Esta nota no pretende ser un comentario del libro de Hugo Gutiérrez, “Una hora sangrando bajo el agua”; no me atrevería a tanto. Sí se trata de destacar el tipo de trabajo presentado: su contenido, la forma. También de darle el lugar justo de valor a textos que el batero de La Sangre de Verónika ha dado en recopilar en esta loable iniciativa, máxima expresión del DIY.

Los Premios Graffiti tuvieron dos ceremonias consecutivas en un formato distinto al habitual, debido a las dificultades y exigencias que las normativas sanitarias imponen.
Las dos ceremonias estuvieron impecables, como ya nos tienen acostumbrados, cuidando todos los detalles, sonido, imagen, coordinación, equilibrio en la elección de los shows. La verdad que es un lujo poder disfrutar de una fiesta de este nivel.