La tarde de ese viernes murió con estilo, deslizando sus últimas luces entre las ramas desnudas de los árboles de mi calle. Tiñendo el horizonte de un rojo intenso, mientras la noche agazapada, esperaba. «¿Whisky, Nico?», me preguntó Martín, haciéndome apartar la vista de los ventanales del viejo Bar Smidel. Asentí, «Dos Johnny dobles, Alexis». Bebí un trago largo que me calentó las tripas. «Martín, ¿te acordás cuando acá enfrente era La Última Curva? «. «Sí, no me olvido más el sábado que vimos a Buenos Muchachos y Neanderthal».
Una De Mis Muertes
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