El Asesino Que Pretendía Ser Nobel De La Paz

EL PESO DE LAS ESTRELLAS OBRA DE GUILLERMO BALTAR PRENDEZ. SERIE TODAS LAS HORAS SON DEL TIEMPO FOTOGRAMA 11 Cdf

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En menos de tres semanas, las fuerzas de ocupación del ICE (las siglas en inglés del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas) creada por la administración Trump, se ha cobrado en el Estado de Minnesota ya dos vidas. La primera llamada Renne Good, la más reciente este sábado 24 de enero, un enfermero de 37 años llamado Alex Jeffrey Pretti. Éste trabajaba en la Unidad de Cuidados Intensivos (UCI), del Hospital de Veteranos de Guerra de la ciudad de Minneapolis, siendo ultimado cuando intentaba proteger a una mujer de la violencia de algunos integrantes de la fuerza de ocupación trumpista. Llama la atención, el primero de ellos justificados por una vocera del gobierno como consecuencia de “actos de terrorismo doméstico”, fueran cometidos por ciudadanos estadounidenses contra también ciudadanos estadounidenses y además blancos. Así como también la poca capacidad de respuesta del Gobierno Federal de Minnesota para defender a sus ciudadanos, por más diatribas que exponga públicamente su alcalde, lo que hace finalmente suponer, que todos los Estados Unidos están realmente de cuclillas y sometidos a la tiranía impuesta por un presidente que domina la mayoría del Senado, y lo que es inaudito, es que ha sido juzgado y declarado culpable en el llamado caso “Hush Money”, por 34 delitos graves por falsificaciones de registros comerciales, ocultar los pagos realizados a la actriz de film para adultos Stormy Daniels en pos de silenciar su romance antes de las elecciones de 2016. Sentenciado en enero de 2025 a una Descarga Incondicional, que implica una libertad carente de condiciones y supervisión, tras apelar evitando la prisión efectiva, antes de su nueva toma de posesión como mandatario estadounidense. El juez Juan Merchant del Estado de Nueva York decretó esta medida, que habilita a finalizar un caso sin imponer castigo físico o financiero, aun estando el condenado sujeto a una sentencia firme, considerando que esta era la única manera de respetar el veredicto del jurado sin interferir con las responsabilidades del cargo de gobierno al que ya había sido electo Donald Trump, además de archivar o desestimar otras acusaciones en su contra. Recordemos, Minnesota, el estado del Premio Nobel Bob Dylan y Prince.

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Podríamos suponer que bajo el amparo de los nuevos capitales del mundo (Musk, Benzos, Ellis, etc.), este empresario, agente inmobiliario, desagradable showman televisivo, predicador de su omnipresente doctrina MAGA, funambulista patriarcal del nuevo estado americano, presunto pedófilo, quién bien podría haber encabezado los mandos principales del ku kux klan (ese supuesto “anillo familiar” de supremacistas blancos) y que aún mantiene su status de haber sido “condenado por delitos graves”, personaje siniestro y avaricioso, inflado de vanidad, se autoproclamase aspirante a un premio Nobel de la Paz. Y más aún, Trump está por encima del ridículo, complaciendo indulgentemente a la despechada María Corina Machado a quién esa grandiosa actriz noruega, musa de Bergam, llamada Liv Ullmman en una reciente premiación puso en su sitio. Resulta que estamos en medio de un mundo tan contradictorio y fragmentado, que todo nos puede parecer bien, mal o peor, según de qué lado de la escena nos encontremos al momento de suceder los hechos. La señora Machado, hasta entonces líder de la oposición al régimen post chavista de Nicolas Maduro, agradece a Trump su intervención en Venezuela y la captura del propio dictador, mientras ella es desplazada a un segundo plano y la administración Maduro, ahora encabezada por su ex vice presidenta (ya asumida en el cargo presidencial), mantiene bajo la tutela trumpista a su país y a los mismos mandatarios a los que el propio Trump denominaba “narcoterroristas”. Ahora que la propia CIA ha admitido que “El Cartel de los Soles” fue una invención, ¿quiénes estaban en las lanchas bombardeadas? ¿Verdaderos narcotraficantes, simples pescadores? No son sólo quiénes aprietan un botón o un gatillo los asesinos. Acaso le caben la tan nefasta y conocida por nosotros “obediencia debida”. Tan asesinos como sus generales han sido Hitler, Stalin, Pinochet, Fidel Castro, Mao Tse-tung, Himmler y sus SS, Jorge Rafael Videla y Eduardo Massera, José Nino Gavazzo, Franco, Mussolini, Putin, Netanyahu, ISIS, los terroristas de Hammas, los Jemeres Rojos, los propios Tupamaros, los etarras a partir de los ’70, Nerón, Tiberio, Calígula en el Alto Imperio Romano o el propio Papa Gregorio IX, quién a través de su Bula “Excommunicamus” de 1231 da comienzo a los exabruptos de la Inquisición religiosa detrás de los supuestos herejes, dando alas años después a los juicios indiscriminados del Tomás de Torquemada, bajo el reinado de los Reyes Católicos en España.

