Para los melómanos uno de los mayores placeres es el de compartir música. El intercambio de figuritas. No creo en el frío algoritmo que con cerebro matemático intenta dirigir los gustos de las masas. Creo en mis amigos y en los referentes (ya sean personas, revistas o páginas web). En el pasado el intercambio se daba en habitaciones tapadas de pósters y, dependiendo de la época, uno salía de esos recintos cargado de vinilos, cintas, CDs o archivos de MP3. Hoy ese intercambio es mucho más fácil y de alcance ilimitado. Accedemos a interminables playlists y recomendaciones a las que muchas veces no podemos entregarnos en cuerpo entero, pero que nos dan un pantallazo de lo que pasa en el jardín musical mundial.
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