Slayer – Reign in Blood (1986)

7 de octubre de 1986: edición de su LP Reign in Blood

En esta oportunidad traigo para rememorar un disco editado en el 1986. Precisamente salió a las calles el día 7 de octubre de 1986, por lo cual se están cumpliendo 33 años. Resulta una tarea difícil elegir un disco de ese año, dado que muchas bandas se encontraban en pleno auge de sus carreras, mientras que otras salían a flote. Por ejemplo, es el año de la edición del Who Made Who de AC/DC, Inside The Electric Circus de WASP, Orgasmatron de Motorhead, Pleasure to Kill de Kreator, Peace Sells… de Megadeth, Master of Puppets de Metallica y el Somewhere in Time de Iron Maiden, entre otros tantos.

De todas formas, por aquellos años dos corrientes lideraban el género del Heavy Metal: el thrash y el glam. Bandas de uno u otro estilo editaban discos muy importantes que iban destinados a públicos muy diferentes. El glam o hair metal surgía de los sonidos elaborados por Van Halen o Aerosmith, mezclados con elementos del Hard Rock y hasta del Pop, siendo un “metal” para las masas, y hasta se discute si incluir estos estilos dentro del Metal o dentro del Rock, siendo una especie de Hard Rock, pero es una discusión que por el momento no abarcaremos. Grupos como Kiss, Motley Crüe, Poison, Bon Jovi, Twisted Sister, Stryper, Cinderella, Warant, Skid Row entran como representantes de este estilo.

Por su parte, como fieles representantes del otro estilo derivado del Heavy Metal, en auge en la década de los ’80, el thrash, estaban bandas como Anthrax, Motörhead, Megadeth, Metallica, Sodom, Destruction, Kreator y por supuesto, nuestra banda de hoy, Slayer.

Slayer es una banda de thrash metal estadounidense que nació en la ciudad de Huntington Park, California en el año 1981, y fue creada por los guitarristas Kerry King y Jeff Hanneman. Para completar su formación, King y Hanneman unen al bajista y vocalista de origen chileno Tomás “Tom” Araya y al baterista de origen cubano, Dave Lombardo. Este último ha tenido períodos intermitentes en la banda, ya que ha salido y vuelto a entrar constantemente durante estos años.

La banda está lamentablemente en su gira despedida en esta época, por lo que aquellos a quienes les pique el gustito de la misma, en estos momentos no tendrán oportunidad de verlos actuar en vivo, dado que acaban de tocar en dos fechas en Chile y a fines de setiembre en el Luna Park de Buenos Aires.

Gracias a la edición de Reign in Blood, calificado como «el álbum más heavy​ de todos los tiempos» según la revista Kerrang, la banda obtuvo cierta notoriedad y fue incluida dentro de “Los cuatro grandes del thrash metal” junto con Metallica, Megadeth y Anthrax.

Y como los reconocimientos siempre llegan en algún momento de la vida, aunque sea luego de muerto uno, Tom Araya fue homenajeado por el Parlamento de Chile por su trayectoria y aporte a la música.

Tom Araya recibió reconocimiento en la Cámara de Diputados

Reign In Blood, es el tercer disco de estudio de la banda, con la edición de un EP entre medio también, y fue publicado el día 7 de octubre de 1986. Es para muchos músicos, productores, opinólogos y fanáticos, una pieza fundamental para asentar las bases del incipiente estilo de aquella época. Es una obra maestra inalterable que ha resistido el paso del tiempo, en la que se aúnan la rabia, pureza y simplicidad en poco menos de media hora de estrepitosas guitarras, una hiper veloz batería y unos gritos inclaudicables y feroces. Marcó un mojón en la historia de las canciones thrash, otorgando al estilo otra vertiente al despojarlo de todos los artilugios rimbombantes, consolidando así un género en pleno auge por esos momentos, dado que el estilo se encontraba recorriendo el camino hacia temas largos y complejos, con predominio de los solos de guitarra, hasta que Slayer apareció con su crudeza y su simplicidad.

La apertura del disco es con la canción que a la postre se convertiría en todo un clásico, no sólo para la banda, sino en un tema ineludible y referente para todo el estilo thrash y Metal en general. “Angel of death”, un tema duro y crudo y endiabladamente rápido, que pone de manifiesto que si ése es el comienzo del álbum, qué será lo que nos espera después, y cómo será el final. El grito desgarrador de Araya, un riff descomunal que permanece durante todo el tema, uno solo característico de la banda y una asombrosa ruptura de doble bombo de Lombardo, musicalizan una temática de la canción referida a las atrocidades ocurridas en Auschwitz, cometidas y dirigidas por Josef Mengele, el “Ángel de la Muerte”.

Las letras de sus canciones referidas a la doctrina Nazi han sido referentes en la historia de Slayer. En principio por la elección del nombre de la banda, ya que en español significa asesino, seguido por una elección de la tipografía del nombre donde la “S” es idéntica a la utilizada por las “Waffen-SS”, o sea, aquel cuerpo armado de combate de élite de las Schutzstaffel, la organización militar, policial, política y de seguridad al servicio de Adolf Hitler y del Partido Nacionalsocialista obrero alemán.

