
Cuenta Andrea Prodan que el 13 de diciembre de 1977, The Clash tocó en el mítico Rainbow Theatre de Londres, show para el cual Luca consiguió un par de entradas. Fue así como los dos hermanos, subte mediante, asistieron al teatro ubicado al norte de la capital inglesa.
Al llegar, Andrea se sintió incómodo ya que muchos en el hall de espera estaban re- producidos y él iba de remera gastada, jeans y unos zapatos viejos. Luca tenía ropa rota, pelo largo y anteojos. “No seas boludo”, le dijo Luca. “Vos y yo somos diez veces más punks que esta manga de nenes de papá que durante la semana trabajan de oficinistas y el sábado pasan todo el día produciéndose”, y puso dos anfetaminas en la mano de su hermano menor, quien tuvo la precaución de ingerir sólo una. Suficiente como para gritar y bailar con Richard Hell, Sham 69 y todo el show de los Clash. ¿Luca? Fue al baño para inyectarse heroína. Volvió, se tiró al piso y se durmió. Ni vio a The Clash. Andrea lo tuvo que despertar al final del recital. Estaba lleno de cortes y moretones ya que le habían pogueado encima durante tres horas.

El show de los Clash arrancó con “London’s burning”. La tensión aumentó cuando empezaron a volar asientos del añejo cine-teatro. Una de esas viejas butacas le pegó en la cabeza a Strummer. El tipo se levantó. Paró el tema y arrancó otra vez, cambiando la letra: “LONDON’S FREEZING!” gritó. Ahí mismo, conquistó el alma de Andrea Prodan.
En la banda de Richard Hell tocaba el futuro Marky Ramone. Justamente, dos semanas después, Ramones grababa, en el mismo teatro, su primer disco en vivo: “It’s alive”, con Tommy, en lo que a la postre sería uno de sus últimos shows tras los parches. Hoy en día el Rainbow es una sede de Pare de sufrir. Vaya paradoja…

Lic. Hugo Gutiérrez

