Patrulla de Ratas

Combat Rock (1982) le dio a The Clash el éxito comercial en Estados Unidos que sus admiradores creían que merecían y que los críticos esperaban de ellos desde que su histórico álbum London Calling se proclamó universalmente como el último gran disco de los años ’70 (dependiendo de qué lado del Atlántico estuvieras, también podría haber sido el primer gran disco de los años ’80). Los primeros dos singles de Combat Rock, el funky new-wave boogie “Rock the Casbah” y el prolijo power pop “Should I Stay or Should I Go”, tuvieron un rendimiento excepcional, obteniendo mucha rotación en MTV, una presentación en Saturday Night Live, y un concierto como soporte de la gira de regreso de The Who (1982) en varios estadios de USA.

El éxito desbocado de Combat Rock nació de las sesiones de grabación más tensas y quizás las menos viables comercialmente en las que The Clash estuvo involucrado, lo cual no es poca cosa, dado que el grupo es conocido por las peleas y los excesos en el estudio. Antes de que saliera a las bateas el Combat Rock, existió un álbum titulado provisoriamente Rat Patrol From Fort Bragg, cuyo borrador inicial fue concebido casi en su totalidad por su guitarrista y compositor, Mick Jones. Los registros no autorizados de las sesiones de Rat Patrol, que eventualmente surgirían años después, revelan que el álbum propuesto no sólo es superior al lanzamiento oficial, sino que es uno de los mejores álbumes “perdidos” en la historia de la música pop. Incluso en forma pirata, Rat Patrol From Fort Bragg se erige como una de las grabaciones más atrevidas, intrépidas e idiosincrásicas jamás registradas por un importante artista discográfico.

Inmediatamente después de la edición del desafiante álbum triple Sandinsta!, The Clash se embarcó en una pequeña gira. Luego regresó al estudio en Nueva York para completar su quinto LP; desafortunadamente, no estaban en buena forma. El prodigio de la batería, Topper Headon, se acercaba cada vez más al fondo debido a su desagradable hábito de heroína, mientras que el letrista Joe Strummer y el bajista Paul Simonon habían vuelto a contratar a su antiguo manager para, otra vez, cambiar el sonido y la imagen del grupo. Mick, el único músico real y funcional de la banda, estaba en desacuerdo con el deseo de Joe de volver a lo básico y con la intención del manager de arrebatarle el control creativo. Es así como Mick decidió poner todas sus ideas en un nuevo disco. Como era el único con conocimientos de producción e ingeniería, no había nadie alrededor que lo pudiera detener. Patrulla de Ratas esencialmente sería la última declaración de Mick, un híbrido altamente mecanizado de funk-hip-hop (de Nueva York), reggae y rock.

El álbum resultante, que Mick grabó en los Electric Lady Studios de Nueva York desde noviembre de 1981 hasta enero de 1982, es realmente algo digno de contemplar. Con un tiempo de ejecución de alrededor de 76 minutos, dependiendo de la versión, hubiera sido el tercer lanzamiento consecutivo de los Clash como LP doble o triple.

Aquí es donde escribir “8:08, la columna que atrasa” se torna más complicado: el análisis, la etiqueta. Lo curioso es que no hay género musical para “Rat Patrol”: es un disco único. Mick Jones logra destilar cada estilo e infiltrar a The Clash, como en sus dos álbumes anteriores, logrando un sonido propio. Quizás esto quedó mejor plasmado en el tema que abre el álbum “The Beautiful People Are Ugly Too”, donde un reggae funky sienta las bases para ruidos de sintetizadores, gorgoteos electrónicos y lamidas de guitarra surf, mientras Strummer y Jones intercambian versos con su veneno característico: “Admítelo, pensaste que eras el héroe”, Strummer ironiza en la mitad de la canción. “Kill Time” es un espeluznante calipso-hip-hop con bajos pulsantes, tambores de acero funky y letras crípticas. Llenas de imágenes atómicas de la guerra fría, los textos cínicos y violentos de Strummer son más efectivos que en trabajos anteriores, buceando en la psicología de los drogadictos, veteranos de guerra, traficantes de drogas y otras criaturas del inframundo que han aparecido anteriormente en muchas de sus canciones.

