Botas y Tirantes

Desde hace poco más de una década, en nuestros países se ha popularizado bastante el término “batalla cultural». Este mismo término refiere a lo ideológico, a la hegemonía de las ideas y conceptos, subyacentemente en su dimensión simbólica. En este articulo quiero contar una historia incompleta, de una guerra de baja intensidad en lo cultural, lo conceptual y lo simbólico, que desde hace 30 años se ha librado en las calles de Montevideo y en sus ámbitos sub culturales. Una historia plagada de música, política, aciertos, errores, ambigüedad, valores, dublé y en algunos casos, violencia.

 

Los Skinheads son Nazis

Este tópico, errado (ya veremos porqué), ha sido y aún es alimentado por la prensa y se ha instalado como una certeza. Esta idea nace a fines de los años 70’s en Inglaterra, cuando los partidos y movimientos fascistas (National Front, British Movement) se infiltran y logran atraer a cientos de jóvenes skinheads a sus filas, quebrando el movimiento desde su base y marcando una división que sigue hasta el día de hoy. No está de más aclarar que la simbología nazi era usada en el punk como una forma de provocación juvenil frente al mundo adulto y no como un posicionamiento ideológico en sus comienzos.

Los «skins» propiamente, surgieron en el Reino Unido a fines de la década de 1960. Son estéticamente descendientes del movimiento Mod, que surgió en el mismo país en los años 1950, el Rude Boy surgido en Jamaica a principios de los años 1960, y los «Bootboy», jóvenes ingleses a los que les gustaba el fútbol, precedentes de los hooligans. Los Rude Boys al emigrar a Inglaterra, llevaron consigo su música: el ska y el reggae. A los jóvenes blancos de clase obrera, les encantó esa música y la hicieron suya también, naciendo así la subcultura Skinhead.

Este detalle particular y por demás importante, deja las cosas en claro: Los Skinheads como sub cultura juvenil, nacen a fines de los ’60 bajo el influjo de los Rude Boys jamaiquinos, en unión con los jóvenes blancos de clase obrera, que compartían rasgos de estética y comportamiento, y así también el ska y el reggae como música.

Un autodefinido como Skinhead, que dice ser nacionalista, racista, antisemita, anti izquierdista, no toma en cuenta la raíz multicultural en el nacimiento de la sub cultura como tal, y en realidad no es un Skinhead, sino que es alguien que sólo se apropia de esa estética. Este equívoco subsiste al día de hoy, aunque con menos fuerza que antes en gran parte del mundo, gracias a la batalla cultural que se ha librado y que ha llegado también a nuestras costas a fines de los 80’s.

 

El fascismo es justicia

Estas palabras fueron dichas en la década del 30 del siglo XX, en la Cámara de Representantes de Uruguay, de boca de un diputado del Partido Colorado. Más allá de banderías políticas, el fascismo ha estado desde esa época presente en nuestra sociedad. Publicaciones como Audacia, Atención, Pregón, Fragua, El Orden y otras, en las que se incitaba al antisemitismo y el anticomunismo, se distribuían libremente. Grupos nacionalistas como Liga Oriental Antisemita, Vanguardias de la Patria o el Partido Nacionalsocialista del Uruguay, junto a nazis y fascistas ítalo alemanes, campeaban a sus anchas, hasta que el Gobierno de turno investigó y persiguió esas actividades en concordancia con el posicionamiento pro- aliado de toda Latino America.

Acabada la II Guerra Mundial con la derrota del Eje, pero con la Guerra Fría como nuevo escenario de confrontación, en Uruguay aparecieron grupos de tendencia nacionalista y anticomunista como Alerta, y los ataques a obreros, militantes de izquierda y a la comunidad judía también se hicieron presentes.

Los convulsos años 70’s, con la aparición de distintas expresiones de lucha armada de izquierda, tuvieron su contraparte con la aparición de grupos de ultraderecha como la JUP (Juventud Uruguaya de Pie), MRN (Movimiento de Restauración Nacionalista), COA (Comando Oriental Anticomunista) y los Escuadrones de la Muerte. También con publicaciones como Azul y Blanco o Centinela.

Este racconto histórico, resumido y por demás acotado, sólo quiere mostrar que las expresiones de tipo autoritario y conservador no son para nada nuevas en Uruguay, a la par de grupos, partidos y movimientos de izquierda.

