Los ’80 representaron para una generación, a la que pertenezco, una forma de vivir la música. Vivimos los coletazos finales del punk primigenio, su desencanto, su furia y sus desvelos. Y vivimos también, más de cerca, todo lo que ese explosivo momento musical e histórico nos legó. Crecimos con esa manera de unir necesidades y sentires en un solo camino y nos arropamos, en la gris Montevideo de aquellos años, con canciones.
El Lugar Donde La Vigilia Se Funde Con Lo Onírico
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