Luego también, la banda utiliza en su logo principal el águila imperial dentro de otra memorabilia del Tercer Reich, todo lo que les generó en su momento la reputación de que sentían una especial simpatía por el régimen Nazi, hasta el punto de simplemente considerarlos como un grupo afín a tal Doctrina. El nunca bien ponderado Jeff Hanneman, compositor de la canción que abre el disco y fanático de la simbología alemana de la Segunda Guerra Mundial, lo ha negado mil veces de todas las formas posibles, con muy poco éxito. La pinta de Kerry King tampoco colabora, con su cabeza totalmente rapada con tatuajes que provienen desde sus brazos y espalda y terminan como cuernos en su cuero cabelludo, que hacen que hasta ese par de transeúntes acompañados de sus Nuevos Testamentos salgan a los gritos de “el diablo existe…” cuando se lo cruzan por algún recóndito lugar.

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Mandatory Credit: Photo by Future/Shutterstock (1772519a)
Kerry King
Kerry King Portrait Shoot

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Kerry King
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Han salido a declarar, con un argumento bastante “dos pesos” si se me permite la expresión, que no deberían ser considerados fanáticos de tal Doctrina por el hecho de tener en la banda a Tom Araya (chileno) y Dave Lombardo (cubano) los cuales no son “especialmente arios”. Puede ser que esta explicación les haya ayudado en aquella época como argumento, pero si se razona un poco el mismo argumento se esfuma por su propia inconsistencia, dado principalmente a que, justamente el chileno y el cubano son particularmente individuos a los que los regímenes autoritarios les han marcado a fuego la vida, siendo muchos de ellos, personas que rememoran con nostalgia el régimen de Pinochet, por ejemplo en un caso, y en el otro, son individuos que defienden hasta con la vida el régimen de los Castro. Por lo tanto, y aunque sean de filosofías totalmente opuestas, uno de derecha y el otro de izquierda, comparten con el Nazismo que son regímenes autoritarios, sin mecanismos de democracia ni directa ni indirecta, que obstan el pluralismo y participación de otros partidos políticos, cercenan derechos y libertades públicas y del individuo, y alcanzan el poder en muchos casos en forma violenta, sin apoyo del pueblo perpetuándose en la detentación del mismo.

Pero como en este caso estamos refiriéndonos a un grupo musical y a uno de sus discos, no ahondaremos en opiniones de índole políticas y republicanas, sino que volveremos a la línea y crítica rockera. Manifestaré por último, que a pesar del paso del tiempo, los coletazos y salpicaduras hacia Slayer respecto a este punto aún no han sido totalmente removidos.

Volviendo al disco, “Piece by piece” es un tema que por sí solo sería single promocional y daría éxito a cualquier otro disco. Una canción agresiva, corta y veloz, muy típica de las creaciones de King, que se queda en medio tiempo al lado de la bestial “Necrophobic”. Esta última es un caos descontrolado, con riffs frenéticos que forman una gran canción. En cierto momento se ralentiza en una forma sorprendente para, en una nueva etapa, regresar hacia el caos original, siendo la canción con el comienzo más rápido del álbum y dos de los mejores solos creados dentro del metal.

“Altar of sacrifice” contiene otro riff icónico de Slayer, siendo una nueva gran obra donde te ofrecen pura adrenalina y potencia, aunque para el escucha despistado pueda ser menos vertiginosa que su antecesora “Necrophobic”, pero al igual que muchas cosas en la vida, todo depende de cómo se mire, para el caso de autos, como se escuche. Las guitarras son perfectas, el medio tiempo intermedio es impresionante, la diabólica entrada y salida de los solos es impecable, y la transición hacia la lentitud pesada y opresiva del principio de “Jesus saves” es inmejorable. Esta lentitud dura un tercio del tema, hasta que todo se transforma con dos simples golpes de caja que sirven de transición hacia el resto de la canción, muy rápida y llena de solos disonantes.

“Criminally insane” empieza tranqui, para al rato volver a meterse en el ojo del huracán con una parte final cuasi perfecta. “Reborn” es metralla pura y dura, y una línea vocal magnífica. Por su parte, “Epidemic” es un temazo al nivel de los mejores del disco, con riffs fabulosos y una estructura saltarina que ha influido a cientos de bandas. Como en la mayoría de temas de este disco, me fascinan los enlaces tan ridículamente naturales entre las diferentes partes de la canción, sean lentas o rápidas.

“Postmortem” es el tema más diferente que encontraremos aquí. Solemne, lento, denso y diabólico, con un riff que se te queda grabado a fuego. La banda quería que todo fuera un conjunto indisoluble, ya que desde la portada del disco, creada por el artista Larry Carroll, hasta la última nota del álbum, debía estar todo dentro de una coherencia general.

Y finalmente, cómo ha de terminar semejante obra si no es con un tema de la talla de “Raining blood”. Uno de los mejores y más famosos temas de la trayectoria de la banda, quizás el que más combina partes rapidísimas con un medio tiempo impresionante, y esa dura conexión en la caótica batalla final entre las guitarras final y el sonido de lluvia, que no es más que esa sangre que llueve del cielo como el merecido descanso final después de la bestialidad que hemos estado escuchando en la última media hora; y da la sensación que se recrea incluso un poco más de la cuenta, con casi 50 segundos de sonido ambiente que nos ayudan a relajar los músculos después de la tensión acumulada. Por cierto, que el juego de palabras “Raining blood” / “Reign in blood” me sigue pareciendo muy acertado y original.

En definitiva, es un álbum esencial en la vida de cualquier metalero que se precie de tal, y es una obra que sin lugar a dudas quedará para la posteridad. Uno de los mejores discos de thrash metal de la historia, uno de los mejores del Metal todo; es entonces algo imprescindible para la vida en plenitud.

Tomás Cámara