Darkthrone – A Blaze In The Northern Sky (1992)

Continuado con nuestra ya clásica sección “Qué bien te caben los 30…”, tenemos un nuevo aniversario en este 26 de febrero. Otra joyita discográfica venida en esta oportunidad desde la gélida región escandinava, más precisamente de Noruega, y dentro del incipiente ambiente musical del black metal.

El disco en cuestión es el segundo LP de la banda Darkthrone, llamado A Blaze In The Northern Sky, y fue publicado el 26 de febrero de 1992. Es en este segundo álbum de la banda en donde comienzan a recorrer el camino del black, hay un cambio entre Soulside Journey (primer LP del grupo) y este A Blaze in the Northern Sky, donde podemos encontrar que limaron, lijaron y dejaron bien ásperos y crudos sus riffs en formas más simples y retorcidas de interpretarlos.

Contextualizando un poco el disco y haciendo un poco de historia, partamos no sólo desde el inicio de la banda sino desde el de su integrante principal, como es Fenriz. En un clásico frío otoño de 1971 nace un niño en un lejano pueblo de Noruega de nombre real Gylve Nagell, quien en un buen día decide renombrarse como Fenriz haciéndole honor al lobo devora tierra, Fenrir, nombrado en la mitología nórdica y en la Biblia satánica. De todas formas y aún sin que esto repercutiese demasiado, el infante estaba al cuidado de su abuela pasando excesivos momentos de soledad. En parte de esos momentos cruciales de su infancia escuchaba discos, música que le ofrecía, cuando no, esa entrañable figura familiar como es un tío. Pink Floyd, Doors, y la banda inglesa de rock progresivo Uriah Heep, que lo sorprende por el sonido pesado del órgano, las letras crípticas y los hombres misteriosos con cabello largo que aparecen en la portada del álbum. Hay una banda en Estados Unidos cuyos miembros usan maquillaje y sacan la lengua en escenarios iluminados por llamas; hay otro grupo de Australia que escribe odas juveniles para romper las reglas. Las guitarras son ruidosas, las letras son sucias y los profesores no lo entienden. “Es como los sueños que tenías cuando soñabas que estabas en una tienda de dulces y podías tomar todo lo que quisieras”, reflexiona Fenriz más tarde. “Pero el metal era real, estaba allí”.

A los 15 años decide formar su propia banda. Gylve adquiere una batería, como todas las cosas cruciales de su infancia, e invita a sus amigos a grabar algunas canciones bajo el nombre de Black Death. Su música y letras son descuidadas, poco armoniosas y hasta ridículas. (Ejemplo: «Estaba sentado en la sala de estar viendo la tele y entonces algo malvado se formó en mi estómago. Pizza, pizza, los monstruos de la pizza son malos».). Uff…. una temática dura de digerir, una letra de hondo contenido humano con un trasfondo de dolor y sufrimiento; bueno, más bien suena a una indigestión por exceso en la ingesta de grasas con sus naturales consecuencias dañinas sobre el cuerpo humano, pero en fin, es lo que se le ocurrió por aquellos momentos.

Para 1988 unos amigos en común de Gylve le presentan a un guitarrista de Oslo llamado Ted Skjellum, un adolescente misántropo que eventualmente se hará llamar Nocturno Culto. Hablan de música por teléfono durante más de una hora y luego deciden encontrarse en la estación de tren. Gylve le dice a Ted que “busque un tipo extraño con pelo de cola de rata y una bufanda”. “No fue muy difícil encontrarlo cuando llegué”, recuerda Ted, quien con su larga melena rubia y una voz escalofriante sería el nuevo encargado de las vocales de la banda (y de la consonantes también).

Para esos momentos, deciden cambiar el original nombre de la banda de Black Death a Darkthrone, tomando como influencia una canción de los suizos de Celtic Frost. Ahora la banda estaría conformada por Gylve y Ted, así como por el guitarrista Ivar «Zephyrous» Enger y el bajista Dag Nilsen.

Darkthrone se convertiría en lo que eventualmente se convirtió. Esto también gracias a que descubrieron básicamente dos cosas. La primera y la segunda. ¡¡¡¡Increíble, ¿no?!!!! No, en serio. ¿Cuáles son? Una, que se veían o mejor dicho que se oían bastante distintos a sus colegas de bandas como Mayhem, Burzum o Emperor. Y lo otro, cuando no, las juntas. El hecho que conocieron a cierto personaje que se hacía llamar Euronymous, por lo que variaron su brújula hacía un «Unholy Black Metal Exclusive». Y aunque el inefable de Vark Vikernes negase décadas después la existencia del “Inner Circle” (aquel grupo secreto y selecto de músicos de Black encabezado y dirigido por Euronymous) lo cierto es que varios afirman que el comando existió y funcionó, por supuesto mientras estaba con vida Euronymous y hasta el momento en que la perdió por culpa de 23 puñaladas que le propinó su “colega y amigo” Vark Vikernes.

Retomando el tema especifico de su segundo álbum, Fenriz declararía que “Nuestro primer álbum se llama A Blaze in the Northern Sky y salió en 1992. ¡Será uno de los álbumes más malvados y oscuros de la historia! ¡Todos lo van a odiar!”. Y como si esto no fuese claro, remarcó respecto al primer álbum, el Soulside Journey: “Odiamos ese LP. Es un disco de death metal tonto y moderno”. Clarito, ¿no?

