Historias, anécdotas y entrevistas de Hugo Gutiérrez

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En la gélida noche de ese 25 de agosto, Los Estómagos se despedían de su público en un Cine Cordón repleto. Por la tarde, en el ensayo de Libertad Condicional, recibimos la visita de uno de los plomos de Los Estómagos, quien era compañero de Pablo Rodríguez (nuestro bajista) en el equipo de fútbol de salón del Platense. “En media hora hacen la prueba de sonido, vamos” nos dijo.

Cuando la realidad supera ampliamente a la ficción. El acontecimiento épico que se describe a continuación ocurrió en Villa Dolores. Alfredo Gómez, desde USA (vía mail), me pidió detalles de lo sucedido y lo llevó al papel con el enorme poder narrativo que lo caracteriza. Me tomé el atrevimiento, con su consentimiento, de ajustar algunos detalles, cambiar el título y acotar la historia.

Manipulador y manipulado, ambos personajes son execrables. El primero es un estratega maquiavélico y el segundo, un imbécil de considerables proporciones. Un error muy común consiste en pensar que los separa una distancia oceánica. Todo lo contrario, conforman una hermosa relación simbiótica, sin uno no existe el otro, la retroalimentación positiva en su máxima expresión.

El último fin de semana de noviembre de 1986 me encontró en la parada de Luis A. de Herrera y Av. Rivera, esperando el 183, con parte de la pesada del BBC LAYVA: “El Flaco” Ángel, “El Indio”, “El Sapo”, “El Cucho” y ” El Maqui”, en la puerta de la Rural del Prado me esperaba Pablo “El New Wave”.

El día en que se presentaron los Rolling Stones en el Estadio Centenario, una conductora de Canal 10 entrevistó al compositor de NTVG. En una de sus preguntas, la periodista se congratulaba por la existencia de “vasos comunicantes entre el rock y los eventos deportivos que se llevan a cabo en grandes escenarios… “.

Existe algo peor que tener una historia de mierda atravesada en la garganta, y es no tener a quién contársela (debería ser considerada como la afasia más cruel). En los últimos meses, varios hechos se transformaron en señales que, burlándose de mi escepticismo, me hicieron descubrir dos escenarios todavía más dolorosos: que la única persona en el mundo a la cual necesitas contar tu historia A) no le interese escucharla o B) un linfoma se haya encargado de distanciarla aún más.