Historias, anécdotas y entrevistas de Hugo Gutiérrez

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Hoy en día, a nadie sorprende que en un festejo de carácter político u oficial se contrate a una banda de rock, considerando ese género musical como parte sustancial de la cultura. Tampoco llamaría la atención que el Estado, desde su Ministerio de Educación y Cultura, organizara o difundiera festivales con grupos de rock en sus grillas, auspiciados por empresas multinacionales con sus respectivos logos tras un escenario montado en un espacio público.

En 2016 una revista japonesa me seleccionó, junto a otros coleccionistas de distintas partes del mundo, para escribir un artículo sobre los 40 años del punk, para lo cual me brindó la oportunidad, vía mail, de entrevistar a John Lydon. El sueño del pibe, más allá de que ya había tenido la oportunidad de charlar personalmente con él en su paso por Montevideo con PIL, el “anonimato electrónico” me dio la posibilidad de elaborar varias preguntas sin temor a sus, siempre, inteligentes respuestas.

El domingo 15 de diciembre de 1985 (10 días antes de la presentación del compilado Graffiti en el Teatro de Verano) el Departamento de Cultura de la Intendencia Municipal de Montevideo organizó un festival gratuito en el Parque de Villa Biarritz, llamado Comunafiesta, al que concurrieron más de 10.000 personas para ver a El Cuarteto de Nos (que el año anterior había sacado su disco debut a medias con Mandrake Wolf), Zero, Flavia Ripa, Los Estómagos (quienes tenían editado su magistral Tango Que Me Hiciste Mal…) y Fernando Cabrera quien presentó su álbum Autoblues.

“El tiempo es una construcción burguesa, convertir una hora en cincuenta minutos es ser Dadaísta”, decía Jean Arp en el Cabaret Voltaire de Zurich en San 1916, mientras el resto de Europa enterraba los cadáveres de la primera guerra mundial.

En la gélida noche de ese 25 de agosto, Los Estómagos se despedían de su público en un Cine Cordón repleto. Por la tarde, en el ensayo de Libertad Condicional, recibimos la visita de uno de los plomos de Los Estómagos, quien era compañero de Pablo Rodríguez (nuestro bajista) en el equipo de fútbol de salón del Platense. “En media hora hacen la prueba de sonido, vamos” nos dijo.

Cuando la realidad supera ampliamente a la ficción. El acontecimiento épico que se describe a continuación ocurrió en Villa Dolores. Alfredo Gómez, desde USA (vía mail), me pidió detalles de lo sucedido y lo llevó al papel con el enorme poder narrativo que lo caracteriza. Me tomé el atrevimiento, con su consentimiento, de ajustar algunos detalles, cambiar el título y acotar la historia.

Manipulador y manipulado, ambos personajes son execrables. El primero es un estratega maquiavélico y el segundo, un imbécil de considerables proporciones. Un error muy común consiste en pensar que los separa una distancia oceánica. Todo lo contrario, conforman una hermosa relación simbiótica, sin uno no existe el otro, la retroalimentación positiva en su máxima expresión.

El último fin de semana de noviembre de 1986 me encontró en la parada de Luis A. de Herrera y Av. Rivera, esperando el 183, con parte de la pesada del BBC LAYVA: “El Flaco” Ángel, “El Indio”, “El Sapo”, “El Cucho” y ” El Maqui”, en la puerta de la Rural del Prado me esperaba Pablo “El New Wave”.