También figura Travis Bickle (personaje principal de Taxi Driver) en el apocalíptico doblaje de “Red Angel Dragnet”. Allen Ginsberg hace una aparición en la pista propulsora post-punk “Ghetto Defendant” escupiendo pasajes distópicos monologados mientras Strummer advierte con un poderoso grito de protesta: “Es la consecuencia de la heroína, no el gas lacrimógeno, ni la carga del bastón, lo que te impide tomar la ciudad”. El hipnótico “Sean Flynn” es la pieza central del álbum, donde los sintetizadores espaciales y los riffs de saxofón en espiral se cuadran sobre los tambores tribales con la dicción cansada de Strummer deambulando entre un mar de ecos y reverberaciones, como uno puede imaginarse al verdadero Sean Flynn deambulando en la guerra por las selvas de Vietnam. Es en la simbiosis de la poesía visceral de Strummer y la producción efectiva de Jones que la experiencia de escuchar a Rat Patrol se vuelve sumamente interesante. Incluso los futuros singles de Combat Rock, “Rock the Casbah” y “Should I stay or should I go?”, aparecen aquí, aunque en formas casi irreconocibles, enterrados bajo capas de diálogos y sobregrabaciones de estudio. La rareza titulada “Walk evil talk” es el trabajo del fanático de jazz residente de la banda: Topper Headon. Un tema instrumental, de 7 minutos y medio, con batería y piano ejecutados por Headon. La secuencia del álbum irradia una bruma espesa y cinematográfica, cargada con melodías lúcidas que se vuelven cada vez más retorcidas y extrañas hacia el final del álbum. Casi suena como una banda sonora ficticia para Apocalypse Now, si hubiera sido dirigida por Scorsese. Jones sale ileso con su producción futurista, utilizando drones electrónicos, gotas de eco digital y muestreo.

Entonces, la banda grabó este álbum alucinante y lo lanzó a la aclamación universal obteniendo ventas de platino, ¿verdad? Bueno, como probablemente habrás adivinado, cuando Jones presentó el producto “terminado” al resto de sus compañeros y a la discográfica, la respuesta fue unánime: NO. Joe Strummer y el manager Bernie Rhodes se opusieron a los largos tiempos de ejecución de varias de las pistas. “¡¿Todo tiene que ser una maldita Raga?!”, decía “Bernie” Rhodes. Los ejecutivos de CBS vieron el extraño híbrido underground del álbum como una amenaza para su comercialización. Jones fue superado en número, y CBS contrató al ex productor de The Who, Glyn Johns, para remezclar el álbum convirtiéndolo en un solo LP.

Jones no tenía consuelo. Estaba molesto con sus compañeros de banda por rechazar completamente su trabajo, apenas podía presentarse a las sesiones de remezcla organizadas por Johns, a menudo llegando varias horas tarde después de que las pistas de guitarra ya habían sido remezcladas. La mayoría de los mejores temas de Rat Patrol se eliminaron directamente, la duración de otras pistas se redujeron a la mitad, los versos se cambiaron o se omitieron y los efectos desaparecieron, cuyo resultado final es el “Combat Rock”.

¿Fue el remix de Glyn Johns la razón por la cual estas sesiones pudieron transformarse en un éxito comercial? Probablemente sí, pero gran parte del espíritu del álbum original se perdió en el proceso, dejando a Combat Rock sonando tibio y desigual. ¿Estaba el público listo, en 1982, para el reggae-narcótico-funk vietnamita de “Rat Patrol”? Lo dudo mucho; tal vez ni siquiera hoy lo esté. Aunque “Rat Patrol” nunca se lanzó oficialmente, Mick Jones logró la destilación absoluta de estilos y sonidos que su banda había buscado en sus cuatro álbumes anteriores mientras que Joe Strummer entregó sus mejores y más agudas letras. Patrulla de Ratas de Fort Bragg existe hoy sólo como bootleg, gracias a viejas copias de cassette, pero debajo de la erosión y el óxido de la cinta se puede escuchar el brillo candente de la enorme visión musical de Jones y Strummer finalmente alcanzando su forma más pura.

Hugo Gutiérrez