Historias, anécdotas y entrevistas de Hugo Gutiérrez

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40 años después, la ciudad de Londres rinde pleitesía a un disco doble, que marcó el comienzo de los ’80, con una exposición gratuita en el museo de la ciudad, que exhibe en sus vitrinas migajas de un banquete punk. Entre la nostalgia y el justo tributo, el punk vuelve a entrar por la puerta de atrás de un museo.

En Uruguay las barras de esquina son un signo característico. Sin embargo existió una barra atípica en la Ciudad Vieja que se convirtió en punto de referencia y columna vertebral de la Coordinadora Anti Razzias y de otros movimientos juveniles. Se trata de un caso singular en Uruguay y quizás en América Latina, puesto que logró trascender, sin proponérselo, su carácter local.

Organizado por la Unidad Asesora de Proyectos Especiales (UAPE) perteneciente a la Comisión Honoraria de Asuntos Juveniles de la Intendencia Municipal de Montevideo, con el auspicio del Departamento de Cultura de la IMM, El Dorado FM, Día Pop y Pinturas Inca, se realizó el viernes 16 de diciembre de 1988, en el Parque Villa Biarritz, el primer concurso de Graffitis, coronado con un concierto de rock en donde actuaron Zero (estrenando cantante) y Níquel. El evento se tituló Graffirock y tuvo como objetivo fundamental promover y difundir el pensamiento y la creatividad artística, “no profesional”, de los jóvenes a través de un medio de expresión espontánea e informal.

Hoy en día, a nadie sorprende que en un festejo de carácter político u oficial se contrate a una banda de rock, considerando ese género musical como parte sustancial de la cultura. Tampoco llamaría la atención que el Estado, desde su Ministerio de Educación y Cultura, organizara o difundiera festivales con grupos de rock en sus grillas, auspiciados por empresas multinacionales con sus respectivos logos tras un escenario montado en un espacio público.

En 2016 una revista japonesa me seleccionó, junto a otros coleccionistas de distintas partes del mundo, para escribir un artículo sobre los 40 años del punk, para lo cual me brindó la oportunidad, vía mail, de entrevistar a John Lydon. El sueño del pibe, más allá de que ya había tenido la oportunidad de charlar personalmente con él en su paso por Montevideo con PIL, el “anonimato electrónico” me dio la posibilidad de elaborar varias preguntas sin temor a sus, siempre, inteligentes respuestas.

El domingo 15 de diciembre de 1985 (10 días antes de la presentación del compilado Graffiti en el Teatro de Verano) el Departamento de Cultura de la Intendencia Municipal de Montevideo organizó un festival gratuito en el Parque de Villa Biarritz, llamado Comunafiesta, al que concurrieron más de 10.000 personas para ver a El Cuarteto de Nos (que el año anterior había sacado su disco debut a medias con Mandrake Wolf), Zero, Flavia Ripa, Los Estómagos (quienes tenían editado su magistral Tango Que Me Hiciste Mal…) y Fernando Cabrera quien presentó su álbum Autoblues.

“El tiempo es una construcción burguesa, convertir una hora en cincuenta minutos es ser Dadaísta”, decía Jean Arp en el Cabaret Voltaire de Zurich en San 1916, mientras el resto de Europa enterraba los cadáveres de la primera guerra mundial.

En la gélida noche de ese 25 de agosto, Los Estómagos se despedían de su público en un Cine Cordón repleto. Por la tarde, en el ensayo de Libertad Condicional, recibimos la visita de uno de los plomos de Los Estómagos, quien era compañero de Pablo Rodríguez (nuestro bajista) en el equipo de fútbol de salón del Platense. “En media hora hacen la prueba de sonido, vamos” nos dijo.