Nicolás Molina – Querencia (2019)

Querencia es el tercer disco de Nicolás Molina, que en esta oportunidad se presenta como solista, dejando atrás a su banda Los Cósmicos, que habían participado en las dos primeras producciones del artista rochense.

Si bien el disco ya hace algunos meses vio la luz, vale la pena reseñarlo porque se trata de una obra magnífica, que marca un punto de inflexión de la producción musical del 2019.

Molina y los Cósmicos habían editado en el 2014 El Desencanto. Luego en el 2016 graban el segundo disco titulado El Folk de la Frontera, el cual obtuvo varias distinciones. Lograron 5 nominaciones en los premios Graffiti 2017, ganando en dos categorías, mejor álbum indie y mejor solista masculino del año.

Por otro lado participan con el tema “¿Qué pasó?”, de este último disco en el Premio Nacional de Música del MEC en la categoría rock, pop y tendencias, logrando el primer lugar del concurso.

Querencia está Inspirado en la naturaleza de sus pagos, los palmares, el mar, los ranchos. Los paisajes se combinan con los sentimientos que fluyen. Imágenes y narrativa dan forma al cuadro que nos ilustra una a una las canciones que van pasando como vagones de un tren cargados de contenido.

Molina dice: “Querencia es una hermosa palabra que es, la necesidad de volver al lugar físico en que nacimos”

El disco comienza con “Tres flores para el mar”, un tema que tiene una introducción con una guitarra española muy suave y triste que va hasta la mitad y luego cambia abruptamente transformándose en un sonido más incisivo y que nos introduce en la temática oscura del disco. El tema se va potenciando hasta utilizar la distorsión como corolario.

A continuación “El gran día”, una balada melancólica excepcional, seguro entre las mejores canciones del 2019. Una onda Leonard Cohen, con voz lúgubre, clima oscuro y profundo, una melodía gigante. (“Hoy es un buen día para ver, el sol fuera de la habitación, y me dispongo a salir, pero es todo oscuridad, el sol ya no está”… “el tiempo, el tiempo se fue, y es lógico que no va a volver, es algo que se escapa de la piel, es todo oscuridad y es todo eternidad”).

El tercer tema es “Qué pasó”, con arreglos en percusión muy delicados y la participación de un banjo que suena de fondo. En la atmósfera creada se despliegan guitarras con sonoridades increíbles que dan forma a otra destacada creación. (“Dando vueltas por mi pueblo, esperando no sé qué, voy borrando de mis recuerdos, lo que pasó ayer”).

Ya con esto tenemos suficiente para poner el pulgar hacia arriba, pero hay más.

“Pra lua eu vou viajar” está en portugués, segunda lengua del autor seguramente por la proximidad con la frontera de Brasil. Es una melodía folk nostálgica, siguiendo la misma línea de la propuesta. Si bien tiene algunos rasgos característicos del sur de Brasil en su tonada, en lo musical en ciertos momentos me recuerda al sonido de The Seeds, la banda de Nick Cave. Natalia Matos participa en vocales. Este tema tiene video oficial y fue creado y dirigido por Couple of Things, protagonizado por Diana Boccara y rodado con un Iphone X en el desierto de Atacama, Chile.

“Volver al mar” es el siguiente que empieza con algunas teclas, y la voz que sale algo de las tinieblas para deleitarnos con una canción muy sentida. Las guitarras que se destacan sobre las bases de teclados. Cuanto más lo escucho, más me gusta. (“Hoy te miro de lejos, aunque aún te siento acá, hoy te escribo canciones, que después voy a borrar, hablan de nuestra querencia de todo lo que no será, esa necesidad de siempre volver al mar,… la gente habla y habla demasiado, son las ratas del pueblo, uyy que poco ilustradas…).

“El marciano y el palmar” entra en la recta final del disco, aunque junto con el último tema son los más largos y suman casi 17 minutos. La lírica toma preponderancia en una base musical sencilla pero sólida. En determinado momento hay como un reinicio que se extiende instrumentalmente; está bien logrado.

Y el final para “Los últimos Hippies del verano”. Es la canción más larga, como no queriendo terminar de sonar nunca. Una vez más haciendo mención a su pago, su lugar de residencia, en donde el verano es movido y terminado éste, todo vuelve a ser tranquilidad. Un ciclo que se repite y se repite.

EL disco fue editado en vinilo por Little Butterfly y también está disponible en cd.

Ficha técnica: Grabado en Aguas Dulces & Paso del Bañado (Uruguay). Baterías en Sondor, Montevideo por Gustavo de León. Mezclado en Wavelab, Tucson, AZ (USA) por Craig Schumacher (Calexico).  Mastering en Buenos Aires por Warrior.

Nicolás Molina voces, guitarras, synthes, cajas de ritmo, percusiones. Pablo Gómez (Buceo Invisible) pianos, acordeones, teclados y synthes. José Nozar (Buenos Muchachos) bateria, castañuelas, percusión. Sebastián Arruti bajos.

Participaron:

Paul Higgs coros #1 #3 #5 #6 #7.

“Acuatic” guitar #5.

Raphael Evangelista cello #2 y #4.

Gabriel Balbinot banjo #3.

J Yabar guitarras #4.

Natalia Matos voces #4.

Emma Ralph, German Fernandez, Yaya voces #1 #3 #5 #6 #7.

Es un gran disco, introspectivo, personal. Son 7 melodías compuestas con delicados arreglos instrumentales y un contenido lírico destacado. Elaborado en base al dolor que ocasiona la pérdida, y de ahí en más todo el sentimiento que origina, con estrofas muy sentidas y una composición musical cuidada y consistente.

Una característica que tienen los artistas, y creo que los músicos en especial, es crear grandes obras partiendo del dolor, de momentos jodidos de la vida, en este caso con el intento de devolver un mensaje positivo, tomando como punto de partida la sinceridad.

Los adjetivos abundan para elogiar este trabajo, estamos ante un destacado artista que quiere transcender con su música y seguramente lo va a lograr porque tiene con qué.

Winston Estévez