AC/DC – The Razors Edge (1990)

Henos aquí por estas latitudes para comentar en esta oportunidad un disco histórico, mojón en la línea de tiempo del rock sin el cual el devenir del estilo no hubiese sido el mismo. Por estos días, y más precisamente el 21 de setiembre, se cumplió un nuevo aniversario de la publicación del disco denominado The Razors Edge, en aquel lejano 1990.

Por tal motivo y para continuar con nuestra ya clásica sección “Ayyyy viejo… pasan los años y seguís con eso duro (el rock)”, no se permitan ser infelices y continúen leyendo, porque lo que están a punto de descubrir será sinónimo de jolgorio, locura, desenfreno y ebullición de locas pasiones y deseos perversos, o sea, de todo aquello de lo que puedo escribir acá pero ni cerca de plantearle a mi señora bajo serio riesgo de que reaccione como la “novia de Chuky” ¡¡con gastritis y digna de una sesión completa de exorcismo!!

En fin, volvamos al rock. La placa de esta ocasión es el duodécimo álbum de estudio de la banda australiana AC/DC y el undécimo álbum lanzado a nivel internacional. Es el primer (y único) álbum de estudio de AC/DC en el que aparece Chris Slade en la batería, dado que en el otro que aparece es en el Live Donnington que recopila el concierto dado por la banda en el Monsters Of Rock de 1991.

El disco es lanzado diez años después de la presentación de Brian Johnson como el reemplazo de Bon Scott, habiendo tenido una década muy ecléctica. Recordemos que en estos primeros diez años de Brian, la banda editó 7 discos de estudio muy dispares en composición, sonido, contenido y resultado para cada uno de ellos. Empezando por su debut, con nada más ni nada menos que Back In Black, el disco más vendido en la historia del rock y segundo en la historia de toda la música por detrás únicamente del Thriller, del animador de fiestas infantiles Michael Jackson. Luego pasamos por discos como For Those About… o Flick Of The Switch; tocamos fondo con un tal Fly On The Wall y hasta tuvimos un recopilatorio con tres temas nuevos, siendo dos de ellos instrumentales, para la banda de sonido de un película de terror. Esa década de los ochenta fue variada para los AC/DC, por lo que, para el cierre de la misma, debía ser un trabajo bastante arduo el que la banda volviese a ofrecernos para resurgir a la palestra mundial.

Hay discusión entre los expertos y opinólogos si este disco significó una vuelta o no de AC/DC a la escena del primer nivel. Como dijimos, su década no resulta muy prolífera en éxitos, acaudaladas regalías y giras multitudinarias. Recordemos que venimos del álbum Blow Up Your Video de 1988, el cual tuvo una gira de 10 meses de duración entre febrero y noviembre de ese mismo año, arrancando en Australia y finalizando en EEUU luego de pasar por Europa. Gira que tendría una serie de particularidades ya que sería la última en la que participa el baterista Simon Wright, antes de ser reemplazado por Chris Slade en 1989, y la que también vio a Malcolm Young abandonar las fechas de Norteamérica debido a problemas con el alcohol, siendo reemplazado en ese período por su sobrino (y posterior reemplazo permanente en 2014), Stevie Young. Entonces, hete aquí el momento de jugársela y dar una opinión (total, es gratis, porque si tuviese que pagar impuesto por opinar, sería el primero en cerrar la boca).

Pues sí, este disco, The Razors Edge, es la vuelta de AC/DC a las canchas de la premier. No por nada el disco se llama el corte de navaja; es un abrupto y profundo corte con lo anterior, un necesario remiendo y una pronta actitud de resurgimiento. Y esto es para mí este disco, viéndolo hoy en perspectiva. Tal vez influya algo que sea el disco por el cual conocí a la banda y posteriormente quedé enamorado de ellos en aquellos pocos y primeros 12 años de mi vida. Pero el tiempo me dio la razón. La gira duró unos meses más y el disco fue uno de los más vendidos y número uno en listas de rock de varios países.

Producido por Bruce Fairbairn, el mega productor de bandas como Aerosmith o Bon Jovi, cada canción de The Razors Edge fue escrita, como en todas las ocasiones anteriores, por ese par único de hermanos de las guitarras, Angus y Malcolm Young. A diferencia de otros discos, Brian no aportó ni a la música ni a la lírica, aunque la temática sigue marcada por los temas de siempre, como ser el sexo caliente, alocadas partuzas repletas de biruzas y queruza la merluza.

