Los patrones rojizos, esas líneas y puntos borrosos que ves flotando cuando cerrás los ojos, se llaman fosfenos. Es como vivir en el intervalo, entre el momento que expira y el que comienza. Te dirán que se debe a una sobreestimulación de la retina pero, en realidad, nadie sabe qué los provoca ni para qué carajo sirven.

Los sábados de enero, desde temprano en la mañana, el viejo cachilo con parlante en techo, promocionaba el baile del Club de Pesca por las polvorientas calles de Cuchilla Alta y aledaños. Ítalo Colafranceschi contrataba el servicio del veterano Franco, uno de los lugareños más antiguos de toda la Costa de Oro, aún más viejo que su Ford T. Recién comenzaba San 1985; el Partido Colorado, con Sanguinetti a la cabeza, había ganado las elecciones de noviembre del ’84 y se esperaba con ansias el retorno democrático tutelado.

La amistad entre David Bowie e Iggy Pop fue harto conocida por todos y seguramente, una de las más entrañables de toda la historia del rock. Bowie había sido un gran admirador, desde fines de la década del sesenta, coleccionando discos de The Stooges y escuchando cientos de historias salvajes sobre las locas presentaciones en vivo de Iggy Pop. Para 1975, Iggy estaba totalmente metido en la heroína y su fuerza de voluntad se había agotado. Pero aun así, tuvo la suficiente lucidez para internarse en una clínica e intentar sobrevivir. Incluso antes de que se hicieran amigos cercanos, Bowie fue influenciado por Iggy. El nombre de la creación más famosa de Bowie, Ziggy Stardust, fue una bastardización del primer nombre de Pop. Elementos del estilo errático de Pop alimentaron al personaje, pero incluso después de que Bowie hubiera matado a Ziggy, todavía estaba canalizando el estilo único en el que Pop había sido pionero. Así que cuando Bowie escuchó que Iggy estaba en un pabellón psiquiátrico no dudó un instante en sacarlo.

Nunca me gustaron las versiones. Una vez Robert Smith fue consultado al respecto y afirmó que prefería modificar la canción y firmarla como propia. Kubrick pensaba lo mismo. Su producción cinematográfica está construida sobre la literatura. Once de sus trece películas, salvo las dos primeras, están basadas en libros. A diferencia de otros directores de cine, Kubrick se apropia realmente de esas obras, las hace suyas y crea un universo nuevo que se adapta a su concepción del mundo, reflejando su visión pesimista y desencantada de la condición humana, siempre dejando en claro lo poco que separa la alegría del llanto y el brocado de la mortaja.

En 1964, Bob Dylan ofreció algunas reflexiones sobre la composición de sus canciones, en una entrevista a The New Yorker, mientras continuaban las sesiones de grabación de su cuarto álbum de estudio, Another Side Of Bob Dylan. «Las canciones son muy limitantes», dijo, en aquel entonces, el joven de 23 años. «Woody Guthrie me comentó una vez que las canciones no tienen que rimar, que no tienen que hacer nada de eso. Pero no es cierto. Una letra tiene que tener alguna forma de encastrarse en la música. Podés doblar las palabras y la métrica, pero aún así tiene que encajar de alguna manera».

La idea de que una persona pueda albergar dos identidades ha generado fascinación durante milenios. En el siglo XIX, Sigmund Freud introdujo el concepto alter ego en el imaginario colectivo (a partir de sus estudios sobre los trabajos de hipnotismo realizados por el Dr. Anton Mesmer). En la actualidad, dicho término se utiliza para describir una segunda identidad, diferente a la del día a día.

Aunque para los escuchas de M24 sean unos perfectos desconocidos, hay mucho para contar cuando se escribe sobre Nervous Eaters. Formado en 1972, el grupo proto-punk con sede en Boston experimentó una era que nunca volveremos a ver, una época en la que temblaban las paredes de los clubes de la ciudad y los parlantes se desconaban cualquier noche de la semana. Nervous Eaters es considerada la primer banda punk de Boston, un título ganado tras innumerables shows en The Rathskeller (más conocido como The Rat), en Kenmore Square, donde actuaron durante un tiempo como banda de la casa, abriendo para cualquiera que quisiera pasar: Elvis Costello, Talking Heads, The Stranglers, The Police, The Go-Go’s, Ramones, Iggy Pop, etc.

Como si La Bajada y su deplorable DJ no fuera suficiente, ahora también debemos soportar grupos de cumbia encabezando grillas de festivales de rock. Seguramente Sólo Rock sea el único lugar en donde New Model Army no necesite presentación, pero dada la bochornosa situación anteriormente mencionada, permítame desconfiar. De forma errónea, durante cuatro décadas New Model Army ha sido considerada una de esas extrañas bandas «atípicas de metal». Sin bien, no dejan de ser músicos de rock, asumir que la definición termine allí, sería una trágica injusticia debido a la enorme cantidad de matices que manejan en su vasta producción.