El fin de la dictadura cívico – militar y el retorno de la democracia a mediados de los 80’s, trajo nuevas maneras de relacionamiento social y en esto la música y el rock en particular, no fue ajeno.

 

¿De quién son las calles?

1989 fue un año particular aquí y en el mundo. El referéndum contra la Ley de Caducidad a la Pretensión Punitiva del Estado, polarizó la sociedad uruguaya entre quienes querían su derogación y quienes no querían revocarla. La cultura nacional no fue ajena a esa discusión y el rock también fue parte en mayor o menor medida en el esfuerzo en pos de su derogación. Tampoco faltaron los nostálgicos, la ALN (Alianza Libertadora Nacionalista), grupúsculo neo nazi, que empapelo la ciudad en defensa de los represores de ayer, pintadas en el cementerio judío de La Paz y diversas acciones desestabilizadoras de tipo terrorista como las llevadas adelante por el denominado Comando Lavalleja.

En el mundo, la caída del sistema comunista de la URSS, sus estados satélites y el llamado socialismo de estado, no sólo fue un shock a nivel político e ideológico, sino que la independencia de las ex republicas socialistas y la reunificación alemana trajeron aparejado un renacimiento de las ideas nacionalistas, xenófobas y de ultraderecha en buena parte de Europa. Imágenes de bandas neonazi atacando a inmigrantes y refugiados en todas partes, la reivindicación de figuras nacionalistas antes prohibidas y nuevas lecturas del pasado desde una óptica revisionista, llegaron con la nueva década que comenzaba.

 

Punks & Skins

La década de los 90’s en Uruguay tras el agotamiento de la primera camada de rock post dictadura, trajo una nueva generación de bandas más subterráneas y que traían desde el punk un mensaje más radical en su discurso.

GAD, Libertad Condicional, La Sangre de Verónika, Anti Régimen, La Vergüenza de la Familia, Disidentes, Melancolía Subversiva, Pichicuervos, Diskordia, Kontra la Pare’, Chapuz, Aliento Alkóliko, HDP, Los Retorcidos, eran algunas de esas bandas.

Sumado a ellas, nace el llamado Puesto del Fanzine, en Villa Biárritz, lugar de encuentro y divulgación de la prensa alternativa. Grito de Protesta, Okupa tu Cabeza, Dike?, Viviracción, Resistencia Oi! Oi! eran algunos de esos fanzines, entre muchos tantos otros que surgieron.

A través de ellos, llegó a estas tierras la subcultura skinhead y así también el Oi! o punk callejero, sumando también al ska jamaiquino y el revival denominado 2 Tone. Algunos de estos fanzines realizaron una tarea esclarecedora con respecto a qué eran los skins como subcultura, dejando en claro que a diferencia de lo que bombásticamente decía la prensa, los skinheads no eran nazis y que sus raíces contaban en realidad, otra historia.

Era también ésta, una época de poca y fragmentada información, que alimentada por lo que ocurría en Europa con el resurgimiento de grupos neonazis, llevaba a equívocos de todo tipo. Es en esos años que aquí quedó el tópico que un cabeza rapada era en esencia un nazi, que el color de los cordones en sus borcegos, por ejemplo, pautaba su ideología, que ciertas bandas eran fascistas, hechos que sumaban confusión y más de un mal rato a quienes se sentían atraídos por esta subcultura y que debían una y mil veces explicar qué y quiénes eran.

Bandas como Kontra La Paré, fueron de las primeras en divulgar a los colectivos SHARP (Skinheads Against Racial Prejudice) y RASH (Red & Anarchist Skinheads) en Uruguay. Se trata de dos agrupaciones nacidas con el fin de limpiar y erradicar la imagen nacionalsocialista del movimiento a nivel mundial.

