Rock&Branca: Sismo y Snake en Plaza Mateo (17/9/21)

De a poco vamos viendo cómo la vuelta a la normalidad trae aparejado unos nuevos bríos llenos de rock y, para aquellos que estábamos esperándolo, son como una correntada de aire fresco y rejuvenecedor ante tanto tiempo sin espectáculos en vivo. Gracias a esta apertura de boliches, la agenda de toques explotó y dentro de toda la gran y exquisita oferta que hay por estos días, no damos en elegir presenciar a vivir la primera jornada del Rock&Branca, realizada el pasado viernes 17, donde en instalaciones del boliche Plaza Mateo y a partir de las 20:30, dio comienzo al programa fijado.

Finalmente se logró realizar dicho evento, dadas las sucesivas postergaciones desde que inicialmente estaba planificado para abril 2021, y así entonces en el fin de semana pasado pudo concretarse para darnos esa dosis de rock que tanto estábamos necesitando los allí presentes.

Rompió el silencio el buen rock clásico, hard, con toques de fusión, alternativo y sicodelia de los ya consolidados Sismo. La banda que cuenta con cuatro años de existencia, varias noches sobre los escenarios y su primer disco ya grabado y puesto al alcance del rockero consumidor, dio inicio a la parte musical con el tema “Alquimia”, que da nombre a su primer trabajo discográfico. La poesía de las letras es definida por ellos mismos como la constante lucha del ser humano por la búsqueda de su quimera de realización de sus sueños. Acto seguido, la banda recorrió casi todo el repertorio del disco, sumando temas como “Invisible” “Máquinas”, “Animal hambriento”, “Mil rayos”, la muy rockera de ritmo vertiginoso, “Sangre”, y el cierre con “Gigantes”.

Para quienes ya habíamos tenido la oportunidad de veros en vivo, lo del viernes fue un ejemplo más para el pleno disfrute, teniendo la tranquilidad de confirmar que los muchachos siguen al firme, por el buen camino del rock.

Tanto en ese intermedio entre los toques de las bandas así como al principio y el final de la noche, la musicalización estuvo a cargo de la muy buena DJ Mica de Marco, quien armonizó esos momentos de parate con muy buenos tracks de rock internacional.

Para el cierre, la serpiente asomó al escenario de Plaza Mateo, casualmente el último en el que habían dicho presente hace 10 meses en su última presentación, allá por diciembre de 2020.

Como era de esperarse, el arranque fue potente y sorprendente para quien escribe, no sólo por lo que la banda en sí misma ofrece y despliega sobre las tablas, sino por el hecho de volver a sentir esa emoción de un toque en vivo, pero conjugando con factores hasta impensables. ¿Quién se podía imaginar ir a un toque de Snake y quedarse sentado, a distancia de cualquier otro ser vivo o de tapabocas? ¿Cómo no podemos cantar? ¿Cómo no podemos, agitar, poguear y/o bailar? De todas formas, la musicalidad fue ganando terreno y a medida que avanzaba el repertorio en una recorrida por todo el bagaje musical del grupo, el público de a poco se animó a moverse aunque fuese dentro de límite de sus sillas, soltando sus amarras y con una bronca contenida como de querer salir “mordiendo la ciudad”.

Sutilmente enlazada, es difícil creer que la playlist fuera solamente un compilado de varios de sus mejores temas, dentro de los cuales sonaron “Dinosaurio”, “Montevideo”, “Equis”, “Los años de guerra”, “Muralla” o “Lo poco que te queda”. El espectáculo también incluye las letras de las canciones, las cuales pueden cabernos a todos en esta realidad que vamos experimentando y donde la música cobra sentido en cada espectador y en cada interpretación.

Por supuesto que para cerrar bien arriba, nos regalaron el clásico “Ataque de pánico”, cuya letra recobraba un sentido casi apocalíptico en la cuasi distopía que nos toca vivir. Ni a Nostradamus en su mejor fantasía se le hubiera ocurrido una mejor.

Y así, en un abrir y cerrar de ojos, el show que Snake brindó de principio a fin fue una hora mágica donde el público vibró, cantó y se emocionó. Gracias a una excelente puesta en escena de una banda que nos hizo recordar que gracias a su música podremos tirar abajo cualquier muralla, para volver a sentir la emoción de la cercanía y el compartir un espacio unidos por una pasión común. Una buena dosis del mejor rock posible.

Tomás Cámara

(Se agradece la invalorable colaboración en la redacción del Sr. Andrés Saavedra)