
Cuenta Greg Shaw (responsable de la revista y sello discográfico Bomp!) que en 1976 llegó a New York, procedente de Londres, deseando encontrar a alguien que hubiese oído hablar sobre la nueva banda Sex Pistols; fue entonces cuando los Dead Boys aparecieron en el destartalado escenario del CBGB y comprendió que la duda sobre qué banda expresaba mejor el sentimiento punk, había concluido.
Stiv Bators, líder de los Dead Boys, personificó todo lo bueno del punk. Pero también todo lo malo. Era un exceso dentro y fuera del escenario. El primer encuentro que tuvo con la muerte fue en 1978, en una pelea callejera que dejó al vocalista con 17 puñaladas, lo cual le provocó problemas con el resto de la banda, dado que a la inactividad se le sumó la negativa de Bators a seguir las exigencias de Sire Records, su sello discográfico, que les pidió se ajustaran al estilo punk que se estaba popularizando en Inglaterra. Esto generó la molestia de sus compañeros Cheetah Chrome y Johnny Blitz, lo que terminó con los Dead Boys.

Su segundo encuentro con el óbito fue sobre las tablas del CBGB. Sin muchas vueltas, tomó una cuerda y se colgó durante una presentación. Era parte del show, hasta que no lo fue. Aunque, según allegados, lo había hecho antes con el cable del micrófono, pero ese día se excedió y casi pierde la vida. La tercera sería la vencida. Su muerte, en 1990, fue lo más nihilísticamente absurda que se recuerde. Es súbitamente atropellado por un taxi en París, se levanta, sostiene que no le ha pasado nada mientras sacude el polvo de su campera y esa misma noche muere debido a varias hemorragias internas.

No fue una muerte gloriosa como mandan los cánones del malditismo, sin sobredosis, sin suicidio, sin ser víctima de un homicidio o alcoholizado, tan siquiera. Un accidente de tránsito, cosa de todos los días, no hay más que leer las estadísticas. Aún así, representó el punk como nadie. Acá van un par de hazañas dignas de ser contadas: la primera vez que tocó con The Lords of the New Church en el Rock- Ola madrileño, lleno hasta las tetas, le lanzan un escupitajo de pesadilla, uno monstruoso que queda colgando del micrófono. Stiv lo ve, se vuelve de espaldas, se retuerce hacia atrás y se lo come. En otra ocasión, Stiv estaba siendo entrevistado por la TV francesa y el periodista le dice que a él no le gusta el punk porque va más rápido que los latidos del corazón. Stiv esnifando una raya de merca le contesta: “Es que algunos tenemos el corazón demasiado anfetaminado”.

Los Dead Boys fueron una de las mejores bandas de su época y, a tenor de la cantidad de gente que los versiona, una de las más influyentes. Parapetados bajo la tutela del mítico CBGB (su dueño Hilly Kristal era el manager de la banda) grabaron un par de discos antes de desaparecer. Años después Bators se uniría a The Lords of the New Church, banda que cambió el panorama del género, durante los ochenta, evolucionando al post punk pero sin mitigar la violencia del frontman. Sus shows cada vez eran más extraños y su comportamiento más errático. La banda nunca llegó al mainstream pero le brindaba al vocalista todo lo que necesitaba.
En total, y añadiendo sus álbumes como solista, lanzó 11 trabajos que mezclan el hardcore, power pop, post punk, y hasta un poco de hip-hop, siendo L.A L.A su trabajo más reconocido, donde pone de manifiesto su enorme poder compositivo (no olvidar que compuso, junto a Dee Dee Ramone, el clásico “Poison heart” y misteriosamente fue retirado de los créditos).

El funeral de Stiv fue en Cleveland, en el antiguo club Babilon a-Go-Go. Estaban sus padres junto a una pareja polaca y varios antiguos punks de la ciudad. Nada mal para un velatorio. Dicen que fue un momento realmente increíble. Se suponía que la VJ Martha Quinn iba a estar presente, dado su relación con Stiv, pero en su lugar estuvieron las cámaras de MTV. También mostraron videos de gente famosa que no pudo llegar a Cleveland como John Waters, Iggy Pop y Lydia Lunch, quien contó una anécdota triple X. De acuerdo con su amigo y compañero de banda, Dave Tregunna, Stiv quería que sus cenizas fueran esparcidas sobre la tumba de su ídolo Jim Morrison, quien lo influyó a lo largo de su carrera. Sin embargo, antes de que eso sucediera, su novia de ese momento, la groupie Bebe Buell, pidió inhalar un poco de su ceniza para “tenerlo cerca”.

Aunque la vida de Bators no terminó como muchos la imaginaban, tuvo un final que honra el legado que dejó. Su cuerpo terminó dentro de la nariz de su última fanática y encima del sepulcro de uno de los poetas más grandes de la historia del rock. Sobrevivió al olvido, para terminar siendo parte de los restos de un pasado, que ya nunca volverá.
Lic. Hugo Gutiérrez


Excelente columna Hugo. Gracias por regalar cultura.
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No deje la pluma Lic, abrazo!
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