
Keep your mouth shut
You’re squawking like a pink monkey bird
And I’m bustin’ up my brains for the words
Keep your ‘lectric eye on me, babe
Put your ray gun to my head
Press your space face close to mine, love
Freak out in a moonage daydream…
Pisando el asfalto, partido, gris, tenido con la tenue luz amarilla de las farolas que se cuela entre las tupidas copas verdes de los fresnos callejeros. Como siempre, me colgué en esos detalles y al intentar beber de la botella, me manché con tinto la camiseta de David Bowie.
Primavera negra, que se respira en el aire nocturno. Primavera negra, tal el nombre de la novela de Henry Miller, que me partió la cabeza a los veinte años.
Nubes gordas, blanquecinas, recorren el cielo azul, intentando tapar la luna llena, pálida como la ceniza de mi cigarrillo. Su bucólico brillo baña el pasto recién cortado de una vereda, veo entre los jazmines de un jardín a un perro solitario, me devuelve la mirada, sus ojos son hermosos.
La Fiesta del perro y la luna.
¿De qué está hecha una vida?
No lo sé.
La mía es una colcha de retazos, heridas, whisky, discos, humo, libros, oscuridad, sol, risas, besos, lágrimas, pieles que se fueron para siempre, ojos que guardo muy dentro, soledad, desamor y a veces alegría, minifaldas con medias de red acostumbradas al viento frío del arrabal…
Tiro el cigarrillo y me subo al ómnibus, mientras la noche sigue su curso quién sabe hacia donde…
Make me baby
Make me know you really care
Make me jump into the air…
Niko Pérez

