The Black Crowes – The Southern Harmony and Musical Companion (1992)

The Black Crowes tuvieron su nacimiento en el año 1986 por parte de los hermanos Chris y Rich Robinson, bajo el nombre de Mr. Crowe’s Garden en la ciudad de Atlanta, Georgia, EEUU, quienes ocupaban los roles de vocalista y de guitarrista respectivamente. En 1989 reclutaron a Johnny Colt en el bajo y a Steve Gorman en la batería, y en guitarra, aparecía Jeff Cease, quien grabaría el primer disco, y prontamente abandonaría el emprendimiento.

El sonido del grupo ronda los clásicos estilos americanos como son: el blues, el soul, el folk, country o el gospel, con fuertes influencias del rock sureño de bandas como Allman Brothers o Lynyrd Skynyrd.

Los trabajos discográficos de la banda comenzaron en 1990 con la edición del LP  llamado Shake Your Money Maker, logrando un éxito considerable sobre todo a partir de la edición del sencillo “Hard to handle”, reversionando un tema original del músico de soul Otis Redding, y del lanzamiento del sencillo “She talks to angels”.

Para el disco que rememoramos en esta oportunidad, el cual en este 12 de mayo cumplió 28 años de editado, el grupo cambió de guitarrista, luego del abandono de Jeff Cease, y de su sustitución por Marc Ford procedente de la banda Burning Tree, y el tecladista Eddie Harsch más la incorporación de coros femeninos con las damas Barbara and Taj. Con estos ingresos la banda obtuvo lo que necesitaba: músicos estables con mucha técnica y así entonces los ingredientes para leudar un buen rock ya estaban en su totalidad.

El nuevo álbum, el segundo de la banda, que lleva el nombre de un himnario sureño posterior a la Guerra Civil, The Southern Harmony And Musical Companion, entró en la lista de álbumes de Billboard de EEUU en el número 1, vendió millones de copias, y según palabras de Chris Robinson: “Fue nuestro verdadero éxito y creo que con las personas que están en The Black Crowes, es nuestro mejor disco, nuestro álbum clásico”.

 

El álbum es un conjunto de vibrantes riffs de la guitarra de Rich así como por la apasionada y fuerte voz de Chris. Un disco de 10 canciones con fuerte ambientación al rock de los ’70, en donde únicamente el track de cierre no es un tema original de la banda, sino un cover de un clásico de Bob Marley, “Time will tell”.

El disco abre con un sugerente riff de la guitarra de Rich Robinson y un sólido beat de la batería en el tema “Sting me”. Chris Robinson canta en forma mancomunada con los coros en una especie de diálogo donde se contestan cada una de las frases mientras la canción comienza a ganar intensidad.

Ya para el segundo lugar nos topamos con este clásico de clásicos, como es la exuberante “Remedy”, una canción muy rítmica, con muchas idas y vueltas y una participación enloquecedora de los coros que te invitan a dejar tu cómodo sofá y ponerte a saltar y danzar al mejor estilo “hippie hiperfalopeado”, al igual que nos muestra Chris. El piano suena como el del viejo Ian Stewart o el del actual Chuck Leavell, ambos de los Stones, quien además tuvo éste último su cuota de participación en el primer disco de la banda.

Un comienzo así para un disco es algo monstruoso. Pocos LP empiezan dándote tanto ya desde su inicio, ya que “Sting me” y “Remedy” son dos obras maestras del rock más puro y duro con unos retoques de blues y sureño del antaño paladar de los hermanos Allman o sus amigos los Lynyrd. Chris Robinson, en un estado de felicidad, nos muestra sus mejores tonos mientras uno se lo puede imaginar descaderándose y bailando a su mejor alocado estilo. Y qué se puede decir de ese par de guitarras agresivas y crudas de Rich Robinson y Marc Ford.

El grupo tiene una fuerte influencia de la mejor etapa de los Stones, de finales de los ’60 y sus discos de principios de los ’70. Se podría hasta argumentar que son unos de sus mejores sucesores, si es que no fuese porque también aparecen pinceladas del sur de los EEUU, entre el blues, jazz y gospel.

