Con la salida en marzo de este año del nuevo disco de Steven Wilson, The Overwiew, metiéndome en la temática que presenta la obra, me encuentro con un concepto que no conocía: El efecto perspectiva.
Esta noción fue acuñada por el escritor Frank White, en un libro que se llama: The Overview Effect—Space Exploration and Human Evolution, del año 1987, en donde desarrolla un análisis del tema.

Este efecto, que en español se conoce como: Efecto perspectiva, presenta un cambio cognitivo de la conciencia. Éste ocurre y es expresado por astronautas que, en sus vuelos espaciales, o estando en órbita, observan la Tierra de un modo diferente. Muchos de ellos afirman al ser entrevistados sobre este cambio, que sienten que las fronteras desaparecen, que el punto azul pálido que habitamos se vuelve un lugar único en sí mismo. No voy a entrar en profundidad en un análisis del álbum, más allá de que lo merece, pero sí dejo una pequeña reseña para que se pueda entender a dónde se dirige esta nota.
El disco de Wilson es un trabajo conceptual de 42 minutos en dos canciones, a su vez, cada una de ellas están presentadas en secciones musicales diferentes, como una suite. Este trabajo ecléctico y experimental, acerca a Wilson al espíritu del rock espacial que puede apreciarse en algún trabajo de su banda Porcupine Tree, algún toque a Pink Floyd y David Bowie (cita en uno de las letras Life on Mars?) y otras referencias que llegan incluso al Vangelis de Albedo 0.39. Wilson nos presenta una meditación sobre la insignificancia de las preocupaciones humanas frente a la inmensidad del universo, contrastando escenas de la vida diaria con eventos cósmicos: Y mientras tanto las estrellas se alinean en orden /Mientras seguimos discutiendo sobre nuestras vallas y fronteras / Pero mejor no pensar en eso /Es mejor vivir sin hechos.
Con un enfoque introspectivo y melancólico, a través de metáforas astronómicas que ilustran la desconexión del universo con la vida humana, invita a la reflexión sobre la fugacidad de la existencia y a mirarnos desde otro lugar, como especie.

Hace muy poco, recibí como regalo el libro Orbital de Samantha Harvey, novelista inglesa que ganó el premio Booker 2024 con esta obra. En esta novela, ambientada en una estación espacial a 400 kilómetros sobre la Tierra que da vueltas al planeta a 28.000 kilómetros por hora, dos cosmonautas (rusos) y cuatro astronautas de distintas nacionalidades, dos mujeres y dos hombres (una japonesa y una británica; un americano y un italiano), orbitan alrededor de la Tierra durante nueve meses, dejando sus vidas terrenales muy lejos. Esto los enfrenta a detalles que les permiten apreciar con miradas de extrañeza lo que percibimos como normal o cotidiano.
Vale aclarar, que más allá de que la historia transcurre en el espacio no es una novela de ciencia ficción, ya que en la corta historia de los viajes espaciales se llevan realizados 398 lanzamientos de vuelos tripulados en un lapso aproximado de 64 años. (El 12 de abril de 1961 Yuri Gagarin fue el primer cosmonauta, iniciando la era de los vuelos espaciales tripulados).
Volviendo a la novela, la historia transcurre durante 24 horas; pero no exactamente un día, o al menos los seis astronautas no tienen claro que lo sean. “En esas 24 horas ellos verán 16 anocheceres con sus 16 amaneceres”. Samantha Harvey, utilizando un lenguaje poético y un ritmo que no decae en ningún momento, presenta una narración pletórica de ciencia, filosofía y humanidad. Nos sumerge en un territorio flotante, donde cambia nuestra percepción del tiempo. Con párrafos de gran sutileza: “Cuando el planeta galopa a través del espacio y tú galopas detrás de él, a través de la luz y de la oscuridad, con tu cerebro ebrio de tiempo, nada tiene fin. No puede haber un final. Sólo hay círculos”.

Aun así, los astronautas no dejan de estar conectados, vinculados, con lo que han dejado atrás: sus familias, sus casas, sus ciudades. La calidez de los afectos, y también los conflictos no resueltos, siguen esperando y se suman a las apreciaciones sobre el espacio profundo, el tiempo cósmico, el cambio climático, el sentido de la vida, la naturaleza del progreso.
“…sin esa Tierra estamos todos acabados. No podríamos sobrevivir ni un segundo sin su generosidad, somos marineros en una nave que surca un mar profundo y oscuro en el que no se puede nadar”.

Ambas obras, libro y álbum (Orbital y The Overview), ambos creadores (Harvey y Wilson) nos convocan a pensar y dimensionar de otro modo nuestro lugar. Elevar la mirada para ver el mundo con otros ojos, otro enfoque. Generan una distancia y la aprovechan, para reflexionar sobre lo que nos perdemos cuando observamos con demasiada atención, con amargura, nuestro transitar. Tanto Orbital, como The Overview, presentan un momento de lucidez, una pausa en la vorágine en la que nos vemos inmersos a diario. Escuchar este disco, leer este libro nos ofrece la posibilidad de pensarnos y repensar nuestro entorno, de valorar el mundo que nos rodea con otra escala. Ambos proyectan una agridulce visión, que fomenta y equilibra el amor por nuestro planeta, con la pena por las heridas que recibe a diario.

Gustavo Aguilera