Sabemos que tras la risa tonta de Trump, no hay más que menosprecio y soberbia acumulada. La misma con las que trataba a los que en pos de conseguir avanzar en sus perspectivas económicas o ejecutivas, se postulaban para ocupar en su reality show televisivo “The Apprentice” (El Aprendiz), realizado entre los años 2004 y 2015 por la cadena NBC, un cargo dirigencial en algunas de sus empresas. Quién no cumplía sus requerimientos era expulsado del mismo con la célebre y autoritaria frase: “¡Estás despedido!”. Un indicativo de las prepotencias con las que hoy maneja sus discursos, ya sea desde el propio Air Force One, su nuevo y transformado despacho oval, o desde la demolida Ala Este de la Casa Blanca, donde a reminiscencias de la Galería de los Espejos de Versalles ha construido un gran salón de baile. Sus diferentes diatribas en la culminada reunión de Davos (Suiza), no nos sorprende. Continua con sus intentos de apoderarse de “ese pedazo de hielo” llamado Groenlandia, mofándose de los líderes europeos, cuando no amenazándolos a través de sus chantajes económicos, para los que les basta sugerir nuevos aumentos de aranceles. Quizás Trump busque en definitiva la desaparición de la OTAN y dejarle el campo libre al ímpetu expansionista del Zar Putin, y él quedarse con todo el patio Iberoamericano, tras resucitar la doctrina Monroe. Como manifesté en otra publicación, se me hace presente el film oscarizado en 2023 «Everything Everywhere All At Once» (Todo a la vez en todas partes), donde aparece un universo fragmentado, absurdo y sorprendente donde los protagonistas se ven enfrascados en distintas circunstancias que convergen en todo imbuido en unos multiuniversos de contradicciones. Así vemos ahora como el vilipendiado Volodímir Zelenski a quién el propio Trump zamarreara frente a los medios internacionales, va ahora tras los pasos de Trump en busca de no menguar su ayuda a la defensa de su país y continuar incentivando los diálogos de paz con el gobierno ruso. Mientras tanto Trump, además de Groenlandia, comienza a mover parte de sus efectivos armados a las proximidades de irán.

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Trump detesta la democracia tal como la entendíamos. Detesta las socialdemocracias europeas a quienes acusan de pusilánimes, detesta ese estado de bienestar y libre circulación de personas que supone la Unión Europea. Detesta la cultura europea, porque la desconoce, o envidia su rica y contradictoria evolución y riqueza. Trump quiere construir un continente que contrariamente a sus años fundacionales y colonizadores, sea una fortaleza encerrada en sí misma. Está (si ya no lo ha hecho) aniquilando aquel imaginario de tierra de promesas, oportunidades y libertades. ¿En qué situación están los derechos humanos actualmente en los Estados Unidos? Y dejo la pregunta flotando.

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No ha sido justamente la caridad por la que EEUU ha estado hasta hace poco apoyando la OTAN. Lo ha hecho porque le servía. En la guerra fría el primer frente de batalla de haber ésta prosperado, hubiese sido justamente Europa, y el enemigo ya no serían las fuerzas hitlerianas, sino las soviéticas. Aún mucho después de haber caído el muro, Estados Unidos siguió usufructuando su alianza con la Organización del Tratado del Atlántico Norte. Una alianza militar intergubernamental establecida pocos años después de concluida la 2° Guerra Mundial, en abril de 1949 bajo el Tratado de Washington. Su objetivo era (¿es?) garantizar la seguridad y la defensa colectiva de aquellos países que la integran, y que tanta controversia ha tenido en estos últimos años, tras la invasión rusa al territorio Ucraniano, o los drones invadiendo el espacio aéreo fronterizo con Polonia. Otro discurso que llama la atención, es la simplicidad y la efectividad de las narrativas trumpista y sus allegados. Las protestas y manifestaciones pacíficas en los EEUU aún están amparadas por la ley, pero según ellos, están alentadas por fuerzas “izquierdistas”. Trump llama “comunistas” a quién le plazca, pero no le importa reunirse con Putin cada vez que lo acuerdan, de hech,o un ex integrante de la KGB de la URSS y eficaz discípulo de Boris Yeltsin. O lo que es aún mucho más inverosímil -que demuestra en cierta forma la singularidad de sus votantes de clases menos instruidas-, las maneras en las que dictamina quiénes están de un lado y quiénes en la vereda de enfrente. Para Trump, ellos, los ideólogos y defensores de la MAGA: «Make America Great Again» (Hagamos a Estados Unidos grande de nuevo), su popular eslogan político “son los buenos”, y quienes se opongan son simplemente “los malos”. Parece un extracto de una viñeta infantil, tan fácil de digerir como aquellos comics o series televisivas de los ’50 y ’60, cuando los indios eran los asesinos, los degenerados, los salvajes, los negros esclavos y servidumbres, y ellos, los “cara pálidas”, simplemente “los chicos y chicas buenas”, por más que ya existieran cazadores de cabelleras, cuatreros, empresarios siniestros, filisteos, filibusteros, ladrones, asesinos, propietarios de prostíbulos, buscadores de oro, la tierra sin ley al Oeste de Pecos y todas esas historias, que hoy más que a fantasías y juegos de niños, nos suenan a atronadoras, desesperadas e inciertas realidades. Pero sin ningún Buffalo Bill Cody que nos enseñara un camino correcto, y menos aún un Daniel Boone explorando y abriendo nuevas fronteras para colonos (es decir, emigrantes) a fines del siglo XVIII. Y si con un demente que parece perdido tanto en sus paraísos mentales como fiscales, simplemente por no llamarlos, fecales.

Guillermo Baltar Prendez