Hacía un buen tiempo que no veía a Los Traidores en vivo. Cuando se presentaron en la Sala del Museo me demoré en la compra de la entrada y se agotaron. Luego vino el show acústico y preferí dejarlo pasar. Por suerte antes de fin de año tuve mi revancha y esta noche primaveral del 27 de octubre pude engancharme y disfrutar con todo lo que Los Traidores representan.
Un show que tuvo todo lo que tenía que tener. Siempre faltará algún tema dentro de los gustos personales de los presentes, pero el repertorio elegido estuvo nutrido y cubrió varios aspectos de la propuesta de Traidores. El público fue muy heterogéneo, destacando un amplio margen de edades que iban desde algunos veinteañeros a otros sesentones, pero con mayoría de gente entre 30 y 40 años, lo que habla a las claras de la vigencia de la banda a lo largo del tiempo y de su poder de convocatoria.

El inicio fue con “Bailando en la oscuridad” y la conexión fue inmediata y directa con todos los que abarrotaron el local de la Sociedad Urbana Villa Dolores. El extenso escenario, que cubre el lado más largo del local, permitió que el público estuviera muy cerca de la banda, facilitando la interacción con los músicos, algo que Juan Casanova celebró, disfrutó y destacó. También agradeció los coros y cánticos de los presentes, además de bromear interactuando amenamente.
En el extenso desfile de canciones estuvieron presentes “La muerte elegante”, “Sólo fotografías”, “En la profunda noche”, “Primavera digital”, “La luna no cuelga del cielo”, “Fundas plásticas”, entre muchos otros. Las preferidas del público y a las cuales les prestaron todas sus voces fueron “Sólo fotografías”, “Radio Babilonia” y “Canción rebelde”. Pero fue sobre el final del show y cuando se dio una seguidilla de sus clásicos iniciales que el show estalló en los corazones de los presentes. “Montevideo agoniza”, “Juegos de poder” (con el público muy presente en los coros alternados del estribillo), “La lluvia cae sobre Montevideo”, “Viviendo en Uruguay” y “Viviana es una reaccionaria” fueron las canciones que todos cantaron y que se disfrutaron al máximo. Precisamente “Viviana…” fue el cierre e invitó al inevitable pogo en su parte picada.

Un toque intenso, interactivo, con el inevitable regreso a los ’80 pero también con pasajes de intimidad de otras épocas. Un disfrute de una de las bandas históricas de nuestro rock compartido sobre y debajo del escenario. Mucho para agradecer en esta noche.
Ariel Scarpa
