Tendiendo Puentes Con Proyecto Bifröst

El 18 de octubre de 2019, Diego Caetano y Alejandro Spuntone presentaban de forma virtual su primer trabajo en conjunto; el nombre del tema es “El siervo”, el dúo se llama Proyecto Bifröst. El 20 de agosto de 2021, luego de un recorrido de trabajo de dos años, dan a conocer su cuarta creación musical y audiovisual, que se llama “Onírico” y anuncian la salida de su primer trabajo discográfico con el mismo nombre. Un disco gestado entre dos ciudades allende el Atlántico y la línea del Ecuador: Montevideo y Berlín. Aprovechando la salida del álbum surgió una comunicación con ambos integrantes y de la misma, esta entrevista. Fueron dos charlas distintas, una presencial y la otra virtual. Aprovechando el motor que mueve a Redes Comunicantes, se las presento acá como una misma charla. Es que luego de realizadas, editarlas como un puente o una red comunicante, es la mejor forma de mostrar el trabajo de dos personas consustanciadas con su creación y con el espíritu de lo que desean compartir y transmitir.


Gustavo – ¿Cómo se conocieron, cómo fue que se dio el punto de partida de lo que están haciendo?

Alejandro – Es muy raro, la verdad, porque a Diego lo conocí por las redes viendo cosas que subía a su Facebook con los Children of Dragon Maiden, una banda que hacía versiones de cumbia en metal. Una banda muy divertida, con muy poco prejuicio con la música.

Diego – Cuando aparece Facebook y me puse a seguir a todos los músicos que me gustaban del Uruguay, viendo el perfil de Ale, pude notar que compartíamos muchísimos ángulos de nuestro gusto musical, lo cual me dio ánimo para hablarle por el chat.

Alejandro – Además fui descubriendo que era un tipo que tocaba todos los instrumentos y un día me escribió por el Messenger de Facebook. Se estaba por ir del país y me quería traer el disco de una banda que tenía de metal progresivo que se llamaba Elarcos (Nota: Elarcos es: Diego Caetano: batería, Alejandro Bravo: saxofón alto y voz, Gustavo Ferrero: guitarra eléctrica, folk y acústica, Santiago Vargas: bajo, Marcello Palermo: teclados. Editaron un disco de forma independiente en 2009 que se llama Tecnocracia). Y cayó por mi trabajo, me trajo el disco; él es muy admirador de La Trampa. Nos había ido a ver al Pilsen Rock siendo un niño.

Diego – El Pilsen Rock del 2005. Yo tenía trece años y estaba en un concierto de rock por primera vez en mi vida. De repente apareció La Trampa en plena oscuridad con la canción “Resurrección”. Ese momento me impactó fuerte y cambió mi vida. Desde entonces quise enfocarme a hacer música y tener la oportunidad de poder subirme al escenario. En 2016, justo antes de irme a mochilear por Europa, lo conocí en persona. Ahí hablamos brevemente en la puerta de su trabajo y luego me mandó sus comentarios por el chat.

Alejandro – Yo tengo 49 él tiene 29, era un pibe cuando nosotros estábamos en el apogeo y seguimos en contacto, y un día le dije: me encanta lo que hacés, me gusta la manera en que encarás la música. ¿Tenés alguna canción, alguna cosa que se pudiera hacer para cantar?, yo te la grabo, no tengo problema, me gusta. Y me dijo: canción no tengo ninguna, aparte me comenta que no me iba a dar una canción de él para hacer, que le gustaría hacer algo original.

Diego – Todo se siguió desarrollando muy naturalmente, nos pasábamos música y conversábamos de bandas a la distancia. Hasta que a fines del 2018 salieron las ganas de ambos de ponernos a hacer un tema o dos para ver cómo quedaban. Ya estaba en ese entonces en Berlín, así que desde el comienzo nos pusimos a laburar a la distancia.

Gustavo – Y así salió su primera producción juntos.

