Clamando a Ginsberg
“he visto a las mejores / mentes de mi generación /
muriéndose de hambre / histéricas, desnudas…”
Howl. Allen Ginsberg
he visto a las peores mentes
de mi generación escarbar entre
sus ruinas
abrir la tierra una y otra vez
para ocultar los cuerpos
olientes y traicionarse a sí
misma
ladrar como un dóberman
inyectado de mezcal tras
alambradas ignotas de un
estado sometido a los
límites de su cuadrilátero
he visto a las peores mentes
de mi generación arrastrándose
como babosas
como reptiles primigenios
en busca de víctimas indefensas
de mentes enajenadas por la enfermedad
o la ignorancia
desprovistas de toda luz
de todo malabar enciclopédico
de toda valoración sobre las dudas
filosóficas, desperdigando
pesticidas y falsedades
he visto a las peores mentes
de mi generación cavando las
sombras de los pozos, recreando
mitos como vituallas ideológicas
hurgando en los escondites de
los débiles, alimentando mazmorras
y demonios, aprovechando la ignorancia
para bascular el termómetro sociológico
los he visto vendiendo y comprando
almas, asesinando, conjurando,
extirpando días de los anaqueles
vomitando su glorificación mística
entre borrascas autocomplacientes
y libros de auto ayuda
he visto a las peores mentes
de mi generación adosadas a las
rúbricas de sus contradicciones
y construcciones, a los lavados
del dinero blanco
justificando cada acción precedida
por el silencio o el cinismo del predio
acotado por el río de lloviznas tristes
entre sinfonías de huesos y cadáveres
bendecidos por los besos de las algas
por el cosquilleo de las arenas o el barro
ignominioso
he visto a las peores mentes
de mi generación adular a visionarios
rotativos, a emprendedores de la mentira
a edulcorados profesionales del periodismo
a mendicantes apócrifos, adictos al discurso
de los predicadores mediáticos
he visto a los peores de mi generación
lucrar con la ignorancia ajena, acentuar su
empobrecido mundo con vocabularios
embebidos por coloquialismos indigentes
y populistas
los he visto reverenciar cualquier
ausencia de pudor ante el aplauso fácil
o la entumecida vulgaridad del consenso
circense
los he visto prostituirse con fisonomías
de hienas
sobre mesas de póker o ruletas
desbalanceadas, tras las ruinas de
la ética o bajo cualquier falda que oliera
el escorbuto del sexo pródigo
he visto a las peores mentes
de mi generación, convertirse en testaferros
del odio, cómplices de los mercaderes del vicio
lameculos de banqueros y especuladores
esbirros de políticos corruptos
he visto a las peores mentes
de mi generación rogando en los altares de
los ministerios en mesadas bizarras de los
municipios
los he visto pasar de un imperio a otro
como quién intercambia cromos
de álbumes antiguos
he visto a las peores mentes
de mi generación nadar como iscariotes
hacia piletas de la codicia
los he visto vomitar en los nosocomios de
los astrólogos, arropar los gemidos de quienes
sedientos de barbitúricos, fueron provistos de
fiduciarios artificios químicos, para paliar su sed
devoradora
los he visto jadeando sin pudor en
casas inocentes
orinando llantos de gas lacrimógeno
inundando con detritus bacteriológicos las
habitaciones de las palabras
los he visto sin dharma arrastrando
karmas en una interminable sucesión de
mantras
he visto a los desheredados de amor
sucumbir bajo puentes de aguas rabiosas
como aquellos amantes de pont neuf disparando
destellos hacia una ciudad avispa donde leo carax
recogería casquillos una mañana blanquecida por el
deshielo del rocío temprano
he visto a pistoleros, a los narcos y victimarios
arrodillados tras pupitres de viejos colegios o tras
las mesas del edén tecnológico
comulgando sus nuevos credos como
hermafroditas autistas masturbándose
tras los teclados de reverberación
cinética