En el otro lado del espectro, hacia 1996 hace irrupción Orgullo Skinhead, un grupo de tendencia nazi que aunaba a algunos «veteranos» de 30 años, con adolescentes. Contaban con su propia página web, en esa época algo novedoso, y comenzaron a realizar pintadas (recuerdo en la Facultad de Medicina, la IEC y en el Centro de Montevideo), pegatinas y el uso de casilla de correo, atrayendo a unas pocas personas. Apadrinados por los nazis argentinos, que les proveyeron de material ideológico, referencias culturales y de comportamiento, este grupo fue sobredimensionado por diarios como La República que realizó artículos en su momento, generando una exposición mayor a la que en realidad ameritaba. El desconocimiento y la confusión llevaba a que ONGs como Tholerancia Sí, listando grupos supuestamente neonazis, denunciara a la banda hip-hop La Teja Pride como uno de ellos (!!!).

En esos años se da el nacimiento de Escuadrón 88, la primera banda RAC (Rock Against Comunism) del país, formado por miembros de Orgullo Skinhead, practicando un estilo similar al punk callejero y con un discurso afín a sus ideas.

El deambular por las noches montevideanas trajo también consigo los primeros enfrentamientos entre ese grupúsculo de nazis con sus enemigos naturales de calle: punks y hippies. Antimarxistas y antiliberales, eran también los del denominado FNRU (Frente Nacional Revolucionario del Uruguay), que era otra pata de este rebrote fascista. Todo este accionar se desbarata en 1999, con la detención de miembros de ambas agrupaciones por una serie de atentados llevados a cabo por un marino, miembro de uno de esos grupos, y las acusaciones de incitación al odio y asociación subversiva.

Dosmiles

El nuevo siglo trajo consigo la aparición de nuevos grupos musicales cercanos al Oi!; el ejemplo más claro fue Maltchiques, banda de punk callejero donde tocaban punks & skinheads. Otro caso fue Nudillos, banda ésta que duro poco más de un año, y grabó un demo.

La escena hardcore punk también desde su ámbito promovía un mensaje de integración, antifascista y contra toda forma de discriminación. La llamada Casa Oi!, hogar de los Maltchiques, fungió como centro de divulgación antifascista y recitales de bandas afines, nacionales y extranjeras. El acceso a información, el contacto con otras escenas musicales, el uso de internet, despejaban cualquier duda sobre el posicionamiento ideológico de personas y de bandas. Nadie podía llamarse a engaños.

Pero el mal nunca descansa…

En esos años ha habido episodios esporádicos. En febrero de 2005, cinco neonazis atacaron al cantante de la banda Split 7th. Dos de ellos pertenecían a las Fuerzas Armadas, y otro era ex vocalista de la banda de metal Inner Sanctum. En esa época se comentaba que había un grupo de nazis en la calle, que traían a nazis argentinos de la llamada Legión Negra a salir de «cacería» con bates y puños americanos por la noche montevideana e iban a recitales a fichar gente. Ya ese grupo había atacado la sede de la UJC (Unión de Juventudes Comunistas) y Casa Oi! Luego de ese ataque, fueron detenidos y procesados, salvo el músico, que con ayuda de nazis argentinos se fugó a la vecina orilla. En esa misma época funcionaba la JRN (Juventud por el Resurgir Nacionalista), una agrupación de ultraderecha, que pertenecía al Partido Nacional, quien luego de este ataque los expulsó del partido, porque ex miembros de esa agrupación fueron partícipes de la agresión.

El caso del músico proveniente del metal, si bien es un caso emergente, no escapa al hecho que el metal ha tenido también devaneos con ideologías totalitarias, por influencias como el black metal, que suma al paganismo y al satanismo, el nacionalsocialismo. Esto tiene su contraparte también en el llamado RABM (Red & Anarchist Black Metal) de izquierdas.

 

Bandas y Bandos

Estos últimos años han traído una irrupción de música de raíz jamaiquina en nuestro under. Los Dynamos, banda surgida de los Maltchiques, mantuvo en alto la llama en estas tierras a fuerza de rock steady y early reggae en múltiples escenarios y espacios. Una vez más con punks & skinheads tocando juntos y llevando un mensaje de unidad, respeto y libertad a quienes quieran escucharlos.

Pasajeros del Malaysian Airlines es otra banda, en este caso nacida desde el hardcore, que al día de hoy hace a todos bailar con su mix de rock steady, reggae, dub, pasado todo por el potente tamiz de su pasado punk rock.