Alejandro – Claro, y ahí surgió lo de “El siervo” que fue la primera canción que hicimos. Lo hicimos casi como una cosa lúdica para tener algo hecho, le metimos un nombre al proyecto, pero no pensábamos que dos años después podíamos tener un disco con ocho canciones propias y dos versiones. Porque siguió el tiempo, esto nació en 2019, no es que haya surgido por la pandemia, siempre trabajamos a distancia. Incluso con Diego nos juntamos en marzo del año pasado, justo unos días antes de que se cerrara todo, porque vino a visitar a su familia y nos juntamos a tomar algo en una cervecería. Nos vimos dos o tres veces. Y después siempre fue Whatsapp, mail, y otros medios similares. Hicimos una linda amistad virtual, como quien dice, y una buena química de música. Es un proyecto que no digo que no tenga sentido comercial, porque si uno saca un disco y lo pone a la venta quiere que le vaya bien. Pero sabemos que la intención no es el éxito, por decir algo. La intención es no perder plata, y la que hemos invertido, recuperarla, para poder seguir invirtiendo en otras cosas, porque es un estilo que a los dos nos une y nos gusta mucho. Si bien La Trampa tenía una veta como más fuerte o cierto acercamiento al género, no era una banda de metal; y siempre tuve ganas de sacar un disco así. El disco pasa por muchos lados, tiene canciones que hablan de todo, cosas que tenía ganas de decir.

Gustavo – Volviendo a ese momento fundacional, ¿cómo surge el nombre de la banda, por qué Proyecto Bifröst?

Alejandro – Surgió un día, Diego charlando con su mujer, tirando ideas, y nos pareció que estaba bueno que tuviera una palabra en español y otra que funcionara como puente. Y Bifröst es ese puente.

Diego – Queríamos que el nombre tenga algo que ver con “Puente”. Un día con mi esposa embarazada nos fuimos a comer un Kebab con un cuadernito de apuntes para encontrar el nombre definitivo de una vez por todas. A ella se le ocurrió que toda esta cosa del puente mágico virtual le hacía recordar al Bifröst de la mitología nórdica. El Bifröst es un puente que une el mundo donde residen los dioses con el nuestro, el Midgard con el Asgard. Para nosotros esto de hacer música con herramientas virtuales nos hace recordar a ese tipo de magia. Actualmente es todo tan rápido, mágico y a la vez naturalizado.

Alejandro – Y nos parecía que estaba bueno vincularlo así, incluso el logo de Ritual es la puerta de Brandenburgo y la puerta de la Ciudadela como unidas por un puente. Una cuestión simbólica.

Gustavo – ¿Cómo surgió la creación de “El siervo”, cómo se llegó a definir el tono y la letra?

Alejandro – Diego me mandó la música, parte de la melodía, me la mandó con un título, se llamaba “Miedo” y yo venía de ver una película, no me acuerdo el nombre ahora, pero hablaba de los abusos en la iglesia y cómo se habían destapado (Nota: Spotlight, en español, En primera plana, película de 2015 dirigida por Tom McCarthy, con Mark Ruffalo, Michael Keaton y Rachel McAdams), cómo los que sufrieron eso en determinado momento, cuentan su historia. Limpian ese pasado nefasto; también la película habla de la grandeza de esas personas, que sufrieron ese abuso y pueden llegar a ser mucho más misericordes y mejores personas que tipos que hablan en nombre de un ser supremo y ahí surge un poco lo de “El siervo”.

Gustavo – Y a nivel técnico, ¿cómo fue la grabación del tema?

