Ojos Bien Cerrados

Nunca me gustaron las versiones. Una vez Robert Smith fue consultado al respecto y afirmó que prefería modificar la canción y firmarla como propia. Kubrick pensaba lo mismo. Su producción cinematográfica está construida sobre la literatura. Once de sus trece películas, salvo las dos primeras, están basadas en libros. A diferencia de otros directores de cine, Kubrick se apropia realmente de esas obras, las hace suyas y crea un universo nuevo que se adapta a su concepción del mundo, reflejando su visión pesimista y desencantada de la condición humana, siempre dejando en claro lo poco que separa la alegría del llanto y el brocado de la mortaja.

“Su” póstuma y magistral «Eyes Wide Shut» no es la excepción. Rodada, en gran parte, en el inframundo sexual londinense (sí, está filmada en Londres, no en New York), la película es un fascinante sueño erótico con estructura de thriller. Una serie de personajes extraños entran y salen de foco, desconcertando al protagonista con detalles inexplicables de sus vidas. Tom Cruise y Nicole Kidman interpretan al Dr. Bill y Alice Harford, un matrimonio que se mueve en la rica sociedad de Manhattan.

El punto de inflexión de la película se da cuando una Alice borracha, le describe a su esposo una fantasía que tuvo sobre un joven oficial naval que vio el verano pasado mientras ella y Bill estaban de vacaciones en Cape Cod: «Nunca lo pude sacar de mi cabeza. Pensé que si él me quería, sólo por una noche, estaba dispuesta a renunciar a todo…». Discusión mediante, Bill sale de la casa y deambula por las calles, con la mente infiltrada por imágenes de Alice haciendo el amor con el oficial, comenzando su larga aventura, que tiene paralelos con «After Hours» (1985) de Scorsese.

El filme tiene dos constantes: 1) Todos los que ven a Bill, tanto hombres como mujeres, reaccionan sexualmente ante él. 2) Siempre se identifica como médico, como para asegurarse de que existe. El gran logro de Kubrick es encontrar y mantener un tono extraño, inquietante y a veces erótico para los raros encuentros del médico. Filmando en un estilo granulado de alto contraste, usando mucha luz de fondo, iluminación baja y colores primarios fuertes, ambientando la película en Navidad para aprovechar las luces navideñas, hace que todo sea un poco estridente, como un espectáculo urbano. El Dr. Bill no es realmente el protagonista, sino el afectado, que pasa de una situación a otra, fuera de su alcance.

Kubrick presta especial atención a cada escena individual. Toma una decisión deliberada, no juntar a la pareja en una historia continua, sino hacer de cada uno un destino, darle a cada encuentro la intensidad de un sueño en donde los momentos son claros pero difíciles de recordar.

En la película se resaltan a los actores secundarios, incluso modificando los ángulos de cámara para darles énfasis en dos planos.Todas sus escenas tienen su enfoque e intensidad; cada secuencia tiene su propio arco dramático. Todos conducen hacia y desde la extraordinaria toma de la orgía en una finca rural (propiedad de los Rothschild), donde el Dr. Bill deambula entre escenas de rituales sexuales sadeianos y contorsiones dignas de Bosch. La figura enmascarada que gobierna el proceso tiene una presencia siniestra, al igual que la mujer enmascarada que advierte al Dr. Bill que está en peligro. Esta secuencia tiene una intensidad hipnótica.

La orgía, por desgracia, ha sufrido alteraciones digitales para cubrir algunos de los momentos más enérgicos. Es una pena. Los hechos en cuestión se ven a cierta distancia, sin genitales visibles, y son más atmósfera que acción, pero para conseguir la calificación R, el estudio ha tenido que bloquearlos con figuras generadas digitalmente.

El mal chiste es que «Eyes Wide Shut» es una típica película para adultos. Con o sin esos efectos digitales, es inapropiada para los espectadores más jóvenes. Es un símbolo de la hipocresía moral del sistema de clasificación que obliga a un gran director a comprometer su visión, haciendo su película para adultos más accesible a los espectadores jóvenes.

Existen suficientes pruebas como para asegurar que a Kubrick lo mataron el 7 de marzo de 1999, días después de haber exhibido la película terminada a los directivos de Warner Bros, junto a la pareja protagónica. Los altos ejecutivos de la empresa nunca imaginaron ver una película de denuncia. Por primera vez, la élite globalista y pedófila quedaba expuesta. Fue la gota que rebasó el vaso, le habían soportado, en sus películas anteriores, decenas de alusiones sobre el falso alunizaje (siempre se arrepintió de haber engañado a millones de personas) o sus duras críticas sobre el excesivo control social y la manipulación de la desigualdad. Pero su nuevo film, atentaba contra gente muy poderosa, 20 años antes del Caso Epstein.

Cuenta Kidman (quien, durante el largo rodaje, se había hecho gran amiga del cineasta) que 24 horas después de la muerte de Kubrick encontró en la contestadora un mensaje del director: “Cuidado, esta vez me pasé de la raya, nos van a matar a todos”. Cuando la película se estrenó en los cines norteamericanos, el 16 de julio de 1999, Kidman declaró: “Esa no es la película que Kubrick filmó”. Meses después, Cruise y Kidman se divorciaron. Resulta irritable ver las antagónicas carreras cinematográficas de la ex- pareja desde ese entonces. Kubrick nunca hubiera aceptado el engaño digital, mucho menos el recorte de las escenas más comprometedoras. «Eyes Wide Shut» debería haberse publicado tal como él lo hizo, o sea, sin censura y «sin clasificar”.

La escena final en la juguetería, es una moralización convencional (una resolución feliz y obligatoria de todos los problemas), pero el profundo misterio de la película permanece. Es la única escena que no funciona; ese no era el final de Kubrick, una película que nos intriga por sus cabos sueltos no debería intentar ordenarse. Por ejemplo, ¿puede el Dr. Bill creer la versión de Víctor sobre los acontecimientos de los últimos días? Hubiera disfrutado de una toma final en el pasillo de un hospital, con el Dr. Bill mirando dos veces mientras una camilla pasa con el cadáver del pianista.

Lic. Hugo Gutiérrez

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