
En la mitología romana Jano era el Dios de las dos caras, evidenciando en él, la naturaleza de cada uno de nosotros. Una cara hacia dentro/fuera y otra cara abierta/cerrada. Esto viene a cuento de la historia que aquí se cuenta, que no trata sobre dioses ni mitologías, sino de algo más terrenal y humano. Sobre nosotros y las tantas máscaras dentro de las cuales podemos quizás escondernos.
Es 1981, la irrupción de una segunda oleada de bandas punk parece desatar el caos en una Inglaterra tocada por el paro y la desregularización. Es la consolidación de un nueva escena, más violenta, más ruda. El Oi!, también conocido como streetpunk, comienza a ganarle terreno a un punk huérfano de sus primeros referentes.
Garry Bushell aprovecha su labor de periodista para erigirse como propagador del Oi! Ha defendido y promocionado desde sus artículos el movimiento. Su implicación es máxima, vocalista de los Gonads, manager de los Cockney Rejects y The Blood, y por si fuera poco, se encarga de realizar un recopilatorio que pretende reunir a las bandas más emblemáticas de esta nueva escena. Su labor de difusión es complicada; de manera cada vez más frecuente el streetpunk está en el centro de la polémica por la violencia de sus conciertos y la vinculación con elementos ultraderechistas. Bushell, socialista y miembro del Socialist Workers Party, no siente ninguna simpatía por éstos y trata de desvincularlos de la escena.

Sin embargo un cúmulo de decisiones poco acertadas provocarán que su trabajo acabe dando alas y forjando un icono para los cada vez más numerosos skinheads neonazis. Tras fallar la sesión fotográfica para la portada de la segunda entrega del recopilatorio, decide usar una imagen que tenía por su casa, pensando que se trata de una fotografía perteneciente a la película The Wanderers: usa un retrato en el que aparece un skinhead con el torso desnudo en posición irreverente, dando una patada. Cuando le llegan los bocetos a tamaño grande se da cuenta que el individuo está plagado con tatuajes de simbología nazi, pero en vez de retirarla, decide editar la imagen para taparlos. Para el título se basa en el álbum Strength Thru Joy de los escoceses Skids, que en realidad se trataba de un eslogan propagandístico de la Alemania nazi. El resultado es que por estupidez o inconsciencia había configurado la portada de uno de los recopilatorios más influyentes en la escena skinhead con la imagen del neonazi Nicky Crane y un eslogan fascista.
Nicky Crane no era precisamente un desconocido en las calles de Londres. Era miembro de la organización de extrema derecha British Movement. En el momento de la publicación del álbum se encuentra en la cárcel cumpliendo condena por organizar y perpetrar agresiones racistas contra la comunidad negra. Cuando la prensa descubre esto y consigue relacionar la portada del recopilatorio con el neonazi, la tormenta estalla. El sello tiene que retirar el álbum del mercado pero ya es demasiado tarde, la poderosa imagen junto al lema Strength Thru Oi! se ha convertido en un objeto de culto entre los skinheads. Los partidos de ultraderecha se topan con un filón, una publicidad excelente con la que reclutar jóvenes entre las crecientes filas de skinheads.

Los fracasos electorales habían llevado a las organizaciones fascistas de Gran Bretaña a replantearse su estrategia. A semejanza de los movimientos de extrema derecha de los años treinta, buscaron consolidarse a través de una fuerza paramilitar que sembrara el desconcierto y afianzase su presencia en las calles. Pusieron sus miras en la nueva escena punk; no es de extrañar, ésta se había vuelto más agresiva, había pasado de ser un movimiento vanguardista, formado en parte por estudiantes y artistas, a tener un fuerte componente popular. Las nuevas bandas hablaban de las calles, de fútbol, de peleas de bar. Además, como tribu urbana, los skinheads presentaban una consonancia estética, que permitía sortear la ley británica que prohíbe llevar uniforme de un partido -precisamente para evitar la aparición grupúsculos paramilitares- y así presentar esa efigie de ejército urbano, rígido e implacable que toma las calles en base al temor y la violencia. Sus acciones ya se habían presentado a finales de los setenta. Bandas como Sham 69 o Angelic Upstarts sufrieron de primera mano como los ultraderechistas tomaban la escena y reventaban sus conciertos.

Nicky Crane se ganó su reputación en esos primeros años. A pesar de su ascendente italiano, no tardó en ascender en el escalafón del British Movement y no precisamente por sus dotes de oratoria o capacidad para hacer análisis sociopolíticos. Lideraba un grupúsculo en el sur de Londres y se encargaba de la captación de jóvenes entre los punks, los skinheads y los hooligans. Organizaba ataques que él mismo encabezaba contra los inmigrantes o activistas de izquierda. La fuerte desafección entre la clase obrera, la rabia y las duras condiciones sociales, permitieron que muchos jóvenes de los barrios populares se viesen impresionados por la violencia, el poder y el sentimiento grupal que transmitían individuos como Crane.



