En el vasto universo del rock, la música ha sido más que una forma de entretenimiento; ha servido como un altavoz para la resistencia y la reflexión durante épocas de opresión. Si bien el rock uruguayo dejó una marca indeleble durante la dictadura militar de los años ’70, es crucial reconocer cómo la situación actual en Venezuela refleja ecos de ese pasado oscuro, aunque con desafíos contemporáneos.

La amistad entre David Bowie e Iggy Pop fue harto conocida por todos y seguramente, una de las más entrañables de toda la historia del rock. Bowie había sido un gran admirador, desde fines de la década del sesenta, coleccionando discos de The Stooges y escuchando cientos de historias salvajes sobre las locas presentaciones en vivo de Iggy Pop. Para 1975, Iggy estaba totalmente metido en la heroína y su fuerza de voluntad se había agotado. Pero aun así, tuvo la suficiente lucidez para internarse en una clínica e intentar sobrevivir. Incluso antes de que se hicieran amigos cercanos, Bowie fue influenciado por Iggy. El nombre de la creación más famosa de Bowie, Ziggy Stardust, fue una bastardización del primer nombre de Pop. Elementos del estilo errático de Pop alimentaron al personaje, pero incluso después de que Bowie hubiera matado a Ziggy, todavía estaba canalizando el estilo único en el que Pop había sido pionero. Así que cuando Bowie escuchó que Iggy estaba en un pabellón psiquiátrico no dudó un instante en sacarlo.

La banda se forma en 1986 para acompañar inicialmente a Fernando Cabrera en las presentaciones de su disco Buzos Azules, pero su disco debut llega en 1988. El nombre de la banda fue propuesto por Jorge Galemire y apuntaron a un pop rock sofisticado.
Estuvieron integrados por gente muy experiente dentro de la música uruguaya, que se movía en distintos estilos y que volcaron en este trabajo su veta más rockera.

La tarde de ese viernes murió con estilo, deslizando sus últimas luces entre las ramas desnudas de los árboles de mi calle. Tiñendo el horizonte de un rojo intenso, mientras la noche agazapada, esperaba. «¿Whisky, Nico?», me preguntó Martín, haciéndome apartar la vista de los ventanales del viejo Bar Smidel. Asentí, «Dos Johnny dobles, Alexis». Bebí un trago largo que me calentó las tripas. «Martín, ¿te acordás cuando acá enfrente era La Última Curva? «. «Sí, no me olvido más el sábado que vimos a Buenos Muchachos y Neanderthal».

Nunca me gustaron las versiones. Una vez Robert Smith fue consultado al respecto y afirmó que prefería modificar la canción y firmarla como propia. Kubrick pensaba lo mismo. Su producción cinematográfica está construida sobre la literatura. Once de sus trece películas, salvo las dos primeras, están basadas en libros. A diferencia de otros directores de cine, Kubrick se apropia realmente de esas obras, las hace suyas y crea un universo nuevo que se adapta a su concepción del mundo, reflejando su visión pesimista y desencantada de la condición humana, siempre dejando en claro lo poco que separa la alegría del llanto y el brocado de la mortaja.

El embrión de Toque De Queda da sus inicios en 1984, cuando dos compañeros del Liceo IBO (Instituto Batlle y Ordóñez), Daniel Durante y Álvaro Braga, afianzan sus vínculos por el amor que ambos tenían por la música. Álvaro iba a clases de música y tocaba teclados, mientras que Daniel ejecutaba la guitarra y cantaba. Había sido seminarista y estuvo vinculado a las actividades de su parroquia, ejecutando música religiosa. En el liceo conocen a Aníbal Perfumo, que se encargaría de la guitarra y composición, que los contacta con un batero (Leonardo Rodríguez), y comienzan a ensayar en la zona del Prado.

El 28 de diciembre de 1987 Juan Faccini (actualmente en El Conde), Héctor Nebuloni, Fernando “Bonzo” Gómez (también actualmente en El Conde) y yo, dimos forma a la primera encarnación de La Incandescente Blues Band. Los tres primeros temas que compusimos como grupo y que ensayamos fueron los que formaron parte del demo que nos ocupa hoy; me atrevería a decir que incluso cronológicamente. El repertorio se completaba con el “Blues para nosotros” de Rescate, “Honky tonk women” cantada por Juan, y “Johnny B. Goode” cantado por mí. Seguro que se me olvida alguna canción más, pero comenzamos con sólo eso.

Hoy quiero hacerles partícipes involuntarios, como lo fui yo también, de una historia de amor trunca (o eso creo): la historia de Ruben y su interés romántico, a quien llamaremos la Señorita X. Todo comenzó sin saberlo, una noche cualquiera en casa, meses atrás. Quizás fue un sábado, aunque no puedo precisarlo con certeza. Tras la cena con mi esposa, no sé a santo de qué, comenzamos a hablar sobre viejas canciones de nuestra adolescencia y a buscar en YouTube sus videos correspondientes. Fueron pasando temas y más temas, mientras íbamos activando nuestros recuerdos y comentando sobre cada uno de ellos. Y así llegamos a Bravo…