También se ha dado la aparición en la ciudad de Sound Systems (Dinamita, Pantera Negra y otros) que al igual que los originales nacidos en Jamaica, comparten dub, reggae, rock steady ,y en ese compartir de música también comparten el bagaje de aquellos primeros skinheads y su cultura original. También una nueva generación de bandas de Oi! o Punk Callejero ha visto la luz: Blasfemos, Kodo a Kodo, Kale Borroka, junto a otras más, son parte de la escena subterránea de Montevideo. Se ha dado el rescate y la edición de viejas bandas como Kontra la Paré, Maltchiques o Nudillos que acercan a todos un poco de aquella historia.

En el lado derecho del espectro musical, nada (casi) ha variado. Los grupúsculos de ideología nazi no han levantado en 30 años cabeza. Se mueven en un reducido y secreto ámbito de pocas personas. Sus intentos de organización jamás prosperan, más allá de manejar distintos nombres (Squadristas / C88/ Skinheads MVD), un intento de radio online que duró poco, fanzines de uso interno y bandas que aparecen y desaparecen con la misma velocidad y salvo algún recital secreto, no se desarrollan. Eso no quita que cada tanto aparezca alguna pintada, algún graffiti ultraderechista o algún hecho de tipo policial que los trae por un momento a la palestra. Social, musical y políticamente son un grupo inoperante.

Quizás más visible y por eso más de ser tenido en cuenta, es la existencia de algunas bandas de metal que escudadas detrás de una exaltación de lo criollo y el artiguismo (gran coartada para cualquier posición política), traen un mensaje ambiguo en sus letras y su discurso con simbología de tipo nazi fascista (runas, cruces de hierro, águilas imperiales, sol negro) en su merch a semejanza de gente como Iorio y bandas afines en Argentina; otras hablando de lo «nacional» y desde ese lugar lanzar un mensaje de intolerancia. Sin necesariamente ser nazis o visualmente parecerlo, tienen un mismo mensaje, escudado en la defensa de lo «criollo » frente a lo extranjerizante, vieja muletilla del fascismo de siempre.

Un año atrás se publicitó la vuelta de Inner Sanctum, con su ex vocalista de ideología nazi, hecho que se desactivó al instante, en gran medida por la presión en las redes y de mucha gente que no olvida lo que ocurrió años atrás y prometió cobrarse esa vieja deuda. Como pueden ver, el pasado, aunque lejano, sigue latente.

 

Un final abierto

Hace unos meses, cuando se publico mi artículo sobre «El peor sello de la historia» que contaba las andanzas de Jean Marie Le Pen en el mundo discográfico, me llegó un mensaje privado acusándome de hablar sobre ese sello y no atacar ni nombrar al comunismo. Quien me lo envió habrá inferido que el no atacar al comunismo, implicó de mi parte un apoyo a esa ideología. Le aclaré con mi mejor buen humor, que el artículo contaba sólo una historia que como esta misma, me parecía interesante contar.
Y que como dice un graffiti en el barrio de Sayago, yo no era : Ni Bolche, Ni Fascista: ¡¡Racinguista!!

La historia aquí contada, como bien expreso a su comienzo, es una historia incompleta; seguro faltan muchos detalles a los que no accedí por no ser parte de esta subcultura. Hubo cosas que sí conocí y pude presenciar. Más allá de eso, sí quiero dejar en claro que no soy ni sería amigo de nazis, ni de cualquiera que propugne el racismo, la xenofobia, el antisemitismo o cualquier forma de discriminación o exclusión. Eso no me hace de izquierda, basta tan sólo con ser humanista, y querer, pensar y soñar con una sociedad donde todos tengamos la posibilidad de desarrollarnos como personas al máximo de nuestras potencialidades.

Esta historia, además, fue y es desarrollada en ambientes sub culturales y poco conocida, salvo que tuvieras cercanía a esos mismos ambientes. Una guerra de muchas y múltiples batallas desde lo simbólico, lo ideológico y conceptual, inacabada aún, pero que en 30 años logró hacer frente a conceptos errados y darle a la sub cultura Skinhead su real significado y la valoración correcta de sus postulados y fines.

En un último artículo de Sólo Rock se preguntaba a distintas personas si el Rock era político. Quizás este artículo y esta historia, nos hable de algo quizás desconocido para la gran mayoría, y del hecho de que esto no se trata sólo de música, se trata de mucho más.

Leo Peirano