El 2 de febrero falleció Wayne Kramer, fantástico guitarrista de la banda de rock and roll y proto punk de los años sesenta, MC5, a la edad de 75 años a causa de un cáncer de páncreas. MC5 y bandas como The Stooges de Iggy Pop, acompañados de los grupos de Bob Seger, los Amboy Dukes de Ted Nugent y otras bandas como The Rationals, Up, Frost o SRC, cambiaron para siempre el rock de Detroit y por ende la faz del rock en general. “High Energy Rock and Roll” lo denominaron, convirtiéndose en uno de los precursores del punk y el metal.

Una canción no sólo se escucha, también se lee, sobre todo si su autor tiene una prosa tan apasionada como la de Jim Morrison. Las canciones de los Doors una vez terminadas, se siguen sintiendo en la piel porque las historias que cuentan continúan su curso, aún cuando tu dispositivo se quede sin batería. Intentaré poner en palabras el alfabeto onírico de la música de los de Venice, para que la próxima vez que reproduzcas “Soul kitchen”, puedas escuchar otros matices.

¡Buenos días a todos! Quo Vadis es una banda formada en Montevideo en 1977, surgida de la fusión de músicos de la última formación de Los Campos y el grupo Ibism integrado por músicos de excepción. Contó en sus inicios con nombres como Oscar «Indio» del Castillo (voz) y Héctor Marrone (órgano), entre otros. Desarrollaron un estilo pop rock con letras propias que hablan de historias cotidianas.

Hoy voy a hablar de la banda más irreverente y exitosa de la generación Graffiti: Los Tontos. El grupo surgió en Montevideo en 1984 por la inquietud de Renzo Guridi y Leonardo Baroncini de hacer una banda de rock. Leo ya tenía muchas canciones compuestas y las quería plasmar en el escenario. Además, había formado parte de otras bandas como músico de Fernando Cabrera, Cuarteto de Nos, entre otras, mientras que éste seria para Renzo su primer proyecto. En ese entonces Guridi (guitarra) y Baroncini (batería) invitaron a Santiago Tavella (bajo) para completar la agrupación y así conformar la primera formación de Los Tontos.

En 2013, en una de mis visitas a Londres, Vic Godard (líder de los Subway Sect, banda que compartía manager y local de ensayo con los Clash) me contó que, en pleno apogeo punk, John Lydon tenía como costumbre susurrar al oído de desconocidos parte de la letra de una añeja y olvidada canción: “Ahora cuando nos levantamos / poder popular / cuando nos levantamos / poder para los pobres / cuando nos levantamos / poder para los trabajadores / cuando nos levantamos / poder para todos”. Era el estribillo de “Ascension day”, corte que abre el primer disco, publicado en 1971, de una ignota banda londinense, Third World War (a la fecha, 360 oyentes mensuales en Spotify).

Los ’80 representaron para una generación, a la que pertenezco, una forma de vivir la música. Vivimos los coletazos finales del punk primigenio, su desencanto, su furia y sus desvelos. Y vivimos también, más de cerca, todo lo que ese explosivo momento musical e histórico nos legó. Crecimos con esa manera de unir necesidades y sentires en un solo camino y nos arropamos, en la gris Montevideo de aquellos años, con canciones.

A mediados de la década de los 80’s y una vez acabada la dictadura militar, dos amigos del Liceo Zorrilla, Daniel y Leonardo, decidieron armar un grupo musical. A ellos se les sumó Edgardo, que había sido baterista de la banda Ácido. En sus comienzos conforman una banda con influencias del heavy y con una fuerte dosis de pop, pero cambiarían sustancialmente con la integración del tecladista Eduardo Gómez, al que conocieron en la grabación de un jingle que nunca salió. Gómez incorporo en la banda un sonido especial con su sintetizador monofónico y, finalmente, conformaron un cuarteto. El nombre Zero lo propuso Edgardo y viene de los Kamikazes japoneses.

Todos dicen haber asistido al show de Mano Negra, el 27 de junio de 1992, en la Estación Central de AFE (gira en la que también visitaron Venezuela, Colombia, República Dominicana, Brasil y Argentina). Yo no. Esa gélida noche de sábado estuve presente en un galpón de la Rural del Prado, disfrutando de un demencial y accidentado toque de Los Chicos Eléctricos. La pachanga nunca fue de mi agrado. Mientras en la Estación de AFE, el cantante francés Manu Chao, de torso desnudo, golpeaba el micrófono sobre su pecho emulando un bombo, en la Rural, Andy Adler le mostraba su región anatómica donde el sol no brilla, al sonidista.