No vamos a agobiar demasiado con el detalle de cada una de las canciones porque. en primer lugar, si estás dentro de esta revista y buceando por estas líneas, de seguro alguna que otra vez escuchaste el disco. Si no es así, pasate urgente varios cotonetes para limpiarte a los Daddy, Wisin, Machito Ponce, Las Ketchup y Atahualpa Yupanqui, y corré urgido a enchufarte este disco, y así descubrir de una buena vez en la vida, lo que es bueno.

Podría resumir el álbum en dos grandes grupos de canciones. El primero, de éxitos y bombas mega atómicas, y el resto, las canciones necesarias para completar un álbum. Dicho esto, no es que por las segundonas no debemos apostar un penique. No, para nada, pero sí es cierto que existen notorias e insalvables asimetrías entre las de un grupo y las del otro, por lo cual la distinción no permite de por sí menospreciar alguna.

Desde la apertura y conformando un trilogía fascinante, al igual que es el asado, el flan con dulce y Jessica Cirio en trikini, los temas “Thunderstruck”, “Fire your guns” y “Moneytalks” son la primera serie de bofetadas para que reacciones ante la estupidez de estar vagando en un sillón cambiando entre “Me acogoto por un sueño” y “Reenviado”.

¡¡Qué decir de cada una de ellas!! “Thunderstruck” tiene una de las mejores introducciones para un tema de rock y se convierte, con el redoblar de las campanas de “Hells bells”, en uno de los mejores comienzos de todo los discos de la banda, devenido en un hiper mega clásico infaltable en cualquier set list del grupo. Tal vez sea “Fire your guns” la más flojita de estas tres, dado que es un tema de tiempo rápido, de un frenesí particular que no descansa en ningún momento de la canción. Por su parte, “Moneytalks” es un tema bellísimo, con un riff muy pegadizo conjuntamente con el estribillo de la canción que dice: “Love me for the money, listen to the moneytalks”. Y para completar este primer grupo de canciones magnánimas, podría sumarse la que da nombre al disco, “The razors Edge”, que está bien pero no es el mejor tema del álbum. Tiene una ambientación de drama con un riff original y muy bueno, y a su vez, Angus hace un punteo único. Y “Are you ready” es una canción que presenta contrastes bien marcados; tiene una introducción muy sugestiva hasta que de improviso arremete Brian con el título de la canción y la misma se arma por completo de una potencia inhumana, lo que anima mucho a corearla.

Luego tenemos el segundo grupo de canciones, que en general están bien, pero no han generado un éxito de taquilla. No fueron tocadas en vivo y por lo tanto no marcan un recuerdo imborrable en el escucha. Aquí tenemos a temas como “Mistress for Christmas”, la cual suena muy alegre, muy de esa época del año, pero sin el toque estúpido de ser un villancico, ya que la banda le pone su sello en la lírica con frases como: “Consigue una cita con la mujer de rojo, quieres estar en el cielo con tres en una cama”, Y bueno, así es la Navidad con AC/DC. “Rock your little heart out” es un tema muy marcado por la base rítmica donde resalta el bajo de Cliff. “Got you by the balls” es un tema lento bien clásico del hard rock que propone la banda, y a mí me parece el riff antecesor y la introducción de un próximo gran tema, que será “Rock n roll train”.

“Shot of love”, “Let’s make it” y el cierre con “If you dare” tienen un buen ritmo, pero no son temas que resaltaran. De todas formas, rescato a “Goodbye and good riddance to bad luck”, un tema que resume la vida pusilánime de muchos: “No tengo nada que perder, quedarse sin dinero, hoteles de mala calidad, como vivir en el infierno”… pero como también a varios les sucede, un golpe de suerte cambió a la vida y entonces: “Adiós, adiós, adiós y buen viaje a la mala suerte”.

En resumen, es un gran álbum; no excelente, pero es muy bueno. Es un mojón en la carretera del rock y de la banda. Y al igual como Back In Black irrumpió en los ochenta, The Razors Edge es la piedra fundamental para los noventa. The Razors Edge es el porqué del resurgir de la banda, con lo cual pudo, como una bocanada de aire, retomar fuerzas para encarar un fin de siglo que para el hard rock venía difícil. Más, a su vez, el comienzo del nuevo milenio, repleto de plagas causantes de los peores sufrimientos para el ser humano, como el reggaeton, trap, carnaval y la cumbia villera. Por suerte, el rock no sucumbió, luchó, resurgió y sabe mantenerse más vivo que nunca.

Tomás Cámara