Acá lo que sucede es que uno no sabe si hay cosas que las ha vivido en realidad o únicamente lo ha soñado.
Semi Dioses del Olimpo han bajado a entreverarse con los simples mortales para hacerles ver cuáles son algunos de los elixires del paraíso. En esta ardua tarea nuestros viejos conocidos de AC/DC decidieron, desde aquel octubre de 2023 en el festival Power Trip que se llevó a cabo en el mismo recinto del Empire Polo Club en Indio, California, del conocido festival Coachella, dar inicio a la Gira Power Up, la cual continuaría por los años 2024/2026 entre Europa, Norteamérica, Australia y ahora Sudamérica.
Siete años duró la espera para que volvieran a subirse a las tablas Brian Johnson, Angus Young, Stevie Young, además del músico de sesión Matt Laug en la batería (dado los no resueltos asuntos de Phil Rudd) y Chris Chaney en el bajo, por la firme decisión de dedicarse a la familia de Cliff Williams.
Para mi caso, que pude volverlos a ver luego de las ocasiones de Argentina en 1996 y 2009, la oportunidad de disfrutarlos en Chile sería de un atractivo especial, porque es una plaza del rock donde no había estado antes y, a su vez, hacía 30 años que no venía AC/DC a Chile, ya que se lo habían salteado en la gira del 2009.

Y este es uno de los detalles que encontré en el Parque del Estadio Nacional, donde era la cita de la fiesta, y es que se veía una gama muy amplia de edades entre los presentes. Muchos asistentes son parte de una generación más añosa y que volvió a reencontrarse con su banda, mientras que para otros sería la primera vez, quienes esperaron durante años, incluso toda su vida para poder verlos.
El show dio comienzo con el trío chileno Hielo Negro, quienes hicieron una buena tarea de aclimatar al público, el cual como mínimo hacía dos horas que estaban parados en el recinto.

Acto seguido apareció en escena la banda americana The Pretty Reckless. con su carismática líder, la multifacética señorita Taylor Momsem. Con sumo carácter y prestancia, el show de unos 45 minutos dado por el grupo telonero oficial de la gira de AC/DC, repercutió de muy buena manera entre los asistentes, quienes a sabiendas de estar a menos de una hora del plato fuerte, supieron disfrutar y sobretodo respetar al artista en escena, aun así no sea a quienes deseábamos o esperábamos.

Llegadas las 21 horas, las luces se atenuaron y el clip de inicio del show comenzó a rodar. El clásico Mustang que a toda máquina recorre una autopista donde en forma rápida y veloz, vuela directo al Parque del Estadio Nacional y al llegar es la excusa perfecta para dar inicio a los primeros acordes de “If you want blood…”, y desatar así la locura de los presentes, quienes entre cantar, saltar, gritar y hasta llorar sienten el choque eléctrico que recorre la espina dorsal del más puro rock ‘n’ roll que puede uno escuchar.
La lista de canciones completa que tocaron y aquí figura te puede dar una idea de lo electrizante que estuvo el concierto.

Convengamos que todo en AC/DC está hecho para despabilarte, todo es una bofetada energizante como inyección de adrenalina directa al corazón. Así lo declaró hace años Brian cuando le preguntaron porqué hacía ese rock tan eléctrico y divertido, y dijo: “Porque para aburrirme ya tengo a mi suegra”.
Y sí, no es necesario que te describa canción por canción como fue escucharlas en directo. Poco cambia para mí que sea esta la quinta vez que los haya visto, porque el común sentir de todas esas oportunidades es que se me eriza la piel, me lagrimean los ojos, se me humedecen las partes íntimas y dilatan otras, se me aflojan las piernas, me tambalean las rodillas y se me arrollan las “can-can”.

AC/DC pertenece al selecto grupo de bandas y artistas que no precisan sacar un disco para iniciar una gira. Si desean dar vuelta al globo por los 50 años de existencia, los 45 de editado el Back In Black, los 80 de Brian o los 71 que Angus cumplirá ahora en Buenos Aires el día 31 de marzo, todos y cualquiera de ellos serán impresionantes y “sold out”.
Ya sabemos que AC/DC tiene poco margen para innovar en sus distintos set list de las giras. De las 22 a 24 canciones que conforman los distintos repertorios, sabemos que cinco son del disco Back In Black, más otras cinco que son las fijas del final, “Let there be rock”, “TNT”, “Whola lotta Rosie”, “Highway to hell” y “For those about to rock”.
Varios clásicos como los temas promocionales de discos anteriores, “Thunderstruck”, “Dirty deeds…”, “Stiff upper líp, y en esta gira “Shot in the dark”, y finalmente el pequeño espacio para cambiar de una gira a otra, con temas en este caso como “Sin city”, “Jailbreak”, “Riff raff” o “Shot down in flames”.

Al ser AC/DC un tan digno exponente del mejor rock ‘n’ roll que pueda existir y un grupo tan aferrado al viejo mástil del rock, quienes además no se apartan un ápice de sus raíces, logran de esta forma una mancomunión muy sólida y estrecha con sus fans, quienes se mantienen estoicos e indeclinables en toda ocasión en que se pueda demostrar el amor a su banda.
Y así son siempre los shows de la banda y no por eso dejan de atraer generaciones y generaciones. Por más que esta gira tenga la particularidad de un mismo escenario para cada ciudad con una estructura monumental de más de 300 toneladas de acero que requiere tres días completos de armado, acompañada de cerca de 28 toneladas de sistemas de audio capaces de entregar aproximadamente 500 KW de potencia, lo suficiente para amplificar cada riff y cada golpe de batería a lo largo de todo el recinto, el grupo siempre ha mantenido la idea que lo importante es la música. El quid de la cuestión gira entorno al rock simple y sencillo, sin colgamentos o parafernalias inconducentes. Tablas, luces y pantallas son los únicos elementos externos al arte que sale de lo más profundo de la glotis de Brian y los dedos de los Young. Y esa es la esencia de AC/DC… mantenerse incólumes ante las fútiles y pasajeras modas.

Trajecito rojo con gorra blanca y roja de Angus para el debut en Chile del día 11 de marzo, y vestimenta azul con gorra azul y blanca para el día 15 (todos tonos de la Bandera Nacional), más vaquero negro y camisa “Harley” sin mangas y su clásica gorra para Brian en ambos días, fue lo característico de este dúo que no precisa nada más que esas históricas armas para dejar extasiado a un mundo de gente que superó los 150 mil espectadores en esas dos magníficas jornadas.
Estos son los motivos por los cuales da gusto estar vivo. Tanto es así, que a los ya clásicos deberes que el ser humano tiene con la vida, como son “tener un hijo, escribir un libro y plantar un árbol”, debería sumársele, ver un recital de AC/DC… Te cambia la vida.
Tomás Cámara
