Fosos Lagrimales

Pienso en el foso lagrimal. En la inevitable “levedad del ser” que describió Kundera. Pienso en los millares de funerales a los que la humanidad ha asistido y continúa haciéndolo. A las contradicciones diarias. Las nuestras y las de los otros, las que nos sugieren los que se autoproclaman gobernantes del mundo.

Los que piensan tener en sus manos los halitos de la verdad, los que se consideran líderes mediáticos, payasos de la opinión pública, orquestada para obedecer y aplaudir a través de sus plataformas, móviles, sistemas operativos, narrativas ficcionadas de un mundo que nunca fue uno, sino cientos y miles de micromundos, algunos espoleados, otros encumbrados en sus grandilocuencias de riquezas y miserias.

Pienso en los absurdos del absurdo. En el viaje del Godot inesperado, en la instalación de los discursos nacionalistas, en el miedo vertido a través de ellos, en cómo el fuerte se aprovecha de los débiles, en cómo millares se pierden en el ocio del entretenimiento y otros en las grietas de fake news o en las semblanzas de sus propias ignorancias. Pienso en las instancias místicas que se han perdido, en las búsquedas incansables y a veces sin sentido. En los drones que nos sobrevuelan, en que nos diría Wittgenstein sobre los léxicos de hoy, en los desiertos de Antonioni, los séptimos sellos de Bergman. En las formas del agua que Guillermo del Toro vistió de atavíos sagrados. En las lluvias de vertebrados anfibios, cayendo como moscardones desmembrados en “Magnolia”, la película de Paul Tomas Anderson. En los poemas de Pizarnik, los silencios incontestables de las pinturas de Hopper, en “El callejón de las almas perdidas” de Lindsay Gresham, y en todos aquellos otros callejones donde pudiera encontrarme con Bella Baxter y poder decirle que la he estado esperando, escuchando un disco de Tom Waits.

Guillermo Baltar Prendez

 

Obra de Guillermo Baltar Prendez. Las Horas del Hastío.