
“…Cuéntame del llover
De los días de mierda y cuchara
De la rara podredumbre del querer
Cuando no falta de nada
Porque sé
Que el saber
No sirvió para dañar tus labios
Y que te sobra todo lo que va después
De “yo te quiero” y “yo, también”
Y mi costilla arrancada es nada
Y cada trino quebrado es nada
Que fuimos, somos y seremos nada…”
La espuma de nuestros días se derrama sobre los recuerdos, empapa la percepción que creíamos tener sobre acontecimientos y personas que ya no están con nosotros.
Se derrama sobre la tinta cuando escribo, cuando dibujo, cuando se abre el micrófono y suelto palabras al eter, cuando tomo una copa recordando lugares.
También cuando caminando una calle cualquiera y una hermosa desconocida me devuelve la mirada y me sonríe.
Eso es engañar a la muerte, en esos instantes, somos inmortales.
Como cuando un porfiado rayo de sol se cuela entre las nubes de un cielo plomizo y amenazante.
Dicen que la existencia carece de sentido, que debemos encontrarlo. Sentencia filosófica y trágica.
Puede derrumbarte si no estás atento al latir de las calles.
En mi caso, fui salvado por los discos, los libros, las noches de luna y risas en cualquier parte del mundo.
Las centelleantes estocadas de los ojos de algún amor, pupilas, besos y eternidad.
Escribo esto sentado en un bar de Ciudad Vieja, tomando un café una tarde de invierno.
El atrevido rayo de sol fue vencido por esa cortina gris que es el cielo Montevideano, pero por alguna razón siento que está será una buena noche….
“Aguacero de soles caerá en nuestra cama
Que sólo quiere amores de piernas mojadas
Y dejarnos prender, que no es menester
Ponernos en pie, tú como luna en celo y yo como una cabra
Regaré
Sin querer
Con silencio, de estrellas, tu cuarto
Que no anhela más que el grito del papel
En el que he escrito mi quehacer
Que nunca más servirá de nada
Si su tronido se queda en nada
Cuando su savia ya no riega nada
Un reguero de luna será nuestra casa
De esta luna tan puta de pechos de plata…”
Niko Pérez