Continúa el disco con una bellísima balada acústica, “Thorn in my pride”, donde Robinson canta en una forma tan áspera y cruda que te recuerda a Rod Stewart. Un deleite es también el dueto de solos donde las guitarras se sacan chispas entre ellas, para luego de cierto momento hundirse el tema en un recitado de Chris con un piano al mejor estilo gospel, que no sabés si por esas causalidades aparecerá por allí  la entrañable Aretha o Etta, para finalmente retomar el tema con la entrada de los coros a darle potencia, y sobre el final terminar tranquilo tan sólo con un piano y una guitarra con ecos. ¡¡¡Una joyita!!!

Luego viene “Bad luck blue eyes goodbye” al mejor estilo blues lento e intenso, en el cual Ford brilla con sus solos de guitarra trasmitiendo un sentimiento de desesperanza y bronca contenida, al igual que Chris lo usa en su tono de voz tristón y melancólico para cantar. Sigue luego la espectacular “Sometimes salvation” con su ritmo lento e intenso como un rock que arranca una y mil veces dado su extremo y particular riff de cortes secos.

Como si viniéramos con poca cosa, el disco nos presenta a continuación otro clásico de clásicos como es “Hotel Illness”, un rock bien definido, sencillo y muy digerible. Al mejor estilo Stones del Sticky Fingers, el tema hasta el segundo 0.25 no sabés si es de los ingleses o de los Crowes, porque empieza con una  guitarra muy a lo Keith Richards, a lo que se le suma una armónica muy de Jagger, para confundir aún más. Pero una vez que entra a cantar Chris ya se fija el sello distintivo de la banda, conjuntamente con la otra guitarra que es una electroacústica, lo cual todo le otorga definitivamente un aire más del sur de los EEUU que del centro de las Islas Británicas.

Seguido viene “Black moon creeping” que es otro gran tema de comienzo muy Stone, de un ritmo muy pastoso y denso. Es un rock de tempo lento, donde al llegar al estribillo brilla por doquier con Chris a los gritos, los coros dándole apoyo y una guitarra muy funk con uso del pedal wah wah acompasando el nuevo tempo. En general un tema bien sureño, denso, pantanoso, si se permite la expresión, muy Bayou.

A continuación nos encontramos con “No speak no slave”, lo que vendría ser el mejor ejemplo de otra de las influencias de la banda, como son los Led Zeppelin. Es un tema de puro hard rock con un riff de guitarra muy elaborado y una base rítmica donde la batería constantemente está marcando el paso, el cambio de ritmo o la entrada al estribillo, y donde Robinson hace lucir  a su guitarra y hasta se pasa de rosca con su solo muy distorsionado.

“My morning song”, un tema muy al estilo Zeppelin, también donde especialmente Robinson usa slide en su guitarra, dándonos en la parte intermedia y el solo, sus mejores efectos. El intermedio es una joyita y hasta podría ser todo un tema aparte del principal, ya que particularmente desde el minuto 3:07 y por casi dos minutos, hasta el minuto 5:05 son mi parte favorita la cual escuché una y mil veces (sí, es raro, pero soy así y lo admito). Chris se luce cantando, los coros de fondo brindan un maravilloso ambiente y es fabuloso el aporte slide de Rich, donde dejan en claro que además de hermanos dedicados a lo que mejor saben hacer, son dignos herederos del lujoso legado de otro enorme par de hermanos, como fueron Duane y Gregg.

La frutilla de la torta es el tema del cierre de la placa, una inesperada versión de una canción de Bob Marley, “Time will tell”, la cual convertida en un cover lleno de armonía sureña y tintes de rock, brindan ese original “touch” para la culminación del disco.

En enero de 2015 Rich Robinson anunció la separación del grupo debido a un desacuerdo con su hermano Chris, y a pesar del repentino fallecimiento del tecladista Eddie Harsch sobre finales del año pasado, los hermanos anuncian la reunión de la banda tras limar asperezas, y deciden comenzar un tour por diversas ciudades de Estados Unidos con motivo del 30 aniversario de su primer disco, Shake Your Money Maker.

En definitiva, The Southern Harmony And Musical Companion le dio a los Black Crowes la notoriedad merecida para ser unos excelentes embajadores del mejor rock de los años ’70 con excelentes reminiscencias al estilo sureño, blues y gospel, siendo a su vez excelsos creadores de obras musicales que perpetuarán el estilo por varias décadas. Y todo fue creado en una década de los ’90 en la cual nunca nos lo hubiéramos imaginado.

Tomás Cámara