The Jim Jones Revue – The Jim Jones Revue (2008)

El mítico Jim Jones encontraría inspiración a fines de la década del 2000 para formar una banda que intentó y logró reflotar los mejores aspectos del rock and roll. Definida como un choque entre Little Richard y MC5, la propuesta de The Jim Jones Revue pasaría injustamente inadvertida.

Jim Jones en voz y guitarra, Rupert Orton en guitarra, Elliot Mortimer en piano, Gavin Jay en bajo y Nick Jones en batería se sobraron para ejecutar diez bombazos que componen el disco. Esta pieza única de rock and roll inglés del siglo XXI fue grabado intentando reproducir en su sonido la idea de la brutalidad de la propuesta. El resultado es único y resulta difícil de asimilar a quienes estén acostumbrados al buen sonido. A fuerza de ser sincero, la sobresaturación no permite apreciar en su total dimensión la música, pero refleja la atmósfera bastante apropiadamente. Este sonido sería adecuado a una escucha más “amable” en sus posteriores producciones.

“Princess & the frog” abre el disco, y no hay que dejarse engañar por su inocente comienzo con la ranita. Inmediatamente el piano introduce el tema y será indicativo de cómo será todo lo que seguirá en el disco. Una preponderancia de la voz al mango, guitarras en un constante apoyo al marcado rock and roll, y la destacada presencia del piano, cuya labor se insinúa desde la portada del disco. Solo a dos guitarras para cerrar esta introducción.

Le sigue “Hey hey hey hey”, la evocación directa a Little Richard, interpretada musical y vocalmente de manera impecable. Mucha guitarra en el medio del tema, para suplantar el muy presente piano al inicio y final del tema.

“Rock and roll psychosis” sigue muy arriba, tanto como se puede llevar hasta allá. Frenético ritmo, gran trabajo del piano a manos de Mortimer, a quien luego suplantaría Henri Herbert.

El cuarto tema es uno de los dos que suena distinto en la atmósfera de locura y rock and roll propuesta. “Fish to fry” es raro pero no deja de sonar a rock and roll. Se puede decir que tiene “eso” que tenían ciertos temas en la década del ’50 y que también contribuían a la escena del rock and roll. En el caso de “Fish to fry”, no podía ser de otra manera.

“512” es un gran tema, con un ritmo imparable, una explosión continua. No queda otra que moverse al compás impuesto por todos los instrumentos hasta el cortante final.

Y llega el turno de “Another daze”, bajando un poco las revoluciones, pero con una cadencia que ya muchos quisieran lograr. Muy efectivo, con guitarras presentes, con maracas, y con los dedos volando sobre el teclado del piano.

“The meat man” nos devuelve a lo más clásico y a las raíces más profundas del rock and roll. Imparable en su parte musical a mitad del tema y sobre el final del mismo. Impecable.

“Make it hot” suena más limpio pero con la misma carga de rock and roll. Envidiable en muchos aspectos, como por ejemplo en la manera en cómo se logra rockear con ideas variadas. Básico pero efectivo.

“Who’s got mine” es arrollador, uno de los puntos más altos, donde el frenesí está en todo su esplendor. Brutal desde el inicio, atropella desde los parlantes en base a su contundencia. Al mango.

Finalmente llega “Cement mixer”, el tema más distinto. Al decir de Jim Jones a la audiencia de Canal+ en su primera presentación en ese canal francés: “Si alguna de las chicas de aquí siente que la próxima canción es acerca de streap tease…”. A algo así parece incitar la canción. El piano es sustituido por un teclado en algunas partes. Raro en el entorno de lo que es el disco, pero bienvenido también.

Este disco resultó irrepetible, ya que sus sucesores ya no serían exactamente lo mismo. Si bien el sonido mejoraría, se perdería un poco (un poco) esta veta de rock and roll puro, explosivo, básico, visceral, atmosférico e imprescindible. 2014 sería el año de la separación definitiva de la banda, dejando otro hueco más en nuestro querido rock and roll.

Ariel Scarpa