Keith Richards – Talk is Cheap (1988)

El reciente cumple de Mr. Richards me volvió a inspirar para repasar su excelente primer trabajo discográfico solista de estudio del año 1988, Talk is Cheap. Una receta musical que no podía tener un resultado final que fuera distinto al que tuvo, que fue un sonido típicamente Richards, pero con un acercamiento a lo stoneano que ni los propios Stones tenían por esa época.

Podría decirse que el sonido logrado a través de todo el disco exhuma (en ambas acepciones de la palabra) a los Stones. Acompañado por excelentes músicos como Ivan Neville, Charley Drayton y Steve Jordan, entre otros, el resultado no podía conducir a ningún otro destino si el que dirigía la nave era Richards. Cargado con rock y soul, con una clarísima influencia de la música negra que lo marcó desde el inicio, el sello inconfundible de sus guitarras y su voz áspera son omnipresentes en toda la placa.

Once temas nos llevan por el universo Richards, permitiéndonos trasladarnos a través de las distintas atmósferas que se crean con cada uno de las canciones. Si bien la línea del trabajo discográfico es clara, no por ello es repetitiva. Se pueden apreciar distintos colores e intenciones, que hacen que la escucha de este disco sea tan disfrutable como hace 31 años atrás.

“Big enough” tiene el desafío de abrir el desfile de temas soul-rockeros, dando ya la idea de cómo vendrá la mano. Es una buena introducción para dar paso al éxito “Take it so hard”, el cual no ha perdido el vigor y el sello que supieron darle cuando lo crearon. Sigue siendo una guía actual de cómo rockear con toda la onda. No le falta ni le sobra nada. “Struggle” trae otros climas, otro ritmo, otros aromas, y el disco sigue creciendo paralelamente al placer que produce su escucha. “I could have stood you up” suena divertida desde el principio, pero sería poco decir, ya que es un rock and roll con todas las letras. Temazo. “Make no mistake” propone bajar las revoluciones, y se recomienda acompañar la experiencia de dejarse envolver por la música y elevarse a través de la voz de Sarah Dash. Cerrando lo que es el lado A del vinilo, “You don’t move me” es una pieza excelentemente lograda, con una composición alquímica de instrumentos, dosificados de una manera justa y muy equilibrada. Richards se sigue luciendo con su poca voz, pero apropiadísima para el resultado buscado.

“How I wish” trae el clima festivo nuevamente, con la magia presente a lo largo del disco en todo su esplendor. Un gusto repasarlo de vez en cuando. “Rockawhile” va por otros caminos, distintos pero con el sonido ya reconocible a esta altura del disco. La intermitente guitarra de Richards nos trae el inicio de “Whip it up”. Sigue aportando buenas canciones, confirmando que a esta altura no hay manera de que el disco defraude. “Locked away” se afirma para seguir en ese camino, presentando al tema más diferente en cuanto al sonido, pero rápidamente asociado a este disco a través de la voz de Richards. El final viene con “It means a lot”, y realmente significa mucho. Por un lado porque el tema es como un cierre apropiadísimo para la propuesta desarrollada a lo largo de todo el disco. Y también significa mucho aún al día de hoy el aporte que este debut presentó al mundo y que, como ya mencioné, está aún muy vigente.

Simple, pero no tanto; efectivo en un 100%; creativo; con un producto final de excelente calidad en todos los aspectos. Mr. Richards and company dieron clase de cómo se hacen estas cosas. Se recomienda la escucha en cualquier momento.

Ariel Scarpa