Su paso por la cárcel y la difusión de su imagen en el recopilatorio de Oi! no hicieron más que apuntalar el mito. Su popularidad creció exponencialmente. Cientos de skinheads le seguían como si fuese un general romano. Incluso el mismo Ian Stuart, líder de Skrewdriver -cuya militancia en el National Front le había llevado a transformar su banda en uno de los referentes musicales de la ultraderecha británica- usó a Crane como jefe de seguridad en sus conciertos. Un elemento más de una puesta en escena basada en la testosterona: El célebre skinhead de brazos cruzados, frente al escenario, de espaldas a la banda, controlaba a un público febril formado por jóvenes que lo admiraban y querían ser como él.
Pero en el interior de Nicky Crane residía una asombrosa contradicción. Era homosexual. Consciente de su condición desde los primeros días en el British Movement, comenzó a dejar de reprimirse tras su salida de la cárcel. Tenía una doble vida. Por las noches frecuentaba locales de ambiente -llegando incluso a trabajar como miembro de seguridad de una famosa discoteca gay- mientras que durante el día organizaba razzias contra inmigrantes o izquierdistas. Los rumores corrían pero el mito era más fuerte que la realidad. Sus camaradas poco podían echarle en cara, era miembro de seguridad de los actos de Blood & Honour, llegó a escribir letras para Skrewdriver y su nombre era bien conocido en las calles. Estaba a tal nivel que nadie de los suyos iba a jugarse los dientes por desenmascararle.

En los clubes gay su atuendo pasó desapercibido, por entonces había un emergente movimiento de gayskins. Muchos homosexuales adoptaban la estética skin en parte por fetichismo y en parte atraídos por el elemento de masculinidad que representaba. Nadie hacía preguntas y Nicky Crane pasó inadvertido hasta que formó parte del cordón de seguridad del desfile del Orgullo Gay en 1986, cuando antifascistas lo reconocieron y pusieron al tanto a los organizadores de su curriculum.
Su vida, erigida sobre un cúmulo de mentiras y contradicciones, comenzaba a derrumbarse. Conocida su afiliación fue rápidamente rechazado por la comunidad gay. Expulsado del ambiente donde podía quitarse la máscara y ser él mismo, comenzó su declive. Empezó a actuar de forma errática, llegando a protagonizar videos de porno gay amateur. Pasaba cada vez más tiempo en Tailandia, su refugio para desconectar de su intensa vida en Londres. Además acabaría contrayendo el SIDA.



El punto de ruptura coincidió con una época donde las acciones del AFA (Anti-Fascist Action) hacían que la presencia de los nazis en la calles fuese cada vez más complicada. Los antifascistas llegaron a darle caza en 1990, donde lo golpearon hasta dejarlo inconsciente. A partir de este momento corta de raíz con el movimiento nazi. Rompe el código de la calle y coopera con la policía para encausar a los autores de la paliza. Algo que sorprendió a propios y extraños, pues un tipo como Crane no era dado a resolver sus asuntos en un juicio.
Unos años después, un canal público británico emite una serie de reportajes sobre cómo es la vida de los gays y las lesbianas en Londres. Uno de los capítulos está dedicado a la subcultura gayskin. De forma bastante hábil entrevistan sobre el tema a Ian Stuart de Skrewdriver y al líder del National Front, quienes dicen desconocer la existencia de tal movimiento. A continuación irrumpe en la pantalla Nicky Crane sentado en su cama hablando de su pasado en la ultraderecha y reconociendo que es homosexual. También reniega de sus ideas y suelta un discurso del arrepentimiento, declarando que no se puede juzgar a nadie por el color de su piel.


Por si alguien no había visto el programa, The Sun, el famoso tabloide sensacionalista, pública al día siguiente la historia con la foto de Crane y el título Nazy Nick is a Panzy, un juego de palabras entre nazi y gay. Sus antiguos camaradas explotan de rabia y vergüenza, sobretodo Ian Stuart, quien suma a su oligofrenia, una especie de obsesión que le lleva a hacer declaraciones constantes contra su antiguo amigo y a amenazarlo de muerte durante los conciertos. Todos querían entrevistarlo o acabar con su vida. Su leyenda se venía abajo, lo mismo que lo imponente de su físico.
El tiempo pasaba para todo el mundo, incluso para el fornido Nicky. Abandonado, condenado a muerte por los nazis y calificado de traidor por sus antiguos colegas, Nicky murió de SIDA en 1993. Nadie lloró en su tumba.
Leo Peirano