he visto a los fantasmas de Brecht y Fassbinder
sumidos en la penumbra y los deshechos
entre restos del amor encapsulado en la asepsia
del látex colorido y desde un culo apretado o una
vagina trajinada
he visto rostros anodinos y destemplados
de toda alegría de todo cargo desde los casinos
de vanidades y ferias invadidas de opulencia
los he visto manipulados tras una moneda robando y
matando sobre calles anegadas de mierda y ratas
en pozos y comederos de pasta base o dados vueltas
por el humo del basuco con ojos engangrenados
y el cerebro desquiciado
he visto a las peores mentes de mi generación,
adueñarse de los espacios públicos y pertrecharse
entre vicios privados y virtudes públicas en orfanatos
de solidaridad dudosa
he visto tanta mentira
tanta aguja despuntando entre venas
ardidas
aullidos de perros aguados y desleídos
entre cielos de bajos aciertos y nubes apisonadas
por las cuotas crediticias
masticando la ira de la carnestolendas, avizore sobre
el cetro crepuscular de la injuria, sobres de té henchidos
de petulancia
vi a las peores mentes de mi generación, vociferando
tras las alamedas de sus desvaríos, hincados tras
lo muros del sopor, salpicados por las blasfemias y las
ambiciones, por el rastro lenguado de la baba mendicante
entre los cielos de un país artrítico y sus lagunas
de ríos fecales, entre sus deshidratadas mentes
y pulpitos de esclerosis múltiples, donde sólo
el tronar del viento, remonta la complacencia del
cerebro conspicuo, del alma tendida tras el knockout
anguloso de la riada dialéctica
entre esos páramos de dudas y huesos raquíticos
adquiero el semblante oculto de la luna, maldiciendo
todas las mentiras de este diminuto territorio al que
llaman paisito
ahora, cuando encienden la flema del dios momo y
esparcen el humo de la fiesta hedionda, donde bailan
latas chamuscadas de una marca tildada de patria
entre bebedores de historias suburbanas y
defecadores de nitratos, he visto a las peores
mentes de mi generación trepar hacia los arándanos
del cielo, y boquear como peces asesinados bajo la
maraña de cadáveres sin rótulo
desdichas basculadas por la turba de la sudestada
maloliente, entre el cardumen de mosquitos que arañan
la piel del perro zen y del humano degustador de fracasos
los he visto enquistarse como lapas entre las estelas
entristecidas de un ejército derrotado, hacer leña del árbol
caído y astillas filamentosas de cada hoja y cada rama,
y reírse desde el parnaso televisivo, donde la inteligencia
abandonó sus asientos dando paso a la idiotez desbordada
he visto al doble de Rimbaud masturbarse contra
la sombra de Blake y remontar vuelo en busca
del horror y la selva, donde Quiroga endulzó su
copa de arsénico, vistiendo de santidad remotos
parajes, donde rumiantes y anacondas observan
el transcurso lunar bajo noches febriles y húmedas
y he visto a Lennon y a Brassens, y hasta el
urdido gesto de un Vallejo adusto, bajo luminarias
de viejas lámparas silvestres
entre el ritual céltico del elfo y el baile transilvano
del vampiro heredero de Stocker, he visto la maldad,
la infamia, el triunfo de los listos, el declive de los hombres
buenos, en su marcha luctuosa hacia embarcaderos de nadas,
o tumultuosos campos de hacinamiento
he visto todas esas mentes
esos momentos fugaces
buscando caminos hacia
autopistas visibles donde
devorar al prójimo
aún los veo bajo una estela
de conformidad consumada,
bajo el convencimiento de un
credo impostado por los libros
de cuentos y las falacias invocadas.
hurgando en todos esos lugares donde
sus diatribas suenan como discursos
inconfesables o vacíos réditos de cualquier
influencer
Guillermo Baltar Prendez / 2025


Obras de Guillermo Baltar Prendez, Serie «Jardín de Ausentes», Revista Materia Sensible N° 9, 2015. Pág. 46.