Podemos dividir al álbum en dos, donde en una primera mitad encontramos reminiscencias del estilo death de su primer álbum en temas como “Paragon belial», «A blaze in the northern sky» y «The pagan winter», mientras que la otra mitad es más fuerte y cruda con canciones completamente nuevas en el estilo del black como «Kathaarian life code”, “In the shadow of the horns” y “Where cold winds blow”.

El sonido de la banda es espeluznante e intenso, definido por voces bajas y gruñonas y melodías disonantes que requieren una considerable sustancia de cualidad técnica. Si bien A Blaze In The Northern Sky carece de la intensidad de los discos posteriores, el magistral Under a Funeral Moon y el sicótico de Transilvanian Hunger, no deja de ser menos, ya que es el puntapié inicial para lo que vendría años después.

La gama del material del álbum es variada y amplia y lo hace un disco muy convincente. La percusión de Fenriz se simplifica y agudiza. Grabó toda la parte de la batería y algunas partes vocales en sólo unos días y luego se desmayó borracho mientras Nocturno cantaba en una habitación llena de velas negras.

Hay riffs de la vieja escuela, desgarradores gritos interludios de palabras habladas, solos ruidosos que chocan contra los infernales ritmos explosivos en una especie de campo de batalla sónico. «In the shadow of the horns», su mejor canción, está repleta de un efecto de sonido diabólico, creado por Fenriz rellenando un cencerro con papel higiénico, y una parte de guitarra que suena como Motörhead bajando a toda velocidad por un acantilado en una motocicleta. despedazándose. Su marca de black metal aún no se había codificado; en A Blaze In The Northern Sky, es simplemente un sentimiento.

El disco arranca ya con todo con «Kathaarian life code», la cual surge con una intro que paraliza, parida a medias entre unas baterías fantasmales y un coro, y resulta gloriosamente furiosa y descarnada. El tema de más de 10 minutos de duración tiene las voces de Nocturno Culto que son desgarradoras y gélidas y que le dan un toque perfecto a la ambientación. Puro nihilismo, puro terror. Mucha influencia de los viejos Bathory y Celtic Frost, pasadas por el tamiz de Darkthrone. Salvajada primaria que te hace mover el cuerpo. La guitarra cruda con una batería fuerte y compacta.

«In the shadows of the horns» es de toques death con agregados acústicos. Acto seguido proviene: «Paragon belial» la cual es simple pero con un guitarreo desesperante, que ofrece mucha tensión. «Where cold winds blow” es un tema rápido e hipnótico, con base en los viejos de Venom.

Para el track que da nombre al LP, la banda nos ofrece un tema de medio tiempo con su sonido de baja calidad pero que sabe aumentar y dar un golpe certero. Esto es ya conocido por los fans, quienes saben que lo que podría llamarse “producción” de los álbumes, es tan solo poner “REC” en un vieja consola de dos canales donde Fenriz le gusta grabar sus temas para obtener ese sonido mas ácido y escalofriante.

Para el final, «The pagan winter» es un tema bastante parejito y bien logrado. De todas formas, es una canción punzante, cortante, un golpe de un bloque de puro hielo noruego que sentís que te traspasa la carne. Las guitarras dan una atmósfera de una pesadilla de batalla épica y como “dulce de leche al panqueque” (me refiero al postre y no al fan del punk) los coros del cierre son un agregado más a este círculo maldito del black.

Aunque 1992 fue el año de lanzamiento de ese disco como el primero de la trilogía perfecta del black, como ya mencionamos, paradójicamente la escena y ambiente se trasformaba en un círculo tóxico donde se forjan los principios del nacionalismo blanco y el nazismo, con prevalencia de los ideales nihilistas y de supremacía blanca del extremista Varg Vikernes, único integrante y multi instrumentista de la banda Burzum. En 1993, después de encabezar una serie de incendios de iglesias en Noruega, asesina a Euronymous, va a la cárcel y se convierte en un oscuro testaferro de las tendencias más odiosas del metal.

La escena se estaba desmoronando. Nilson (me refiero al músico sueco de la banda Silencer y no al policía devenido en cocinero de la televisión nacional) y Nocturno se adentran en lo más profundo de la naturaleza debido a una creciente desilusión con lo que describen, de manera un tanto diplomática, como un club de chicos. Fenriz hace declaraciones bastantes discutibles usando la palabra «ario» para promocionar su música y «judío» como peyorativo en su disco de 1994, lo que hace es que el sello discográfico Peaceville se niegue a promocionar ese álbum de Darkthrone y termina su relación con la banda.

Nocturno Culto aún en este siglo sigue viviendo en el bosque y tiene un trabajo diario como maestro; Fenriz trabaja en la industria postal y muestra su pasión por la naturaleza de Noruega realizando largas caminatas, yendo de campamento y, brevemente, ocupando un cargo local. Darkthrone cambió de estilo musical en varios de sus posteriores discos tocando todos los subgéneros del metal que aprecian, con la notable excepción del black metal. A algunos fanáticos no les gusta, pero la banda lo acepta y retruca: “Cambiamos como cambia todo en este planeta”, explicó Fenriz. “De forma natural”.

Es injusto inculpar a A Blaze In The Northern Sky de toda la violencia que prosiguió en la escena black. Lo que sí es merecedor de poseer un profundo paisaje brumoso e impresionista, el cual al escucharse, provoca emoción e inspiración.

Al final, A Blaze In The Northern Sky sigue siendo una obra destacada del viejo Darkthrone y primer eslabón de esa cadena que te ata al más cruel, desolador y oscuro ambiente que fue en aquel inicio de década, el gran black metal.

Tomás Cámara