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ABRIL 1949- Se publica la fábula totalitaria del autor inglés George Orwell, considerada una advertencia después de años de meditar sobre las amenazas gemelas del Nazismo y Estalinismo. La distopía escalofriante que narra “1984” causó una profunda impresión en los lectores y sus ideas marcaron a fuego la cultura popular como pocos libros lo han hecho. El título y muchos de sus conceptos como “El Gran Hermano” y “La Policía del Pensamiento” son reconocidos y entendidos instantáneamente a menudo como sinónimo de abusos sociopolíticos modernos.

Describe un Estado en el que atreverse a pensar de manera diferente era castigado con la peor tortura (enfrentar tus mayores miedos) en la habitación 101. Un mundo en donde las personas son monitoreadas cada segundo del día y sus pensamientos están distorsionados por las ideologías. El lenguaje propagandístico (creado por el Partido Único) conocido como Newspeak, está diseñado para limitar el pensamiento libre y promover sus doctrinas aniquilando el Yo y destruyendo la capacidad de reconocer el mundo real, transformándose en un recordatorio aleccionador de los males de los gobiernos responsables.

El régimen se propone erradicar muchas palabras mediante un sistemático despojo del significado del lenguaje. Su discurso incluye el “Doble Pensamiento” (mantener dos ideas contradictorias al mismo tiempo), que se refleja en consignas como “La Guerra es la Paz”, “La Libertad es la Esclavitud” y “La Ignorancia es la Fuerza”. Existe un control absoluto mediante la vigilancia continua.

Su protagonista Winston Smith, es el símbolo de los valores de la vida civilizada y su derrota es un ejemplo conmovedor de la vulnerabilidad de tales valores frente al asedio permanente de Estados Todopoderosos. Orwell entendió que los regímenes opresivos siempre necesitan enemigos que son creados arbitrariamente atizando las emociones de la gente a través de la propaganda. Pero en su descripción de los “Dos Minutos de Odio” también previó como actuarían las multitudes digitales. Profético, incuestionable y útil. Un manual para tiempos difíciles. Long live Big Brother!!

ABRIL 2020- Aceptamos que China detuvo la pandemia como consecuencia de las medidas drásticas de confinamiento que su gobierno llevó a cabo. Sin embargo, destacados virólogos afirman que la evolución china de la enfermedad es la habitual de toda epidemia de virus respiratorios: comienza, alcanza un pico, se estabiliza y regresa espontáneamente. Para combatir el virus se están tomando medidas extraordinarias, sin base científica, provocando más daño del que evitan. Poniendo en cuarentena forzada a países enteros interrumpiendo toda actividad industrial, comercial incluyendo las escolares y sociales. Las consecuencias de estas arbitrarias decisiones serán el desempleo para los trabajadores precarios, el cierre de las pequeñas empresas incrementando la desigualdad y la pobreza además de un debilitamiento del Sistema Inmunológico de las personas contribuyendo, de esta manera, a un aumento de la mortalidad.

El Dr. Wolfgang Wodarg (uno de los más prestigiosos infectólogos del mundo) declaró: “No estudié, durante 50 años, Epidemiología para secuestrar a 7 mil millones de personas”. Esos dichos llevaron a que la Junta de Salud Alemana le suspendiera la membresía, retirándole todos los altos cargos que poseía en organismos internacionales. La historia tendría que habernos enseñado a desconfiar de las tesis hegemónicas.

Salvo que seas un idiota (según su etimología: aquel que se preocupa sólo de sus intereses particulares, sin prestar atención a los asuntos públicos o políticos), la situación que estamos padeciendo debería generarte, al menos, un pequeño manto de duda. El Covid-19 vino para quedarse y habrá que aprender a convivir con él como lo hicimos con el H1N1. Si realmente quieren que el sistema sanitario no colapse, los medios no deberían contribuir al pánico. Desactivar la alarma resulta clave. Evitar el círculo vicioso: mayor terror generado, más riesgo de saturación de hospitales.

Según la OMS, en el mundo cada año existen más de 6 millones de individuos con el virus de la influenza con consecuencias graves por las cuales mueren 700 mil pacientes. Esta cifra en temporadas pasadas no tituló ningún periódico, tampoco se recuerda a informativistas, con ábaco en mano, contando muertos en pantalla. Temele a lo que está detrás del Coronavirus. Somos víctimas de una estafa mediática global sin precedentes. Asistimos al mayor crimen de lesa humanidad de la historia. No es lo mismo muerto “por Coronavirus” que “con Coronavirus”. El pánico además de debilitar el sistema inmune deteriora la comprensión lectora. Magistral jugada basada en la ignorancia, el miedo y la culpa. Todos secuestrados frente a la TV experimentando el Síndrome de Estocolmo en su máxima expresión. Presos voluntarios pagando por techo y comida mientras aplaudimos nuestro encarcelamiento. El hambre mata más rápido que el Coronavirus. Comienza el reseteo. Nada volverá a ser igual.

“Era un luminoso y frío día de abril, y el reloj daba la una de la tarde”. Al parecer, la realidad continúa superando ampliamente a la ficción.

Hugo Gutiérrez