parece vomitar sus cuerdas vocales y hasta sus tripas cuando expele ese demoníaco “Deeeeaaaad by Daaaaaagggggg…”.

Sigue “Blaspherereion” que es otro track hiperalocado con una batería que destroza los nervios, porque aplica doble bombo en los cuatro minutos de la canción, lo que te deja atónito. Así la sincronización de las guitarras es magistral y tenemos a un Benton especialmente inspirado y atroz, sobre todo en los cortes abruptos del ritmo en el estribillo cuando en unas ocasiones grita “Dieeeeddddd” y en otros “Blaspherererioooonnnnnn”… Demencial.

Bueno, ahora sí. A continuación el tema homónimo del disco el cual es toda una clase del más puro y clásico death. Un tema que más de death parece un thrash muy al estilo Slayer, porque es una canción muy rítmica, es todo un rock para poguear. Todo un himno y un clásico de aquel 1990 que recuerdo haber disfrutado luego que Berch anunciase que era el “Hit del Verano – Punta 1991” Puffff… qué glorias y qué deleite escucharlo por toda nuestra costa oceánica desde Punta Espinillo hasta Manantiales y José Ignacio… ¡¡¡Qué épocas de buena música!!!

Otra canción que emite una atmósfera increíblemente inquietante es “Carnage in the Temple of the Damned”. Esta canción trata acerca del líder espiritual de origen norteamericano, Jim Jones, quien promovió el suicidio en de Jonestown, Guyana en noviembre de 1978, matando a 918 personas con la idea del fin de este mundo y la entrada a uno nuevo, el paraíso, bla,bla,bla… La música es, sin duda, tan extrema y brutal como la veracidad de la letra por su lamentable estricta referencia con la realidad.

Acto seguido nos encontramos con el track “Mephistopheles”, donde el riff principal se basa en un ritmo de 6/8 de tresillos galopantes, con doble bombo. La letra refiere al demonio del folclore alemán, conocido por la obra del Fausto, quien vendió su alma a Mephistopheles a cambio de sabiduría. Su nombre significa “El que no ama la luz”.

“Day of darkness”, otro track de composición y ejecución vertiginoso y de híper velocidad, con un arranque con Benton a los gritos y alaridos desesperantes provenientes del último círculo del infierno. Una letra con mensaje sencillo y directo: “Es el día de la muerte, cuando el fuego caiga del cielo… Recemos, día de oscuridad”.

“Crucifixation” es el track final con un cierre a toda adrenalina, con un comienzo donde Benton parece recitar y blasfemar: “Dale alabanza a Satanás porque él ha ganado”. Llegado el estribillo, vuelve a cantar a todo trapo y retoma el tema para terminarlo recitando nuevamente otra serie de injurias nada dignas para una reunión de chicas para tomar el té.

Son apenas unos pocos minutos más de media hora de música y blasfemia contra todo el sistema religioso, principalmente el cristiano. De esta forma, Deicide obtuvo el lanzamiento como álbum debut de un conjunto de canciones en tono de maldad y efecto demoníaco, con un Benton que suena como el anticristo, que terminan logrando el efecto que buscaron: imponer un estilo particular dentro del death a través de una obra simplemente original y única.

Por supuesto que el death metal como tal ya existía desde hacía varios años atrás de ese 1990, sobre todo con bandas que al igual que Deicide aún siguen vigentes, como puede ser Morbid Angel, Carcass, Cannibal Corpse u Obituary, todos ellos en pleno auge de madurez compositiva.

Pero lo que es indiscutible es la firmeza con la que irrumpieron en la escena musica,l lo cual no muchas bandas hacen desde su álbum debut y además fijarse una estampa de la cual Benton y sus secuaces se jactaban abiertamente, de ser señalados por los demás como los chicos más malos de la movida.

La banda es una mixtura de varios elementos que detonaron en el momento y lugar como para hacer el mayor daño posible. Así es que los hermanos Hoffmann en sus guitarras demuestran que el estilo death es feroz y de riffs rápidos y pesados. Por su parte Asheim hace muy bien su trabajo otorgando la fuerza que se precisa para las canciones, mientras que el aporte de Benton no es precisamente en su instrumento, el bajo, dado que no se precisa un master en solfeo para lucirse en este estilo. Lo que sí es indiscutible es que el gran aporte de Benton es su increíble forma de cantar, sobre todo en su estilo particular de doble entonación.

Convengamos también que gran parte de la mística de la banda y el shock o gran golpe ha sido la personalidad de Benton y su posición ante la vida. Hay que reconocerle que cuando quiere es obstinado en conseguir lo que busca. Principalmente por su decoración de la “cruz invertida” en su frente, la cual tuvo que sopletear al menos nueve veces para que le quedara la cicatriz deseada, y que es símbolo de su idealismo y marca ineludible de su personalidad.

Ahora bien. No todo dura toda la vida. Ya entrados en el siglo XXI y desde hace años sin la compañía de los hermanos Hoffman, la cuestión de la “cruz invertida” y el death se han convertido un poco en “plastic metal” o “death 2.0 bis no tanto”. Porque en esta etapa de “ya casi nada importa, hago lo que pinta” y “da lo mismo un buen señor que un inmoral estando todos revolcados en el mismo lodo…” ya que hagamos un poco de death o algo más o menos parecido, todo para rendir honor al Sr. Billete, da un poquito de pena. Sin embargo, los clásicos siempre estarán ahí para ser revisitados las veces que sea necesario y recordarnos, al fin y al cabo, esa odiosa (y tal vez hasta acertada) máxima que dice que lo de antes siempre fue mejor.

Me quedo con la conciencia tranquila que pude hacer realidad mis sueños y pude verlos en vivo en su mejor etapa, en aquel majestuoso sábado 30 de julio de 1994 en el Roadrunner Festival en el Estadio de Obras Sanitarias de Buenos Aires.

Tomás Cámara