Alejandro – Soy un tipo que trabajo en computadora, pero Excel y cosas de números, cosas de estudio contable; siempre en la música me dediqué a ser un intérprete, grabar discos. Iba y grababa en los estudios, pero no tengo mucho contacto con lo que es la parte técnica. Con Diego tuve que acostumbrarme, él me recomendó: – Comprate una interfase, comprate este micro. Aprendí a manejar un programa para poder mandarle las voces grabadas desde mi casa para empezar a trabajar los demos y maquetas. Así que aprendí y me abrí a escuchar a un pibe mucho más joven que yo y que me enseñara. Después para grabarlo bien, me junté con Lalo Sánchez, Gonzalo, que trabaja conmigo y Guzmán, que grabó nuestros discos y es un amigo, un loco joven, treinta y un años, enfermo por el sonido, que tiene buenos micrófonos, buenos equipos y lo grabé en casa con él. Le mandamos todas las pistas, el bruto, a Diego.

Diego – Alejandro no estaba tan acostumbrado a lo de laburar remoto, pero le agarró la mano enseguida. Trabajar las demos desde casa tiene una ventaja gigante en comparación a juntarse a ensayar o ir al estudio. Uno puede trabajar en cualquier momento del día sin tener que depender del tiempo de otro, ni tener que desplazarse a donde el equipamiento se encuentre, se retiran un montón de factores que pueden jugar en contra a la hora de hacer una buena performance frente a los micrófonos.

Gustavo – Eso fue con la primera canción, ¿cómo se desarrollaron después los otros temas?

Alejandro – Después fue lo mismo, fluyendo, surgió otra que era “Ritual”, fue la que sacamos al otro año. Diego me había mandado montones de instrumentales suyos y una madrugada me levanté como a las cinco de la mañana y escribí “Fast 4 war”, que se llamaba así la música que tenía, porque era hecha para un video juego, y me quedé enganchado, me levanté, le grabé la melodía, se la mandé y ahí empezamos y salió “Fast 4 war”.

Diego – Normalmente los instrumentales me salen con inspiración en algo, y ese algo le lleva a dar el título inicial. Habitualmente la mezcla del sonido con el nombre, le dispara a Alejandro una idea para la letra. Es toda una serie de gatillos que nos disparan recuerdos o pensamientos que luego plasmamos de una manera u otra en las canciones.

Alejandro – Y seguimos, incluso de una de esas salió “Bonanza”, que también era instrumental. Se llamaba “Electrobull”, creo, y yo le puse otra cosa. Otro día le mandé una letra de una canción que se llama “Boicot”, que no tenía melodía ninguna y Diego le hizo la música y la melodía.

Gustavo – Así que también se dio el proceso al revés.

Diego – Algunos temas nacen desde el instrumental y otros nacen de la letra. El proceso de grabación es bastante sencillo. Primero creamos una demo con instrumentos virtuales y grabaciones primitivas de mi voz explicándole a Ale alguna melodía o escala. Ale graba sus ideas en su casa con el pasar de los días y vamos editando o regrabando cosas de ambos lados. Una vez satisfechos con la demo, grabo el instrumental con los instrumentos reales y le termino de agregar/quitar elementos para que todo funcione bien aceitado entre los instrumentos. Finalmente, Alejandro va al estudio a grabar las voces definitivas sobre una mezcla básica de los instrumentos definitivos. Dato no menor, ¡él graba las canciones de comienzo a fin sin parar, como si las estuviera cantando en vivo, eso me voló la cabeza!

Alejandro – Te agrego algo más: el último tema, el que cierra el disco, que se llama “Bienvenida al mundo”, lo compuso Diego, porque en todo ese período nació su hija en Alemania. Y tenía una idea, jugaba con el ruido de la ecografía, entonces armó una canción que tiene como tres partes. Una que es la ecografía, otra que se llama imaginando y otra que es el momento del parto. Tenía unos bocetos de letras que fue desarrollando y yo terminé de redondear la última parte, en base a cosas que habíamos hablado. Fue un proceso natural y desde las ansias de hacer cosas. Nos llevó dos años hacer todo y después nos empezamos a poner ansiosos para que el disco saliera. Y bueno, ahora ya estamos a pocos días de ver el disco, ya vimos el arte, ahora vas a ver el disco. (Nota: en el momento de la entrevista Alejandro Spuntone estaba por recibir el primer disco, el primer cd, pronto. Algo que pudimos fotografiar para compartir como parte de la entrevista).

