En Redes Comunicantes el eje central es presentar conexiones de la música con otras expresiones artísticas o culturales, tender puentes que abran posibilidades a nuevos caminos, nuevas miradas. Este año fui invitado a participar de la llegada, por primera vez a Uruguay, de un festival referente en España. El espíritu de Sonorama Uruguay, que surge como ramal de Sonorama Ribera, se define como una pasarela de ida y vuelta para la presentación de artistas hispanoamericanos que aspira a volverse una costumbre.

El hacer. El poder llevar la idea al hecho es un acto supremo, absolutamente mágico y hace que podamos manifestar eso que existe en un plano, mental o de las ideas, y llevarlo a un plano que es perceptible por el resto de los humanos. El hecho de que se manifieste realizado en este plano no significa que otras personas puedan verlo, compartirlo o disfrutarlo. Eso es otra etapa, complementaria a la manifestación. Vamos a llamarla la difusión.

La suerte puede ser algo y es algo embromado. De la misma manera en que puede hacerte arañar el cielo, puede también hacerte abrazar el suelo. Y a veces ambas cosas en poco tiempo. El rock tiene muchísimas historias, pocas como la de Badfinger y su buena/mala suerte…

Los integrantes de la Generación Graffiti siempre estuvieron varios casilleros adelante. Hace 40 años que nos vienen advirtiendo acerca de las atrocidades que, hoy en día, estamos padeciendo. Los textos de cientos de canciones de los años ochenta, son motivo de análisis en las más prestigiosas universidades del mundo debido a su absoluta vigencia. Lo paradójico del asunto es que ese puñado de jóvenes roqueros uruguayos compartieron instrumentos, pedales, estudio de grabación, técnico de sonido y hasta integrantes. Aún así cada banda tenía su impronta, un sonido particular pero con la misma esencia, lo que le brindaba al movimiento una enorme identidad. En la actualidad, ninguna banda comparte guitarras, ni efectos, ni estudios de grabación, mucho menos ingenieros de sonido, pero, a diferencia de lo que ocurría en los ochenta, hoy en día todo suena igual, el éxito del trapero dominicano se confunde con la banda uruguaya más taquillera.

A finales de los setenta y primeros ochenta, algunos punks mantuvieron contacto con grupos clandestinos, organizaciones armadas y comunas de fugitivos. Se había creado un ecosistema de ayuda, una solidaridad y apoyo mutuos en toda Europa, que funcionaba con naturalidad. Era relativamente sencillo. Se compartía un ideal, pero también una forma de vida. No se podía imaginar vivir de otra manera, al menos para aquella facción de entre los punks, airados y anárquicos, que pasaron de la retórica de las letras a la «Propaganda por el hecho».

“El periodismo musical consiste en gente que no sabe escribir, entrevistando a gente que no sabe hablar, para gente que no sabe leer”. Zappa hizo este comentario, en 1977, durante una entrevista con un redactor del periódico Toronto Star. Años después de esa lapidaria frase, la crítica musical comenzó un proceso de paulatina extinción. Actualmente, los únicos géneros periodísticos que se practican son la crítica y la entrevista. Prácticamente ha desaparecido la crónica y el artículo de investigación se transformó en un catálogo promocional discográfico, en un momento en donde los nuevos soportes tecnológicos han cambiado radicalmente el consumo musical junto a su calidad de sonido. Las sucesivas generaciones de nativos digitales (aquellos nacidos entre las nuevas tecnologías) no demandan ni siquiera los créditos de la música popular contemporánea, mucho menos una crítica.