Fue en 1983, en un bar ubicado en 26 de marzo y Gabriel Pereira, donde Renzo Teflón conoció a Leonardo Baroncini, el baterista de aquel momento que tocaba con todo el mundo; era como si no hubiera otro y efectivamente no había otro que tocara como él. Tenía el punch y la precisión de Copeland. En ese entonces estaba grabando el primer álbum compartido de Alberto Wolf y El Cuarteto De Nos, entre otras cosas. También era un gran letrista; ahí mismo en el bar abrió su carpeta y le mostró a Renzo sus letras prolijamente mecanografiadas, entre las cuales se encontraba el texto de lo que, a la postre, sería el mayor éxito del rock uruguayo: “Himno de los conductores imprudentes”. He aquí la enigmática historia de cómo se llega a su accidentada grabación.

Aclaración sobre “La Celebración Del Cadáver”, por Guillermo Baltar Prendez.

Dicho texto es el resultado de mis observaciones sobre el estado del rock nacional, entre fines del pasado siglo y los primeros años de éste, siendo en su momento publicado por la Revista Digital 45.rpm.com. Por entonces, solía ir y venir con cierta frecuencia desde Madrid, lo cual me permitía tomar notas y conciencia, sobre los cambios sociales y culturales que estaban sucediendo en el país. Entre ellos los que se producían en torno al rock nacional, como parte de nuestra identidad y sus consideraciones a través de los medios de comunicación. El texto surgió como un proyecto de libro, que incluiría además diferentes reflexiones de artistas, extraídas de mis entrevistas hechas años anteriores, tanto para “La Semana” de El Día, como para el Semanario Jaque, y otras de cuño más reciente, realizadas en una breve estadía para la Revista Posdata.

En el apartamento de “Taquito” no existía espacio en las paredes libre de frases y dibujos pintados de todas maneras, salvo atrás del armario y del ropero. Era un apartamento con living comedor, cocina, cuarto, baño y un pequeño balcón interior. Las frases rozaban la locura y parecía la casa de Charly García en los ’90. En la casa nunca faltaba el salamín y el queso para una picada. Y el escabio podía ser un vino, una caña, un Espinillar o alguna petaca de whisky barato.

Hoy es una práctica habitual y es parte del folclore en las tribunas del futbol, encontrar banderas de todo tipo en las hinchadas de los equipos de cualquier divisional en todo el mundo. Banderas que remiten a ciudades, barrios y a agrupaciones, banderas que referencian a tal o cual ídolo del club, banderas políticas y así también, banderas que referencian a bandas de rock.

It’s a wonderful thing to have the opportunity to write about what we love. It’s a difficult thing to try to express these feelings in words, at least for me… I have no doubt that the beloved Gustavo Aguilera would do it much better. Ever since the news broke that The Damned were coming to Uruguay, the idea of ​​writing about it became my guiding light. And The Damned came, swept through, and left… but before, during and after, things happened.

Cosa linda tener la posibilidad de escribir sobre lo que nos gusta. Cosa difícil intentar expresar en palabras las sensaciones, al menos para mí… no tengo dudas que el querido Gustavo Aguilera lo haría mucho mejor. Desde que surgió la noticia que The Damned vendría a Uruguay, la idea de escribir sobre ello pasó a ser mi faro guía. Y los Damned vinieron, arrasaron y se fueron… pero antes, durante y después, pasaron cosas.

Prólogo: Desde hace mucho tiempo las artes, sobre todo las masivas como la música o el cine, han sido sustentadas por estilos, vanguardias y distintas rotulaciones que, de algún modo, han ido a contramano de su desterritorialidad esencial por la cual expresiones como el rock han sido históricamente caracterizadas por modalidades como el de los considerados artistas “de culto”, que redefinen ese carácter desterritorial y heterogéneo por una territorialidad espacial y una homogeneidad cimentada en la adhesión y la cohesión identitaria.

La lucha de trincheras durante la Primera Guerra Mundial nos ha traído historias curiosas sobre la dura vida y constante prueba de resistencia humana que tuvieron que soportar aquellos soldados. También en esas mismas trincheras se dice que nació la superstición de no encender tres cigarros con la misma cerilla, porque traía mala suerte.

El cielo negro está siendo apuñalado por estrellas de puntas brillantes como navajas.
Contemplo el espectáculo entre el ladrido de los perros, en mi jardín.
Aspiro fuerte el aire nocturno.
Y me intoxica el perfume de los jazmines mojados.