Documento gráfico: el primer cd llega a uno de sus creadores

Gustavo – ¿El disco sale sólo acá o tiene una edición en Berlín?

Alejandro – Sale por Bizarro, sólo acá, en cd y por plataformas digitales. Ahí hubo una cuestión que tiene que ver con el gusto de lo físico, del formato físico. Es una realidad, triste, pero es una realidad, no se están vendiendo muchos discos. Pero Diego y yo queríamos que este disco saliera, tenerlo en la mano, fue algo que se generó a 12.000 kilómetros de distancia, con un montón de cosas que son particulares, pensamientos, sentimientos, tiene que ser tangible. Ahí llamamos para diseñar a Eugene Cöre, él nos diseñó el disco Equilibrio, con Guzmán Mendaro. Y le dijimos con Diego, somos fans de Dream Theater, nos gusta mucho el rock progresivo, usalo como referencia. Le mandamos el disco para que lo escuchara. Y nos hizo un diseño que tiene que ver con la Tierra, el universo, un astronauta solo, algo muy espacial que se transforma hasta en algo hipnótico. Y te da como una sensación, a mí me pasa, de algo inmenso, pero también opresivo. Esa soledad del astronauta en el medio del espacio infinito y un poco así es como estamos todos a la larga.

Diego – El objetivo principal era dejar un trabajo publicado con música y letras que nos encante a nosotros, que sea todo sincero y sin especular de si la cosa va a pegar o no. Ya de por sí los formatos de las canciones no son para nada tradicionales ni populares, así que ya desde el inicio no esperábamos mucho de las fuerzas exteriores.

Gustavo – Alejandro, me decías que el disco tiene dos canciones que no son de ustedes, ¿qué temas son?

Alejandro – Dijimos, vamos a hacer alguna canción que queramos sacarnos el gusto de hacerla en este formato. Diego es muy fan de Rubén Rada e hicimos “Flecha Verde”, que también por la temática de la letra, en estas épocas nos cerró. Y, por otro lado, casi que sin hablarlo, “Hijos de la abundancia” de Galemire y Cabrera. A mí siempre me encantó esa letra y sobre todo porque sentía que en el riff de guitarra y en la manera que se da la melodía, pedía que tuviera rock. De hecho, lo tiene, tiene toda la fuerza del mundo, pero pedía estar en otro ambiente, vestirla de otro modo. Diego se mandó una versión alucinante.

Gustavo – ¿Existe alguna posibilidad de presentación o lanzamiento, de verlos tocarlo?

Diego – Primero queremos culminar la etapa de promoción del álbum y luego vamos a ver cómo continuamos. Yo tenía la esperanza de que se pudiera tocar en diciembre de este año, pero no la veo viable. Ojalá el 2022 nos abra la puerta para meter un poco de ruido en las tablas.

Alejandro – En un momento del año, deslizamos la posibilidad de que viniera en diciembre, pero al final va a estar complicado, depende en parte a factores económicos de todos. Venir no es barato, tiene que dejar de trabajar, pero veremos qué se puede inventar, en algún momento se dará. Lo que sí sabemos es que en algún momento lo queremos tocar en vivo. Y lo bueno es que ya tuvimos un par de propuestas de gente que quiere que hagamos la presentación. Es una inyección de energía, una bocanada de aire nuevo. De novedad, porque más allá de que disfruto mucho lo que hacemos con Guzmán y que eso sigue creciendo muy bien, esto tiene esa sensación de novedad, de expectativas diferentes, que se suman. Bifröst es fruto de eso, de buscar cosas nuevas, de no quedarse.

Diego – Lo que queremos hacer ahora que ya tenemos la primera meta cumplida, es hacer llegar las canciones a todos los rincones, para que tengan aunque sea una oportunidad con cada persona.

¡A mediano plazo esperamos tocar esos temas en vivo con una banda entera!

Gustavo Aguilera

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